Música

Mamá mounstruo y su prole

Lady Gaga pasó por Buenos Aires con un show de alto impacto donde los fans también fueron protagonistas.

Por Sandra Martínez
Fotos: Sofía Bucharest y Beto Landoni (cortesía de T4F).

Una vieja y despectiva definición del pop aseguraba que el género se trataba de canciones estúpidas cantadas por caras bonitas. Las canciones – estúpidas o no, eso queda en el gusto de cada uno – siguen siendo más o menos las mismas, pero en cuestión de imagen las Britneys y los Justins y hasta las pulidas Madonnas cedieron terreno al avance de freaks como el coreano Psy, los LMFAO y Nicki Minaj. Y la nueva reina y madre de esta corte de los milagros es, sin dudas, Lady Gaga.

Lejos de esconder sus defectos, la neoyorkina hace de ellos su fuerte y esa particular filosofía marca su Born This Way Ball Tour, que la trajo a nuestro país por primera vez el viernes 16 de octubre. Su llegada generó expectativas: desde los tres chicos que acamparon 15 días antes en las puertas de River, aferrados al mito urbano que asegura que los primeros de la fila tienen el privilegio de conocerla personalmente, hasta los que amanecieron junto al estadio después de pasar la noche en vela preparando los vestuarios que emulaban los estrafalarios vestidos de la diva, hacía tiempo que no se veía un fandom tan exitado.

El show fue todo lo que se esperaba de ella. Tras el primer impacto que genera la escenografía, un castillo medieval con torres, escaleras y varios niveles, Lady Gaga abre el recital al ritmo de Highway Unicorn (Road to Love) montada en ¡un unicornio mecánico! Poco después emergía de un vientre inflable gigante a través de un sugerente cierre para cantar Born This Way, con el primero de los catorce cambios de vestuario, prácticamente uno cada dos temas. Hay que decir que algunos de esos atuendos – cuatro de los cuales fueron diseñados por Armani – se notan más pensados como manifiesto artístico que para resaltar la figura de la cantante o facilitar las coreografías. De todas formas, ni el cuerpo perfecto ni la habilidad para el baile son los fuertes de Gaga, que entre tanto estímulo visual en su entorno se las arregla para ser el centro de atención a fuerza de histrionismo y presencia escénica.

Sin guión pero con un estilo que remite a Broadway y la ópera, los hits se sucedieron al igual que las escenas surrealistas: Gaga saliendo de una cápsula tipo huevo en Bad Romance, fusionada con una moto en Heavy Metal Lover, desapareciendo en una picadora de carne al final de Poker Face.

Pero lo mejor de la noche estuvo en los momentos en los que mostró su fiel relación con los fans, a los que incorpora con naturalidad en el espectáculo. En un momento recibió una lluvia de remeras y camisetas, que la hizo exclamar divertida “stop! In the name of football, stop!”. Al mirar una camiseta de la selección Argentina customizada con el nombre Princess High – uno de sus alter egos – en la espalda, se emocionó y preguntó quién había hecho eso para ella. Mientras la afortunada autora del regalo subía al escenario junto con otros dos elegidos, Lady Gaga, ya con la camiseta local puesta, recibió otro presente que voló al escenario: al desenvolverlo y encontrar un paquete de yerba mate preguntó entre risas “¿esto se fuma?”. Cuando los emocionados little monsters se reunieron con ella junto a la moto-piano, después de abrazos, lágrimas y confesiones (“para la persona que ustedes conocen, para Lady Gaga, estar en un estadio como este es normal. Pero para Stephanie… uff, para ella es especial cada día”) que realmente tocó a la mayoría de los presentes, cantaron juntos Hair, Stuck on Fuckin’ You y Yoü and I, corriendo por la pasarela que rodeaba al Monster Pit, el sector vip frente al escenario.

Después de cerrar con Scheiße, Gaga volvió al escenario para dos bises: la potente Edge of Glory y una versión tranquila y casi melancólica de Marry The Night. Varias horas después de terminado el show, en un colectivo de la línea 80 una chica de no más 17 va durmiendo con la cabeza contra la ventanilla. Lleva puesto un vestido hecho con plástico transparente y tiras de matelassé blanco. Todos los que suben la miran durante un buen rato, algunos murmuran. A ella no le importa: mamá monstruo le aseguró esa noche que puede ser cualquier cosa que se atreva a soñar.