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Wine News

Más allá del Extra Brut

El consumo de espumantes en la Argentina crece desde hace una década. Y no solo se trata de cantidad, sino de diversidad.

Por Alejandro Iglesias
@aleiglesiaswine

La venta de espumosos en la Argentina es un fenómeno para seguir de cerca. Más allá de que el márketing se lo lleva el Malbec (gracias a su potencia exportadora), lo cierto es que la Argentina es líder en la producción de burbujas a nivel regional, y además cuenta con tasas de consumo que compiten con las europeas. Presten atención a esta cifra: según el INV, en 2012 se descorcharon cincuenta y cinco millones de botellas de estos vinos en el país, lo que se traduce en un crecimiento acumulado del 166% en la última década. Un dato impresionante. Y el pronóstico para 2013 no se queda atrás, ya que en lo que va del año se registra un incremento cercano al 11% comparando a los mismos meses de 2012. La gran pregunta que surge es: ¿qué tipo de espumantes está empujando este fenómeno?

Burbujas para todos y todas

Retrocedamos una década atrás: en la década pasada, los espumantes estaban atados al consumo estacional: se servían especialmente a fin de año, o en festejos varios que se erigían como motivos válidos para alzar la copa. Así, la demanda era rígida, sin lugar para sorpresas, y esto sólo permitía la existencia de un puñado de jugadores que podía afrontar los costos financieros de la inmovilización de sus botellas. Pero las burbujas se la rebuscaron. Incluso se repusieron del célebre pizza con champagne de los noventa, un lema que condujo al sushi con champagne de 2000 y que hoy encuentra su mejor versión en la forma de burbujas para todos y todas. No es un eslógan vacío: el mundo de los espumantes cambió a tal punto que dejó de ser una bebida excluyente ligada al lujo y la alta alcurnia. Hoy, un centenar y medio de productores produce burbujas confirmando una oferta que se incrementó en volumen y también en rangos de precio, logrando botellas que parten en los $30.

Esta democratización de la bebida más noble tuvo otra consecuencia: la llegada triunfal de los espumantes dulces a las primeras planas del consumo nacional. De pronto, el espumante dejó de ser solo “el Extra Brut” y, de un día para el otro, hablar de burbujas dulces dejo de ser un tabú. De hecho, la gran mayoría de nuevos espumantes que llegaron este año a la góndola, de las bodegas más prestigiosas, son dulces. A veces blancos, a veces rosados. Pero siempre dulces.

Resumiendo: más productores, más rangos de precio, más diversidad de productos, incluyendo nature, demi sec, rosé, tardíos, dulces e incluso tintos. Una explosión burbujeante que logró abrir el panorama y sumar ocasiones de consumo. Hoy, sea un día caluroso de verano, una reunión de amigos, el after office o bien en una discoteca, es común descorchar una botella de espumante y disfrutarla sin demasiado preámbulo.

La muerte del mito

Puede sonar increíble que hasta hace un lustro los demi sec (versión semi dulce de los espumantes, con unos 35 gramos de azúcar) se bebían casi a escondidas, ya que existía el mito que un “buen champán debe ser bien seco”. Sin embargo, hoy aparecen espumantes dulces naturales o tardíos que arrancan en los 40 gramos y pueden alcanzar los 70, y nadie se avergüenza de pedirlos. Por el contrario, son productos repletos de glamour y márketing. Lo paradójico del asunto es que los demi sec siguen siendo mal vistos. Mientras que los tardíos y similares crecieron un 126% de 2002 a la fecha, los últimos corren suerte opuesta, y para este año pueden disminuir casi un 20% en comparación a ejercicios anteriores.

El fenómeno de los espumantes dulces tiene a varios pioneros en su haber. Un ejemplo es el de Familia Schroeder, con su Deseado, un dulce de Torrontés presentado de modo experimental en 2005 con solo 11.700 botellas. Este año elaboraron 630.000 botellas, en un claro caso de éxito. Y no son los únicos: la góndola actual cuenta con más de treinta etiquetas dentro de esta categoría, un número que seguirá aumentando. Según Gonzalo Baracat, Brand Manager de la marca Mumm (que acaba de presentar su flamante sweet sparkling), “desde hace unos años vemos la evolución del segmento de los tardíos tranquilos y los frizzantes, y junto a ellos también evolucionan sus consumidores. Los espumantes dulces son un paso lógico de sofisticación. Estos sparkling actúan como vinos de iniciación para miles de paladares que no se acostumbran a los secos o muy ácidos, pero que sí buscan cosas nuevas”.

Respecto del dato de la disminución del demi sec, vale la pena hacer un paréntesis: hace apenas unas semanas, Pedro Rosell presentó su Cruzat Demi Sec, algo revolucionario en el medio, ya que unió el nombre de un prestigioso productor de burbujas de calidad como Cruzat con la mala prensa del demi sec. Habrá que ver si esto da pie a un sinceramiento de la industria y de los consumidores a favor de esta categoría. “Las preferencias cambiaron respecto de hace unos años por influencia de la masificación de la gaseosa. Hoy atraen más los espumosos dulces”, afirma Rosell, y asegura que estos vinos son ideales para quienes le escapan a la acidez incisiva de los extra brut y los nature.

Un mercado inmaduro

Alcanza ver la góndola para ver cómo los espumantes dulces son los que irrumpieron con más fuerza en los últimos meses. Precisamente hace muy pocos meses se presentaron el Mumm Dulce, el Navarro Correas Dulcet, el New Age Sweet Gold de Bianchi, el Deseado Rosé de Schroeder, el Cruzat Demi Sec, el Dadá Sweet de Finca Las Moras y el Humberto Canale Espumante Rosado Dulce. Estas novedades se suman así a un listado con grandes jugadores: allí están el Delice (Chandon), el Capriccio (Dante Robino), los Norton Cosecha Tardía blanco y rosado, los Florio (Gamba di Pernice, Nebbiolo), el Cumbres Andinas Espumante Dulce Natural, el Las Perdices Sweety, el Emilia Spumante Dulce de Nieto Senetiner, el Callia Espumante Dulce, el Cafayate Sparkling Dulce de Etchart, los Vivace Dolce y Vivace Dolce Rosé de Freixenet, por mencionar algunos.

Pero más allá de la proliferación de etiquetas, los datos duros aseguran que el extra brut sigue siendo el líder del consumo, con casi un 75% del mercado. No olvidemos que la categoría Extra Brut es un invento argentino, que más allá de ser seco, tiene algunos gramos de azúcar residual, lo que lo hace más fácil de beber que un brut o un nature al modo francés.

Según Rafael Squassini, de Dante Robino, una de las grandes champañeras argentinas, los entendidos siguen prefiriendo espumantes secos, mientras que los nuevos consumidores optan más por los dulces. “Durante el año la venta sostenida es de espumosos secos, el 80% de los dulces se venden para las fiestas, cuando aparecen los consumidores no habituales de burbujas”, asegura.

Sea para ocasiones únicas, para el brindis de fin de año, para beber en la trasnoche festiva o para acompañar un postre, el espumante dulce dejó de ser el patito feo del cuento de las burbujas. La analogía no es caprichosa: tal como pasa en la moraleja del cuento infantil, ese patito feo creció para convertirse en una bebida deslumbrante, el nuevo objeto de deseo al que todas las bodegas están apostando.

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