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Columnistas

Mamitas

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

-Si no parecemos los Angeles de Charly, le pegamos en el palo.
-Los Angeles de Charly y la fábrica de chocolates, querés decir. Mirá cómo me queda el short, como a Nadal, metido hasta en el or…
-Calmate Carmela, que ahí la veo a Connie… esperá, ¿es Connie o la versión 3D de Connie? Está un poco ensanchada -se alarma Anita mientras bajamos del auto, algo disfrazadas con lentes de sol, sombrero y sandalias de plataforma poco aptas para la naturaleza. Sólo unos metros nos separan de una quinta y de su dueña, Connie, la chica que siempre lo tuvo todo y por eso amamos odiar (pero a la que nunca le despreciamos la clásica invitación de verano, especialmente si en Buenos Aires hace 52 grados y en la tele sigue Iúdica).

-¡Está embarazada!, -grito, y hasta yo me sorprendo por el dejo de emoción que se filtra en mi tono de voz.
Ahí está ella, tan radiante, tan plena, con la panza perfecta, sin una sola estría y la sonrisa de a mis 35 ya soy todo lo que hay que ser. Y acá estamos nosotras, con el short metido en el culo y una botella de fernet en el bolso de paja.

Pero no es Connie ni su panza lo que nos enfrenta a los dilemas de la independencia femenina en la era Maru Botana, sino el paisaje que se abre una vez que Connie nos despeja la pista: bebés, niños, niñas y más bebés, todos ellos correteando, gateando, golpeando juguetes, chillando, mordisqueando una manguera, sodomizando al perro, lanzando celulares a la pileta y meando las reposeras…

-¡Esto es el 8N de los bebés!, -grita Carmela horrorizada mientras amaga con volverse al auto, pero el poco manejo de las plataformas sobre superficie blanda se lo impide.
-Pará un poco, no son tantos- la calmo, mientras rechazo una pelota que venía directo a mi pecho derecho y me enorgullezco secretamente de mis reflejos.
-¿Me estás jodiendo? Sólo en los cinco bolsos que están amontonados ahí debe haber media tonelada de leche maternizada. Amigas, ¿qué hacemos acá?

Ninguna alcanza a responder porque Connie ya volvió, nos tomó de la mano como alumnas de jardín de infantes y nos llevó junto a un grupito de chicas, bajo el lema “acá solo hay gente que quiero, así que conózcanse”.

-Hola, soy Romina, la mamá de Valentino, ese gordo divino de ahí, ¿lo ven? Valen, no te metas en la boca ese bicho, mi amorcito, que después tenés nana.
-Yo soy Maia, y la mía es la rubiecita de allá, Uma. Esa que está queriendo meter al gato en el balde… me encanta que tenga contacto total con lo natural. Umaaa, hermosa, contale a mamá, ¿qué dice el gato?
-¿Y ustedes?
-Nosotras, ah, somos Ana, Carmela y yo, Ferna…
-Disculpame, perdoná, es que creo que quiere teta y no puedo dejar que se angustie.
-Ah, parece grandecito para seguir con la teta -comenta Carmela y temo que esto sea solo el comienzo del show de acidez de mi amiga.
-Bueno, pero vos sabés lo que dice Laura Gutman –toma la posta la mamá de Uma, sin mirarnos. Sus ojos podrían estar en su hija, o en el pañal que se acaba de sacar la nena o en un eucaliptus, no logro distinguirlo.
-Perdón, ¿quién?
-Ah, claro, ustedes no son mamis. Cuando lo sean le van a rezar a Laura Gutman –sigue Maia. Ahora sí nos mira, pero como si nos faltara una pierna.
-No, no tenemos el gusto. Nosotras todavía estamos en la etapa de mirar diez capítulos de Girls seguidos. Pero quién sabe, por ahí el año que viene nos escuchás hablando de Según Roxi, ¿la tenés?, -sospechosamente, Carmela suaviza su tono, mientras mete la mano en el bolso de paja.
-Ah, Según Roxi, qué ácida que es… igual la maternidad es tan, tan…
-Hablando de la hermosa maternidad, ¿mami, no querés traerte una coca y unos hielitos, que acá tenemos algo para armar la fiestista de las pre-Roxi? Y, si Laura Gutman te deja, te convidamos.

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