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Wine News

Los borrachos del tablón

Publicidades, etiquetas e hinchadas en un partido entre dos pasiones nacionales

Por Natalia Paez
Fotos: Facundo Manoukian 

Si hay un vínculo entre el fútbol y el vino es tan arbitrario y controversial como la mano de Dios. El alcohol y el deporte no parecen buena junta, pero en cuestiones del amor dicen que todo vale. Una fuente de refrendación de este maridaje popular está en los cantos de las hinchadas, a lo largo de toda la historia del fútbol. Referencias a nuestra bebida nacional, y a los efectos de sus excesos, han sido permanentes. Sigue flameando una damajuana en la bandera de guerra de los Borrachos del Tablón, la brava de River Plate. Dibujo que deja claro que no son borrachos de cerveza ni de fernet. Los borrachos millonarios eligen la bebida nacional.

También del lado boquense se encuentran huellas fundacionales de esta relación entre vino y fútbol. En este caso, vale la pena retroceder un par de décadas e ir a los años 80, cuando se empezó a usar una nueva modalidad de publicidad no tradicional: en las camisetas. La primera anunciante, la precursora, fue una bodega sanjuanina que elaboraba vinos comunes bajo la marca Vinos Maravilla, que debutó sobreimpresa en la casaca xeneize. El 26 de febrero de 1986, Boca jugó un clásico de verano en Mar del Plata frente a River. Cuando salió a la cancha sorprendió a los espectadores televisivos con esta nueva forma de anunciar. Uno de los que aquella tarde llevó esta camiseta como jugador de Boca fue el ex goleador, hoy DT de Vélez, Ricardo Gareca. “No, no, no. Nunca probé el vino Maravilla. No tuve el gusto. Lo llevaba en el pecho como jugador de Boca”, confesó unos años atrás a la revista El Gráfico. A Boca le siguió Independiente, hace unos veinte años, en este caso con una marca mucho más conocida hoy en día. Los rojos lucieron por varias temporadas su pasión por Termidor.

Con la camiseta puesta

Hay muchas maneras de pensar las relaciones entre la bebida y el deporte nacional. Una es desde la hinchada, sus preferencias y sus gustos. Pero hoy la moda (moda que, claro está, es antes que nada un negocio) es lanzar un vino institucional. En lugar de poner al vino en la camiseta, hoy se pone camiseta al vino. En el sitio oficial de River Plate se ofrece a la venta Banda Roja, que no es un vino en damajuana -como el de la bandera-, ni viene adentro de una botella de Coca -como suele trasvasarlo algún vivo para ingresarlo a la cancha-. Se vende como “vino premium”, y viene en tres versiones: un bivarietal marca Clásico hecho 50 por ciento Tempranillo y 50 por ciento Merlot. Y dos varietales: Cabernet Sauvignon y Malbec (este último, explican, “sacó una medalla de oro en 2006, en el concurso Malbec al Mundo”). Lo elabora Bodegas y Viñedos Baudrón, de Maipú, Mendoza.

La hinchada también deja su voz en el tema: en el sitio www.riverplate.com, en  una sección llamada Foro Monumental, una encuesta planteaba “¿cuál es tu vino preferido?”. Y los hinchas votaron. Lo curioso es que el tipo de vino ganador no fue elegido por una variedad de uva ni siquiera por su división más básica -tinto, rosado, blanco-, sino por el envase. Ganó “el tetra”, cajita en parte asociada a la cultura del reviente, al estar de la cabeza, parte de cierto código futbolero. Vale la pena recordar que, más allá de las miles de etiquetas que se ven en la góndola diaria, el vino envasado en tetra brick sigue representando un buen porcentaje del total de litros de vinos que salen a la venta. De hecho, la Argentina ocupa el primer puesto en el ranking de países vitivinícolas que fracciona sus vinos en este tipo de envase. En aquella encuesta riverplatense, las marcas que aparecían de mayor a menor aceptación entre los hinchas eran Termidor (51,85), Uvita (25,93), Vino Toro (14,81) y Pico de Oro (7,41).

En La Boca el camino seguido es similar. El equipo de la mitad más uno del país tiene su etiqueta propia, bautizada de manera obvia como Azul y Oro. El slogan de venta es “Boca Juniors trajo una nueva copa” y, debajo, se lee otra leyenda: “Para degustar, coleccionar o celebrar cada triunfo”. También aquí se pavonean con el premio “Medalla de Oro”, medalla que se obtuvo en el mismo concurso donde la obtuvo River. Parece que en aquella cosecha, ambos clubes salieron empatados con el oro por sus Malbec. Tal vez el secreto sea (y esperemos que no se enteren los hinchas) que este Azul y Oro lo elabora, ejem, también Bodegas y Viñedos Baudrón de Maipú, en Mendoza. Así bosteros y millonarios se unen en las gargantas que castigan gritando en la cancha.


Quiero vale cuatro

En el pasado reciente era común que las bodegas hicieran campañas gráficas con la temática del vino asociada a los logros deportivos. Una publicidad de El Gráfico, de 1944, dice: “Otro campeón en La Boca. Vino León”. También Vino Arizu supo promocionar sus tintos y blancos con las caras de los goleadores de Huracán, River, Boca, San Lorenzo y la leyenda: “valores indiscutidos”. Es que se trata de dos consumos que supieron ser sinónimos de lo masivo, dos consumos en los que cada argentino de bien podía identificarse. En el ensayo El aguante: una identidad corporal y popular, de Pablo Alabarces y José Garriga Zucal, se arriesga una tesis sobre el “modelo del cuerpo del hincha”. Y dice: “Para ellos, las piernas y los brazos gruesos y musculosos fueron moldeados en la experiencia del trabajo pesado; las barrigas rollizas y caídas exhiben el consumo de grandes cantidades del alcohol (tanto que es común discutir si las panzas son ‘de cerveza’ o ‘de vino’); asimismo, conciben que los cuerpos grandes expresan experiencias de luchas anteriores”.

Pero si hay que buscar un caso emblemático, donde vino y fútbol fueron uno, se debe pensar en el equipo Godoy Cruz Antonio Tomba, cuya hinchada canta: “En un barrio de Mendoza hay una banda/ fuma chala y toma vino sin parar/ la que corre a todas las demás hinchadas/ la que nunca nadie la pudo aguantar,/ por eso yo soy tombino/ y te sigo adónde vas/ bodeguero… ponga huevo que tenemos que ganar”. Se autodenominan bodegueros, ya que este club de fútbol nació en una de las bodegas que llegó a ser en los años 40 la más grande del mundo, la bodega Tomba. Por eso, a sus fanáticos se los conoce como “los bodegueros”. Uno de sus primeros cantos era “hay hay hay tinto clarete y Toooomba”, estirando la oooo como se grita el gol, en referencia al clarete, un tipo de vino rosado resultante de la mezcla de uvas comunes tintas y blancas, que ya no se elabora. Sus primeras figuras eran incluso empleados vitivinícolas. Pero paradójicamente hoy el Tomba, a diferencia de los principales clubes del país, no tiene un vino oficial. En cambio sí lo tiene la Academia, y claro, se lo elabora Bodega Baudrón, que sigue sumando camisetas. El de Racing se llama -cómo no- La Academia y se vende como pan caliente, asegura un vinotequero de Villa Crespo.

Vinos botineros

El amor entre el fútbol y el vino -como espónsor- comenzó a diluirse cuando la cerveza le empezó a ganar la partida en el terreno del consumo masivo. La cuenta ya la conocen todos: de noventa litros por cabeza que se tomaban de vinos en la Argentina, se pasó en 1985 a sesenta y ocho,  para llegar a veintisiete litros en 2004. Y lo opuesto sucedió con la birra, que triplicó en ese tiempo su volumen. Los vinos llamados en su momento “finos” decidieron apuntar a medios de comunicación más segmentados, y el popular vino común dejó la publicidad masiva. Un ejemplo basta: desde 1998 la camiseta de la Selección Nacional es cervecera. Así, los últimos años conocieron de un nuevo tipo de relación vinofutbolística…. En los 90 surgieron los primeros intentos comerciales de bodegueros y emprendedores referidos a vinos de celebridades. Diego Maradona fue uno de los primeros seleccionados y tuvo desde un vino envasado en tetrabrick (“El Diego”), hasta un vino de alta gama con su nombre. En la página oficial de Maradó, www.archivo10.com, aparecen por ejemplo el “Divino 10”, un Cabernet Sauvignon; otro Cabernet cosecha 2002 al que llamaron “México Divino”, en referencia al Mundial 86; y “Napoli, el milagro” o “Boca La Pasión”, elaborados por una bodega chilena. A su vez la mendocina Raíces de Agrelo sacó una colección de vinos premium llamados Diego Armando Maradona, varietales que presentan en cajas de madera firmadas por el 10.

Y, como era de esperar, también Lionel Messi “tenía” que tener su vino. El mes pasado se lanzó la la línea de vinos “Leo”, recién salidos del arco de Casa Bianchi, y cuya recaudación irá para la Fundación Leo Messi. Seguramente serán un éxito, aunque -y volviendo a la competencia ya típica-, habrá que ver si vende más que “La mano de Dios”, el vino más vendido de Maradona, que logró tener ese sabor a revancha, sabor al gol que a tantos hizo llorar.

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