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Música

Melingo entre dos mundos

El primer rocker que abrió la cancha del tango se remonta a su genealogía familiar en su séptimo disco solista, Linyera.

Compartiendo la mesa, asoma desde el asiento una galera muy Tim Burton enterrada hasta unas cejas que, algo más arriba, le meten espesor a esa misma mirada… filosa. Con Linyera -la edición francesa de vinilo, que ahora brilla a su lado-, Daniel Melingo no sólo abre las puertas a su década ganada en tango, también cierra el prontuario para una merecida (y quizá postergada) representatividad: sí, es hora de reconocerlo como uno de los embajadores más importantes que hoy tiene la música nacional contemporánea, un catalizador de sonidos y espíritus de época, un gran compositor.

En la conversación, que no pasará revista a Tom Waits ni a Leonard Cohen, tanto que se los relacionan últimamente, desfilarán Grecia, la rebétika, el cultivo de la paciencia a través de la pesca, el pequeño soldado Darín, la pedagogía del arte en los niños, las sesiones de medida con el sastre del Once, la tipología indumentaria gabán, DJ Torre, el nombre original de la lavandina, cosas así. Y … Daniela Melingo

– ¿Perdón?
– Sí, como escuchás: Danielaaa Melingo, vive en Austria, es mi prima… ¿no es increíble? (se ríe), tiene mi edad y un hermano que se llama Cristo que es igual a mí… ah, es fabuloso, ahora te voy a contar bien.

El cuartel general
Cómo desentrañar la bola-fusión que es el ADN musical de Melingo, cuando en los últimos diez años se la analizó hasta la tensión bajo la falsa dicotomía rock/tango como devenir de una pasada de edad y de noche. Como debe ser, el bosque no tapó al árbol y en ese relato del suyo genealógico se entusiasmará este corazón y hueso de la clase 57: “Un día de boludeo en Facebook dije, a ver danieles melingos… y ¡apareció, familia directa! nos empezamos a hacer amigos y terminamos todos abrazados llorando en Viena, el año pasado. Yo no tenía primos Melingo porque mi viejo era hijo único. Y como el linyera, que anda y busca … vengo a descubrir esta cantera, tremendo”.

Quienes no llegaron al impecable show con que arrancó agosto, pudieron verlo en el Festival Internacional de Tango, en La Usina de la música a mediados del mes pasado. La fuerza de intérprete, tan potente como la composición musical y el guión de este número en el que Melingo canta, toca, actúa y dirige a una orquesta fabulosa y al público, pide una deconstrucción:

“Es toda la vida de trabajo… Charly dice que los que escriben música, componen todo de los 15 a los 18 y después recordás. Hay algo de eso. La libreta de apuntes siempre es consultada… (risas)

– Libretista
– Seeee… tengo libretas y cuadernos desde los años 70, soy muy cuadernista, me encanta el Rivadavia tapa dura y liso porque me gusta dibujar… Usar cuadernos es ir haciendo la impronta diaria, los viajes, dibujos, ideas, el cuaderno de apuntes. El otro día encontré libretas con cosas del Ring Club, de Los Twist, infinidad de cosas… vivo en la misma casa de siempre y las he dejado ahí. A pesar de mis viajes tuve el cuartel central: archivo de dibujos, pinturas, grabaciones, cintas, vinilos.

Aparecen entonces, las otras pertenencias, aquello que lleva puesto, lo plasmando en obra: “El primer Melingo, tiene que ver mucho con mi abuelo Piero… poco después de su muerte, en 1971, fui compilando su historia hasta el año pasado. Llegó a Buenos Aires de luna de miel y nunca más volvió, de Trieste, vino con su hermana Novela, y me hablaba de otro hermano que era Paolo, que había quedado. Bueno, el año pasado me encontré con su descendencia, lo que te contaba. Es que el hermano de mi abuelo se fue a Viena y tuvo descendencia rubia, todos doiche.

Factor sangíneo
Contento con el relato de su árbol genealógico, donde la rama argentina tenía un signo de interrogación, en Austria Daniel se reencontró con rumores que le llegaban de la infancia: “Fue muy rico, las sorpresas me fueron confirmando cosas, tengo la idea de escuchar a mi abuelo hablar de Grecia… él no era muy contador de historias, me hablaba de un hermano que se dedicaba a la música, él mismo era un amante de la música, y antes del conservatorio yo aprendí escuchando Radio Nacional con él, con la Radio Catedral, los fines de semana estaba con ellos: porque yo vivía en el barrio del Hospital de Clínicas y mis abuelos paternos en el Once, en Hipólito Irigoyen y Rioja. Ahí pasé muchos años de mi vida, tenía la barra de amigos… Ricardito Darín vivía al lado, jugábamos a los soldaditos juntos, yo era el sargento Sanders y Ricardito el Teniente Rick Jason … Re gracioso, es el día de hoy que cada vez que nos vemos se pone la mano en la boca y lo imita a mi abuelo llamándome para cambiar para salir “Dá-ni, ponéte lo bluchine”…”

Continua Melingo con su factor sanguíneo: “Aprendí a amar la música con él y la abuela, Marcela Forza, también de Trieste, era cantante lírica, laburó en la Scala de Milán y es mi único antecedente profesional, a pesar de que son todos artistas en mi familia, porque por el lado de mi madre, mis tíos Silva eran gente de tango de Parque de los Patricios, mi otra sede. Mi tío Orlando era vocal de la Academia de Lunfardo, fue letrista de Esta es mi presentación, el primer tango que grabé en 1985 en La máquina del tiempo, de Los Twist. Televidente de la vida, uno de los doce temas de Linyera, alimenta esa vertiente. Es un tango que les había escrito a los hermanos Clavel, los autores de la Flores del Paraguay, Daniel Riga y Rubén Vázquez, con Miguel Abuelo y Horacio Fontova les hacíamos canciones porque ellos tenían sólo una canción (risas) y me la acordé”.

“Volviendo a mi abuelo –dice–, cuando me encontré con Daniela Melingo en Viena, me llamó la atención que todos tuviesen nombres latinos. Pero no hablan nada de español… En el árbol genealógico, al que le faltaba la parte de América, empecé a ver Leónidas por acá y por allá, como se llamaba mi padre. Las emociones empezaban a pintar, ¡fue divino! Entonces ellos nos descubrieron y yo descubrí que todo viene de un Cristo Melingo de Zakynthos, del año 1723. Les digo: Yo estuve en esa isla, ahora es parte de Grecia. Estuve de gira por allí y recordé que cuando estábamos por llegar nos dijeron que todo era de mujeres, un matriarcado”.

Música del mundo
El vínculo siguió y los Melingo rubios, que mantienen el modo matriarcal, lo fueron a ver en Lisboa hace unos meses, con un símbolo familiar, le aclararon: No tenemos un mango, ni una propiedad ni nada, sólo nos queda el escudo (risas) … “Increíble porque además de mi familia, descubrí de dónde a mí me atraía tanto la música griega … Es que mi bisabuelo Leónidas, fue el que primero vino de Zakynthos al continente, por un tema político; por una revolución otomana, esta isla pasa de manos de Turquía a Grecia y se crea el movimiento rebétiko, que llega a Salónica, un movimiento tirabombas, anarco analfabeto, las letras crean un slang y una música que es perseguida, son como unos parias”. De allí a la pista del baglamá, instrumento de aire del que su abuelo le hablaba y luego él consiguió (se escondían bajo el gabán porque la policía griega se los quebraba), Daniel explicará que “es una música de clima oriental, pero dividida en doce semitonos, es decir que tiene una codificación occidental, como el clave bien temperado de Bach, es justo el límite de nuestra música y de nuestro pensamiento occidental… por la entrada de Grecia al Asia menor. Y ahí es que se me genera esta historia tan fuerte a partir de mi disco anterior, en que empiezo a trabajar con estos instrumentos y esta música. Lo que se me revela en los viajes, lo tenía… en sangre”.

– Siempre fuiste un núcleo de fusión. En este disco se …
– Va más al carajo (risas). Es que explota. Empecé a conectar muchas cosas, por eso también digo que es como un círculo que se me cierra, sigo teniendo muchas preguntas, pero también encuentro muchas respuestas… Entonces las pongo en la práctica musical, en los colores, las orquestaciones… en todos los disparadores que tiene que traer la música ¿no? Para que la termine el oyente. Y hago todo el link con la rebétika y con el tango porque son músicas que comenzaron de una manera marginal. El tango después tomó un carácter más internacional, se vistió de gala, de alguna manera, para internacionalizarse. El mismo Gardel se encargó de darle esa prestancia… Carlitos vio tan bien cómo se tenía que marcar el corte de lo que más tarde se conoció como argentino. Un extranjero es el que agarró la tijera y recortó, el troquelado es de Gardel.

De tango y de rock
Para Melingo tanguero, la exportación del género no ha tenido que ver con variantes de moda, sino con la integración de elementos interculturales de su cosecha nómade, con volver a sacarle la gala y ponerlo a bordo de un trota mundos, un linyera “que no es el ícono del homeless –aclara–, sería como la corona sobre la basura, el que camina”, y con la creación de un lenguaje propio en el que ha puesto el cuerpo, un compromiso integral compositivo. Por eso suena, además de clásico y moderno, maduro.

“Bueno, eso debo agradecerlo a mi puestista de luces, al señor Jorge Pastorino: él hace parecer que sea una opera, le da la potencia dramática que yo no tengo”, dice descaradamente, en el mismo año en que filmó tres largometrajes con protagónicos o co-protagónicos hechos a medida (el chofer del camión cebero en Lulú, de Luis Ortega; un músico preso en el primer filme del uruguayo Germán Tejeira que lleva por título el de una canción suya: Una noche sin luna. También actúa en Campaña antiargentina, de Alejandro Parysow y pronto se viene Cada ver es distinto, un documental de Mariano Galperín sobre las giras europeas del Linyera recargado y su fabulosa orquesta.

Volviendo al linyera integral, dice que fue saliendo en la última década, por la necesidad de estar trabajando en un lugar donde no entienden lo que dice: “En los lugares a los que voy en Europa no hablan español, menos lunfardo. Tal vez la necesidad de hacerme entender, me llevó a una mímica especial, digamos que redondeé en los últimos 10 años a este personaje algo chaplinesco. Encontré un lenguaje y lo estoy desarrollando…”

En el disco se encadenan con un guión sutil el Linyera de Ivo Pelay que abre, Después de Pasar, de García Lorca, Aguita de Javel -compuesta por su compañera Celeste Torre, mamá de Félix, mini maestro de flauta que ya participó en tres de los discos del papá y reclama su inscripción en CAPIF-, un cover increíble y algo reggeado con el dubb en la voz, de Volver a los 17, de Violeta Parra; La Maceta, de Luis Alposta … y el Soneto para Daniel Reguera, de Atahualpa.

“Las mismas canciones se van atrayendo; tengo un principio que lo aprendí de Los Beatles: cuando termina una canción puede empezar una canción y no otra, nos acostumbramos así. El final de una canción tiene que llamar a la otra, tienen que quedar bien el final de una con el comienzo de la que sigue. Y eso arma la secuencia atmosférica, orquestal, esos climas espectrales. Este disco tuve la suerte de hacerlo todo acá; lo maquetamos con Julio Sleiman, Muhammad Habbibi, Pato Cotella, el marqués Paglia, en El Globito, todos los grandes músicos de la orquesta… son Los Ramones del tango más otros más, es la Armada Brancaleone, divina… Empezamos a maquetar a comienzo del año pasado, como 40 canciones, y en mayo entramos en ION, a grabar unas 24, 25, quedaron 12…”, dice.

La orquesta a pleno, se prepara para la gran gira del verano europeo, que tendrá en París una cumbre con Calamaro, Stephanie Ringes y la francesa Juliette. Al mismo tiempo, también produce otros dos discos. “Es que busco las excusas para estar en la cocina –dice–, me gusta el olor a comida. Es parte de los placeres. Yo alterno mi vida familiar porteña con dos grandes partes del laburo de músico, que van siendo el yin y el yang de mi vida y la de tantos músicos: el estudio para después salir de gira. Cuando falta una o la otra da abstinencia o de carretera o de laboratorio”. Finalmente reconoce que le tira el rock y por eso le gusta haberse pasado a un sello del gremio: PopArt. Pero para cerrar tanguero, dice: “Y así se fue puliendo el diamante, con saliva…”

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