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Cine y Series

Matrimonio perfecto

David Fincher lleva a la pantalla uno de los más comentados best sellers de los últimos años, el thriller Perdida

Por Sandra Martínez

Perdida (Gone Girl) fue uno de los grandes éxitos editoriales de 2012 y no fue necesario demasiado tiempo para que se vendieran los derechos para su adaptación cinematográfica. Y con David Fincher a la cabeza del proyecto, lo que pudo ser un thriller más se convirtió en uno de los grandes estrenos del año.

 

El director tiene mano para el género -después de todo, supo convertir la creación de una red social, Facebook, en una historia de suspenso- y sacó el mejor provecho posible del tentador material disponible: la esposa perfecta del matrimonio perfecto desaparece, y su ausencia comienza a mostrar las grietas de la relación; ese muchacho simpático que es su marido quizás no es lo que parecía, quizás está satisfecho de verse libre, quizás decidió liberarse. Ficher avanza en el entramado de sospechas, verdades a medias, puntos de vista, descubrimientos y giros sorpresivos con estética impecable y un paso rápido y atrapante que disimula varios resbalones de la trama. Todo sostenido por el trabajo de la hermosa Rosemund Pike como la desaparecida Amy, una revelación, y con Ben Affleck, quien pese a su fama más favorable como director que como actor realiza una interpretación sutilmente perturbadora del marido en problemas.

El guión estuvo a cargo de Gillian Flynn, autora del libro, que en un astuto giro marketinero se encargó de modificar el final: así los lectores fieles prodrán revivir el placer de la incertidumbre que experimentaron con la lectura, mientras que los nuevos espectadores pueden picar el anzuelo e interesarse por la obra original.

Más allá del misterio central, Perdida también habla de la construcción desde los medios de comunicación de la imagen de víctimas y victimarios, un tema que de alguna forma resuena cercano, abogado mediático incluído, con la experiencia de casos reales recientes como el de Melina Romero o el de Àngeles Rawson. Pero sobre todo, como lo hicieron en su momento Durmiendo con el enemigo o Atracción fatal, la intriga es una excusa para explorar las relaciones de pareja y en particular ese momento en el que ese “yo mejorado” que todos construímos a la hora de seducir se vuelve insostenible a largo plazo.

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