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Tecno

Los juegos tecnolímpicos

Las nuevas tecnologías están cambiando radicalmente el deporte

Por Federico Kukso

Es un deporte elegante y violento al mismo tiempo. Y su historia es fascinante: aunque muchos piensan -y repiten- que nació en la Edad Media, la esgrima ya se practicaba en Egipto cuatro siglos antes del comienzo de los Juegos Olímpicos en la Grecia Antigua. Los muros y los jeroglíficos del templo Medinet-Abou en el Alto Egipto, construido por Ramsés III en el año 1190 a.C., lo awwwiguan: los contrincantes usaban palos y máscaras y protegían sus manos con guantes. Los años pasaron y, como era de esperar, este deporte fue evolucionando. Los griegos lo conocieron como “hoplomaquia” (combate con armas uno a uno) y tibiamente comenzó a institucionalizarse como deporte en España a partir del siglo XV, cuando surgieron escuelas y gremios de esgrimistas.

Sin embargo, por lo general ver esgrima en televisión conduce a una confusión. Ahí están, en silencio, a la espera del grito de “¡En guarde!”, dos competidores (o competidoras) vestidos de blanco y con máscaras tan ampulosas como los cascos de los astronautas, a punto de exhibir su destreza, su agilidad física y mental, y reclamar la victoria en pocos segundos. Aunque, pese a lo que nos cuentan nuestros ojos, no están solos. No son los únicos protagonistas en juego. Hay un tercer participante, cada vez más importante y visible: la tecnología.

A pesar de su larga tradición y a su costado ceremonial, la esgrima es uno de los deportes más tecnologizados. Combina lo antiguo con lo moderno: reglas establecidas hace más de 500 años con chalecos hechos con Kevlar y un sistema de conteo electrónico. Su existencia es entendible: los movimientos y ataques de los esgrimistas son tan veloces que podrían confundir a los ojos de los jueces. De ahí que con los años se fuera desarrollando un sistema de cableado conectado a la corriente eléctrica y a los trajes de los “tiradores”, es decir, los practicantes de esgrima. Una vez que el sable, florete o espada de uno de los competidores toca la chaqueta de su contrincante -cubierta con un material que conduce la electricidad-, la corriente fluye a través de los cables e ilumina una luz o bien en el casco de uno de los deportistas o en el tablero.

Más allá del esfuerzo físico

Si fuera el único caso de alta tecnología aplicada al deporte, podría tomarse como una mera anécdota, una nota al pie de la práctica deportiva. Pero no: hoy todas las disciplinas están mediadas -y hasta moldeadas- por la tecnología. Esto se vio con claridad en los últimos Juegos Olímpicos celebrados en Londres: para alzarse con una medalla ya no bastan los años de entrenamiento, la dedicación, el esfuerzo físico, la concentración o el dinero que un Estado destine a financiar a sus atletas. También es necesario contar con la tecnología adecuada para no estar en desventaja: los trajes más livianos, los equipos más resistentes.

La tecnología nos rodea e incide en cómo vemos el mundo. Panasonic transmitió los Juegos Olímpicos Londres 2012 en 3D. La BBC lo hizo en Ultra HD (o 4k). Y se utilizaron 10 mil computadoras y 900 servidores para llevar las estadísticas. Pero no se trata sólo de tener un lugar fundamental en la difusión de este megaevento político y cultural o en los wwws anti-doping; la tecnología -en sus versiones textil, electrónica, química- interviene directamente en los desempeños de los atletas.

Varias selecciones de básquet, por ejemplo, utilizaron las camisetas Hyper Elite de Nike, hechas en un 96% con poliéster reciclado, consideradas las más ligeras jamás hechas. En atletismo, a las camisetas, zapatillas y gorras de los deportistas se les insertó un chip para identificar el ritmo cardiaco, velocidad y la distancia recorrida por los deportistas. Y el sudafricano Oscar Pistorius participó con sus prótesis hechas de fibra de carbono flexible.

La firma Atlética vistió a la delegación de México: colocó filtros UV en los trajes de corredores (para protegerlos en las competencias al aire libre) y nanotecnología en un material llamado Fluxón para ventilar y eliminar bacterias. Y gracias a una tecnología conocida como Asex, se aceleró el ritmo de evaporación del sudor en sus vestimentas.

En cuanto al fútbol, la pelota oficial se llamó “Albert”, un modelo hecho con 32 paneles, soldados térmicamente para prevenir cualquier deformación. Su nueva cámara de aire está diseñada para absorber menos agua en condiciones de lluvia. Y la empresa Dow desarrolló para el hockey un nuevo compuesto para que en las canchas los jugadores no se resbalen.

Quizás el deporte donde mejor se aprecia el impacto directo de una tecnología en el rendimiento de los atletas es la natación. Hace cuatro años, en los Juegos Olímpicos de Beijing, se rompieron 25 récords: 23 de ellos por atletas que usaron trajes desarrollados por las empresas Jacked, Arena y Speedo, como el modelo LZR Racer. Muchos entrenadores llegaron a acusar a los nadadores que usaron estos trajes -hechos de nylon tejido y una mezcla de paneles de elastano y poliotureno que repelen el agua y que cuestan unos 400 euros- de incurrir en “doping tecnológico”. La natación había dejado de ser una competencia entre atletas para convertirse en una carrera tecnológica. Así fue como la Federación Internacional de Natación reaccionó y cambió las reglas. Y dejaron de romperse con tanta habitualidad los récords. En la actualidad, están prohibidas las telas impermeables así como los trajes que cubren todo el cuerpo de los nadadores hombres. Con este nuevo reglamento en cuenta, Speedo desarrolló un traje conocido como Fastskin 3 Super Elite, que reduce el arrastre del agua en un 2,7 % más que su antecesor, así como diseñó unas antiparras especiales (para competidores occidentales y asiáticos) que, sumados a la gorra Fastskin 3, logra un 5,7 % de ventaja.

No extraña así que la llamada “ingeniería deportiva” -es decir, las disciplinas encargadas de realizar mejoras en estas tecnologías- sea una industria donde impera el secreto. Los cambios impuestos por nuevas telas y nuevos desarrollos son enormes. En 2009, un ingeniero inglés llamado Steve Haake lo demostró. Comparó los resultados actuales de varios deportes con los de 1894 y advirtió grandes divergencias. En los cien metros llanos, por ejemplo, las marcas se mejoraron en un 24 por ciento. En ciclismo, los nuevos materiales más ligeros y aerodinámicos causaron estragos. Y las sucesivas modificaciones en el centro de gravedad de las jabalinas transformaron completamente uno de los eventos de los Juegos Olímpicos con más historia.

Más que sospechas, las tecnologías dan razones para el optimismo y las expectativas. Los deportes high-tech y las hazañas atléticas de las próximas décadas prometen ser más que sorprendentes.

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