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Mendoza: El Cañón del Atuel propone variados climas, suelos y paisajes

Ubicado en el sur de Mendoza, el Cañón del Atuel ofrece en sus más de 50 kilómetros la posibilidad de recorrerlo desde cualquiera de sus extremos, en un circuito cerrado que se puede concretar en el día.

El recorrido se extiende sobre el curso del río Atuel, con un desnivel de 500 metros desde la Villa El Nihuil hasta Valle Grande, cerca de la ciudad de San Rafael, base ideal para iniciar las salidas desde cualquiera de esos puntos.

La zona alta del Cañón es yerma y desértica, el río es sólo un hilo de agua o está ausente entre paredones de cientos de metros y tiene numerosas geoformas; en la zona baja, el torrente celeste y espumoso, bordeado de verde, corre con fuerza y hay mucha presencia humana.

El trayecto desde El Nihuil, se realiza por suaves pendientes de las rutas nacional 144 y provincial 180, a diferencia de las abruptas subidas de la otra opción. Este camino pasa por una verde zona de chacras y a unos 50 kilómetros de San Rafael sube la sinuosa, rocosa y pintoresca Cuesta de los Terneros, que tiene un mirador a 1.000 metros de altitud que deja ver, casi en el horizonte sur de la extensa planicie ocre de pastos secos, una gran rajadura oscura en la tierra, que es el extremo más alto del cañón.

Luego la ruta baja en una rápida recta hasta la llanura y pronto se llega a Villa El Nihuil, con el lago del mismo nombre y el Parque Volcánico La Payunia como telón de fondo, tras la otra costa.

canon del atuel 2

En un puente sobre el río está el Kilómetro 0 del Cañón del Atuel y allí comienza un descenso por un camino de ripio, polvoriento, cruzado por cortaderas y salpicado de piedras sueltas, que es la ruta provincial 173. A poco de salir, la Garganta del Diablo, al borde de una explanada natural llamada el Mirador de la Virgen, deja ver la inmensidad y profundidad del cañón, con un fino curso de agua y pequeñas piletas donde abrevan aves zancudas y rapaces.

Muy cerca, sobre un despeñadero de bordes filosos y tonos rojizos cortado a pico, está el mirador Paso de las Cabras, al que se llega por un estrecho y escarpado sendero imposible para vehículos, salvo cuatriciclos o motos.

El cañón es producto de la erosión del río sobre una formación precámbrica de 250 y 400 millones de años de antigüedad, que junto a la actividad volcánica, vientos y lluvias generó ese corredor con precipicios y rocas gigantescas de variados colores y curiosas formas.

Pero la diversidad del paisaje actual no es obra de la naturaleza sino del hombre, que tomó el agua del río en la zona alta para generar electricidad y regar viñedos, olivares y otros cultivos, y el Atuel corre entubado desde El Nihuil hasta la represa de Valle Grande.

El primer gran descenso es por unos caracoles, con profundos barrancos donde se ven restos de una camioneta accidentada, por lo que Royón destaca la importancia de ir con guía y mejor aún con chofer del lugar, ya que es una zona difícil para la conducción, donde no hay señal de celulares. En el camino se pasa por tres usinas con sendos lagos artificiales que concentran vegetación de verde fresco, que se destaca sobre el paisaje rocoso de tonos rojizos y ocres.

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