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Cine y Series

Melancolía de hotel

Wes Anderson vuelve a reunir un elenco de estrellas en su nueva película, El gran Hotel Budapest, donde apuesta más que nunca al humor.

 

Por Sandra Martínez

En el arte japonés, los Ukiyo-e son los preciosos grabados producidos entre los siglos XVII y XX, y su nombre significa “imágenes del mundo flotante”. Esa definición tan evocativa se aplica sin duda al cine de Wes Anderson, del que ya hablamos extensamente en esta nota. Con El gran Hotel Budapest volvemos a sumergirnos en uno de sus mundos de belleza etérea.

Comenzamos en un gran hotel cuyo innegable esplendor ha conocido mejores días. Uno de sus pocos húespedes descubre que el dueño del lugar también está alojado y luego de un breve encuentro en el derruído spa, se reúne con él para una cena durante la cual descubrirá -y con él, los espectadores- cómo el mágnifico Grand Hotel Budapest llegó a sus manos. Una historia en la que, en realidad, él no es el protagonista sino el fiel sidekick del legendario conserje Gustave H., Zero.

Están presentes, sin duda, todas las marcas personales del director: el amor juvenil, los personajes ultraglamorosos y llenos de misterio, la nostalgia, un elenco repleto de estrellas que tanto pueden estar en un papel protagónico como en un bolo de una línea, los escenarios tan perfectos como casas de muñecas, colores, texturas y canciones inolvidables. Pero esta vez se nota un paso adelante en dirección al humor, con situaciones de comedia de enredos que remite a los hermanos Marx. Y Ralph Finnes, en la piel de Gustave, está a la altura con timming inmejorable. También hay un anclaje más fuerte con el mundo real que en sus películas anteriores. Aunque los hechos ocurren en la ficticia República de Zubrowka -cuya historia se puede conocer en la web creada para la campaña de marketing de la película-, hay un anclaje en, para decirlo de algún modo, una realidad. Es que, a diferencia de la isla de Moonrise Kingdom o la campiña de Fantastic Mr Fox, aquí vemos los años 30 de una Europa ligeramente diferente, con su elegancia bajo la sombra del peligro en ciernes: la guerra se avecina y en los uniformes está presente la iconografía nazi reimaginada.

Anderson se inspiró en la vida y la obra del escritor Stephan Zweig, de quien toma la estructura de la historia dentro de una historia. Pero de Zweig también toma otros elementos: detalles robados de varios de sus libros y el relato de El Autor, personaje de la película y narrador de la historia, que está inspirado en el escritor austríaco. Incluso, Gustave H., uno de los personajes principales de la película, tiene también características de Zweig. El resultado es, una vez más, un cuento de hadas desplegado con una gracia infinita.

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