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Cine y Series

Mi villana favorita

Aunque en la última versión de La Cenicienta tiene el papel de la celosa madrastra, Blanchett es mucho más que una villana de celuloide.

Diego Lerer (Desde Berlín. Especial para Bacanal)

Cate Blanchett luce como si recién se hubiera bajado de la enorme pantalla de cine del Berlinale Palast. La proyección de La Cenicienta en el Festival de Berlín, en febrero, acaba de concluir y, como se hace habitualmente, las entrevistas con la prensa tienen lugar inmediatamente después.

Es cierto que entre la Lady Tremaine malévola, magnética y pelirroja que hace sufrir a la heroína del clásico cuento de hadas y la Blanchett rubia, risueña y amable que aparece ante los periodistas hay muchas, muchísimas diferencias. Pero Blanchett se conduce con la elegancia de esas personas que parecen existir solo en las pantallas de cine, como si flotara sobre el ambiente o un velo transparente y casi invisible la separase del resto de los mortales. Entre bella y fantasmagórica, por momentos da la impresión que puede desvanecerse delante de nuestros ojos. O, convertirse en otra persona y atacarnos, casi como su personaje en el filme de Disney dirigido por Kenneth Branagh.

Blanchett tiene 46 años y casi no necesita presentación, habiendo ganado ya dos premios Oscar (el primero, como actriz de reparto por El aviador, de Martin Scorsese; y el segundo, el año pasado, por su rol en Blue Jasmine, de Woody Allen) sobre cinco nominaciones, y con una carrera en cine que incluye trabajos en filmes como Elizabeth (y su secuela), El talentoso Sr. Ripley, Babel, I’m Not There (en la que encarnó a… Bob Dylan), la última parte de Indiana Jones, El curioso caso de Benjamin Button, el Robin Hood de Ridley Scott y, por supuesto, su inolvidable Galadriel en las sagas de El Señor de los Anillos y El Hobbit. Queda sin mencionar en esta lista sus muchas actuaciones en teatro, que ocupa un lugar importante –y familiar– en su vida.

El mal y sus arrabales
La actriz nacida en las afueras de Melbourne, hija de madre australiana y padre estadounidense –que murió cuando Cate apenas tenía diez años– coquetea siempre entre películas de autor y títulos de características más comerciales. No hubo muestra más evidente de esa dualidad en la reciente Berlinale. Por un lado se presentaba como la malvada Madrastra en La Cenicienta, la ambiciosa película de Disney que intenta volver a contar la clásica historia pero esta vez con actores, mientras que por otro se la veía en Knight Of Cups, la poética y personal película del célebre Terrence Malick en la que encarna a una de las mujeres importantes en la vida del protagonista, interpretado por Christian Bale.

La Cenicienta llegó a las pantallas argentinas el 19 de marzo y, a diferencia de la versión cinematográfica de Disney conocida, intenta poner un acento algo más feminista y de incluir motivaciones e historias previas no tan conocidas de los personajes, en un elenco que incluye a figuras como Stellan Skarsgard, Helena Bonham-Carter, Derek Jacobi y los protagonistas, Lily James (de la serie Downton Abbey) y Richard Madden (conocido como Robb Stark por los fans de Game of Thrones, aunque casi irreconocible aquí).

La malvada Madrastra que interpreta Blanchett es vista como una mujer que ha atravesado serios inconvenientes personales (enviudó dos veces y se quedó sin dinero) y que, si bien nunca establece una relación afectiva con la protagonista, al menos trata de entenderse en un principio con ella y recién sobre la última parte del filme toma las características más típicas de una villana hecha y derecha: celos salvajes, zapatillas de cristal y príncipe azul mediante.

Nos preguntábamos con Ken (por Branagh) cómo íbamos a trabajar un personaje tan icónico como este –dice la actriz–. Y lo que él hizo no fue drástico, solo que abrió las puertas a las cualidades tridimensionales del cuento y del personaje. Últimamente se han hecho muchas nuevas versiones de clásicos cuentos de hadas muy modificados. Este no es el caso. Es la historia que los fans aman y conocen contada de manera clásica, solo que con personajes más complejos”, dice la actriz.

-¿Cuál era la idea a la hora de construir tu personaje?
-Primero, tener en claro que no es La Madrastra: The Movie (risas). Estoy en varias escenas, sí, pero la película es sobre Cenicienta. Me interesaba que a mi personaje no se la viera como mala al principio e ir mostrando de a poco como los celos van apareciendo entre las mujeres. Eso está también en los colores de su vestuario –el verde simboliza los celos, por ejemplo– y poder contar con esos elementos ayuda a la hora de construir tu personaje. ¡Acá había que estar a la altura del vestuario!

 -Muchos actores dicen que interpretar villanos es lo más divertido. ¿Coincidís?
-Es divertido, pero no me quedaba otra. Soy muy vieja para hacer de Cenicienta –salvo en shows de drag queens– y no soy lo suficientemente divertida para ser la Hada Madrina (que encarna Bonham-Carter). Hablando en serio, sí, es divertido porque te invita a jugar a ver cuán lejos podés llegar, hasta dónde te podés estirar como actriz. Además, no te preocupa caerle bien al espectador y eso es genial porque muchas veces eso es algo que te limita como actor.

-A diferencia de la mayoría de los directores con los que trabajaste, Branagh es también actor. ¿Cómo altera eso la forma de trabajo?
-No hace falta ser actor para saber trabajar con nosotros (risas), trabajé con muchos que nunca lo hicieron. Tal vez lo particular de Branagh, al ser ambas cosas, es que es muy bueno a la hora de hablar individualmente con cada uno de los actores. No tiene un proceso que aplica a todos sin diferencias, sino que trata de entender lo que necesita cada uno, cuando hace falta repetir o no una toma por cuestiones de actuación.

-¿Como directora serías como Kenneth o muy diferente?
-El es muy amable y considerado. Un poco como se dice en la película, “valiente y amable”. Yo creo que estaría más encima de cada cosa. Ken te hace creer que sus ideas son ideas tuyas y eso es brillante…

-¿Como actriz es necesario para vos entender de donde vienen los personajes, aún uno tan icónico como la madrastra de la Cenicienta?
-Sí, me interesa entender qué es lo que hizo que una mujer se vuelva tan mala. ¿Qué la hace cruel? La película, obviamente, no cuenta la historia de la madrastra, pero se muestran los traumas y complicaciones en su vida, te permite entender qué la convirtió en la mujer que es ahora y por qué trata a Cenicienta de la manera en que lo hace.

-¿Para interpretar a una villana tan cruel pensás que tenés que encontrar esa crueldad dentro tuyo o, como dicen, es simplemente “actuar”?
-Viene del texto, del guión. No soy de las personas que eligen películas por el rol sino por la compañía con la que vas a trabajar, el director, los actores, el equipo. Y aquí había un grupo hermoso de gente, desde Ken (por Branagh) hasta Dante (Ferretti, el diseñador de producción) a Sandy (Powell, la vestuarista) pasando por los otros actores. La inspiración viene del trabajo con los otros. En este caso mucho vino mientras me probaba el vestuario, que es hermoso pero toma mucho tiempo ponérselo. Muchas veces el vestuario actúa por vos y vos tenés que actuar en contra de él o lidiar con eso. La actuación es un proceso orgánico que sucede con otras personas… o al menos eso me digo a mí misma (risas).

Agenda completa
Casi como una curiosidad (o una calculada aunque extraña movida publicitaria), al mismo tiempo que La Cenicienta es lanzada al mundo mostrando lo horrible que Blanchett puede ser como madre, la actriz y su marido anunciaron la adopción de una niña, que se suma a los tres hijos que ya tienen: todos varones, de 13, 10 y 6 años. Su marido es el autor y dramaturgo Andrew Upton y la familia –que vivía en Inglaterra– está radicada desde 2006 en Australia, ya que él allí es el director artístico de la Sydney Theatre Company. A fin de año se termina su contrato con la compañía y ya han anunciado que se mudarán a los Estados Unidos por primera vez en sus vidas.

Además de La Cenicienta, en Berlín estás con otra película, Knight of Cups, de Terrence Malick. ¿Podrías comparar las experiencias y cómo son ambos como directores?
-¿Estoy en esa película? No recuerdo, ¡no estoy segura! (NOTA: Malick tiende a tomarse años en hacer y terminar sus películas y ni los actores saben si quedaron o no en el corte final). Terry es un filósofo y un poeta. No es que Kenneth no lo sea, pero La Cenicienta es una película narrativa, un cuento de hadas, mientras que Malick describiría su proceso de filmar como el de ir a pescar. El sabe, internamente, qué es lo que está buscando, es una inspiración poética en la que las cuestiones narrativas no son tan importantes. Ken podría hacerlo también si quisiera, pero no es el caso de esta película, que es totalmente diferente. No vi aún la película de Malick, pero me imagino que no se parece en nada a ésta…

-Pasó solo un año desde que ganaste el Oscar. ¿Cómo recordás ahora ese momento?
-Es una de las cosas más grandes que te pueden suceder en esta profesión. Fue un momento maravilloso, glorioso, que nunca olvidaré. Pero, curiosamente, también uno debe olvidarse para poder seguir adelante buscando nuevos desafíos. Por eso fue muy bueno poder festejar y luego ir al set a filmar Carol inmediatamente.

Carol -que se estrenará probablemente en el Festival de Cannes, en mayo- se basa en una novela en su momento explosiva que Patricia Highsmith escribió, con el seudónimo de Claire Morgan, en 1952. La novela, titulada originalmente The Price of Salt (en castellano se llamó Carol, como la película), se centra en una relación lésbica y fue sacada de circulación durante mucho tiempo para reeditarse recién en 1989 ya bajo el nombre real de la autora. Es, además, la nueva película de Todd Haynes, con quien Cate ya trabajó haciendo uno de los tantos “Bob Dylans” de la falsa biografía I’m Not There.

-¿Qué podés adelantar de la película y de tu trabajo con él?
-Fue una gran experiencia volver a trabajar con él y, por primera vez, con Rooney Mara, la otra protagonista del filme (interpreta a su amante). Es una historia que transcurre en los años ‘50 acerca de una mujer joven que se enamora de otra mujer mayor que ella y casada. Fue fantástico y muy distinto a lo que habíamos hecho en la película sobre Bob Dylan. Estoy muy ansiosa por verla terminada.

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