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Música

Más vivo que nunca

Con varias cuentas saldadas, vuelve a ocupar su lugar como solista consolidado.

Por Walter Lezcano
Foto: Juan Carlos Casas

Hace un año Gustavo Cordera estaba considerando seriamente la posibilidad de dejarlo todo. En su cabeza había muchas decepciones acumuladas. Se había ido con el impiadoso mote de “culpable” de Bersuit Vergarabat, banda que fundó y con la cual llenó dos estadios River y triunfó por todo el continente. Su nuevo proyecto musical, La caravana mágica, no despegaba y, una cosa lleva a la otra, su situación financiera había llegado a un callejón sin salida. Sencillamente, la gente no iba a los conciertos ni compraba los discos.

Algo se había roto entre Cordera y su público. Así lo explica: “Tuve un fracaso social después de la salida de Bersuit. Fue una condena muy fuerte de toda la masa bersuitera. Fui tildado de traidor por mis ex compañeros. La gente tomó ese discurso y sumado a que yo les dije que no quería que vinieran a los conciertos y que no compraran los discos porque no quería que se sintieran defraudados. Necesitaba que me dieran la libertad de poder tener una experiencia nueva. Esto hizo que la banda pase sus primeros cinco años golpeado muchas puertas, tocando para muy poca gente en todos lados, haciendo conciertos hasta para una sola persona, como hicimos en Barcelona. Fue muy gracioso ese concierto: un tipo solo ahí abajo. Ese concierto fue una cosa refrescante para mi alma. Saber que uno puede llevar su música y el amor a la música aún en situaciones en las que casi nadie va a verte. Ese concierto lo hicimos con una fuerza y amor increíble. Después terminamos con algún público bailando porque cuando uno demuestra esa vitalidad frente a la adversidad, cuando le ponés cuero y vísceras a las cosas, el premio no tarda en llegar. Muchos me daban por muerto. Peyorativamente me decían “el finadito””.

Ocupar el espacio
Fueron tres discos, Suelto y En la caravana mágica volumen I y II, el tiempo que llevó recomponer y sanar las heridas que había entre Gustavo Cordera y su gente. Entre los cuales se mezclaban viejos bersuiteros con jóvenes que no sabían mucho de su pasado de reviente y renacimiento exitoso con la Bersuit. Ellos, los nuevos, habían sido arrastrados a los conciertos por La bomba loca, el mayor hit en la carrera de Cordera.

Así fue como en junio de 2014 La caravana mágica hizo una seguidilla de tres recitales sold out en La trastienda. Y de pronto, Cordera se dio cuenta de que se había salido con la suya otra vez, que lo había hecho de nuevo. Esos shows se grabaron para tener un registro de la alegría. Pero sonaba tan bien que decidieron mostrarlo al mundo para demostrar que Cordera no estaba acabado, que no era ningún “finado”. Y esa certeza llevó al título del disco: Cordera Vivo.

– ¿Por qué sacar un disco en vivo tan pronto cuando con Bersuit tardaron bastante tiempo en sacar un trabajo de estas características?
Cuando hicimos De la cabeza con Bersuit Vergarabat lo hicimos en el momento que consideramos que la banda estaba en condiciones de poder hacer un disco en vivo. Los intentos anteriores nos mostraban, cuando escuchábamos las grabaciones, a una banda inmadura arriba del escenario. Con muchas desafinaciones, muchos problemas de sonido, muchos problemas de ritmo, muchos prejuicios en cuanto a la utilización de secuencias y esas cosas que uno tiene cuando empieza a tocar. Con Bersuit se hizo en el momento exacto en el que la banda se consolidó. Para eso hicimos 10 años de trabajo, y con esta banda hicimos casi 6 años. Consciente de cómo era todo esto, hicimos un laburo de muchos toques. La caravana es una banda conformada con personas que elegí no por su oficio sino por su corazón y por su talento. Entonces tuvimos que trabajar muchísimo con la banda para lograr llegar a hacer el disco en vivo.

La presentación de Cordera Vivo fue en un Luna Park casi repleto. En el aire se percibía un aire de reconciliación. Mientras el recital se desarrollaba la sensación que recorría todo el estadio era la de un artista entregando lo mejor que sabía hacer y que, finalmente, el público aceptaba la idea de un mañana lejos de ese terreno seguro que supo ser Bersuit Vergarabat. Hubo crecimiento en ese concierto: Gustavo Cordera y la audiencia se dieron la mano como viejos camaradas que saben que ya no hay ninguna cuenta que saldar.

– Se te veía contento en el escenario.
– Siempre me entregué: tanto cuando toqué para la cancha de River como cuando había una sola persona adelante. Sigo siendo el tipo que se juega la vida arriba del escenario en cada show. Para mí siempre es el último show de mi vida y el primero a la vez, así lo vivo cada vez que me subo a un escenario.

– En el texto que acompaña el disco decís que volvés a ocupar tu lugar. ¿A qué te referís? ¿De qué espacio hablás?
– Creo que cada persona y cada músico dejan una impronta en el mundo y que le pertenecen para siempre. San Martín no va haber otro. Che Guevara tampoco. Maradona ni Messi tampoco van haber otro. No va haber otro Indio Solari ni otro Cerati ni otro Palo Pandolfo. Los seres realmente auténticos ocupan un lugar. Y muchas veces otro quieren tomarlo. Me da la sensación de que otros quisieron tomar mi lugar. Y vuelvo a ocupar mi espacio como Ulises cuando vuelve de Troya. Entro con mi arco dispuesto a darle una flecha en el corazón a quien haya querido robarme mi mundo, mis conquistas. Hay espacio en el mundo para todos. Pero no hay espacio para ocupar mi lugar. Solamente yo puedo ocuparlo. Si vos querés adueñarte de la historia que yo construí, del vínculo que tuve con la gente, haciéndole creer al mundo que yo soy un traidor y que te cagué y que abandoné ese lugar por plata, por ejemplo, hubo un engaño ahí. Entonces yo vengo a recuperar mi territorio. Ese lugar del que hablo es un espacio emotivo. Yo construí un vínculo muy fuerte con mucha gente. Y ese lugar fue robado y tomado por gente que no corresponde. Y eso es lo que vengo a reclamar. Mi lugar, nada más. No vengo a sacarle un pedazo de nada a nadie: solamente vengo a recuperar lo mío. Este disco es un intento de recuperar mi lugar. Acá estoy: nuevo y vivo recuperando otra vez esa voz, ese lugar, esa fuerza.

Tiempo de revancha
“Ahora vuelvo” dice Cordera y el Luna Park espera. Aparecen dos guitarristas, se acomodan en sendas sillas y de la oscuridad emerge un pelado en piyama. La gente estalla de amor. El set acústico de canciones de la Bersuit Vergarabat es uno de los momentos más emotivos del concierto de Cordera. Pero no es nostalgia. En absoluto. Es una forma de mirar el camino recorrido y saber que adelante, en las próximas canciones y nuevos discos, también hay alegría y futuro.

– ¿Con Bersuit en algún momento tuvieron que replantearse su lugar como músicos frente el éxito económico logrado?
– Sí, claro. Eso rompió lo que a mí más me interesa, que es la aventura artística. Cuando el negocio funciona perfectamente la aventura artística queda muy relegada. Reclama un lugar que no tiene, que no le podés dar porque todo está funcionando muy bien. Viene mucha gente a verte, esa canción que la cantaste once mil veces ahora ya no la sentís pero la seguís cantando, no le das respiro para volverte a enamorar de ella, para desearla. Tenés que cantarla todos los días porque si no la gente se va y uno le teme a eso. La verdad que cuando eso pasa los mánagers deberían saber que los artistas tienen ciclos y que hay que saber acompañar y administrar esos ciclos. Ciclos en los que el artista necesita suicidarse, morirse artísticamente. Necesita hacer cosas que no funcionan porque está experimentando nuevos pasos. Los mánagers no deberían presionar a los artistas para que le sigan facturando como si fueran una empresa alimenticia. Y los artistas deben aprender a defender su arte. Esa fue la gran crisis de Bersuit: no había desafíos artísticos porque todo funcionaba muy bien. Por otro lado yo intuía y veía cómo la gente estaba empezando a ver eso y las convocatorias eran mucho más chicas. La banda se venía cayendo como un boxeador que recibe los primeros golpes. Yo quise parar para no recibir más golpes de la realidad. En ese momento los chicos no lo entendieron. Algunos sí, pero no todos. Y ahí empezó la gran crisis y las sospechas y los problemas. Que después salieron más problemas personales que no permitieron que sigamos juntos. Pero eso es algo que tienen que ver con nuestra intimidad y las relaciones humanas. Pero lo que sí sé es que con la salida de Bersuit pude volver a vivir ese deseo, esas ganas de hacer arte y de hacer lo que realmente quería. Y eso es lo que mantiene vivo y feliz y con ganas en este momento. Poder vérmelas con esa sensación de que todavía la tengo que pelear.

– La bomba loca fue tu primer hit como solista. ¿Lo viviste como una revancha?
– Fue muy contradictorio lo de La bomba loca. Es el primer hit de mi vida. Otras canciones han pegado en la gente pero después de 20 años. La bomba loca pegó en 4 meses. Nunca me había pasado. No sabía lo que era un hit. Los bersuiteros no querían escucharla y me odiaban por haberla hecho, los niños y adolescentes la amaban pero no sabían quién era yo, las radios la pasaban todo el tiempo y por eso el circuito rock me había dado la espalda. No me venía nadie a ver, me querían contratar de bailantas y discotecas y yo no quería ir. Fui exitoso por encima de mi propia historia. Pero me separé tanto con esa canción que terminó pasando lo que pasa con todos los grupos que pegan hits: tienen un buen tema y nada más. Fue como si no hubiera podido conjugar toda mi obra anterior con ese buen momento, como si fueran dos tipos diferentes. Disco de oro, todo lo que vos quieras, pero sin trabajo. Y entonces en diciembre de 2013 yo ya estaba planteándome abandonar este proyecto. Porque ya habíamos hecho 5 conciertos y no venía gente a vernos. Yo debía mucha plata. Y empecé terapia y pude ver todo el proceso en cual me había suicidado artísticamente: regalando el nombre de Bersuit, al no tocar más las canciones de Bersuit, al tener tanto dolor por el duelo de la separación. Ya estaba desahuciado y pude percibir todos los motores por los cuales había hecho eso: la culpa y la omnipotencia. De tener yo que ayudarlos y no ver que yo también necesitaba ayuda de ellos, pero no podía pedírsela. Algo muy paternalista mío, muy peronista. Ellos son grandes, yo no tenía por qué regalarles mis canciones y mi historia. Cuando vi eso pude integrar mi pasado y mi presente y volví a tocar aquellas canciones. A recordar el momento en el que las había hecho con mi guitarra, y volví a esas versiones bien gregarias, la raíz misma de esos sentimientos y emociones y empecé a reversionarlas. Volví internamente a toda mi obra y empecé a tocarla en las canciones. A partir de ahí la gente se abrió a las canciones nuevas.

– Después de haber pasado por tantos altibajos, ¿tenés una idea de éxito o de felicidad?
– Ya no tengo una idea sobre esas cosas. Estoy descartando ciertos anhelos en este momento de mi vida: el anhelo de verdad, de amor, de libertad, de justicia y de felicidad. Los estoy descartando porque son formaciones mentales que le han hecho mucho daño a la gente. Estoy habitando el mundo con mucha más tranquilidad y mucha más alegría el desamor, que es lo que conozco, la verdad parcial la estoy cambiando por ser honesto y la libertad ya no la tengo como un deseo. La experiencia, como la estoy viviendo ahora, estoy tratando de aceptarla para saber qué me quiere contar acerca de mí.

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