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Cine y Series

Lobo atado, cordero suelto

Todavía sorprendidos por la sensibilidad de su nueva serie Derek, entrevistamos a Ricky Gervais, una de las lenguas más afiladas de la comedia británica actual.

 

Por Sandra Martínez

Ricky Gervais tiene fama de lobo feroz. Una imagen cuidadosamente cultivada, que nace principalmente del humor exquisito y la ironía brutal de sus dos grandes creaciones: The Office, un falso documental sobre un grupo de oficinistas, que pese a ser cancelada por bajo rating después de su segunda temporada se convirtió en un programa de culto y tuvo una muy buena remake norteamericana; y Extras, una sitcom sobre la trastienda del mundo del espectáculo, que en su vida también breve contó con grandes actores invitados como Kate Winslet o Ian McKellen, haciendo de ellos mismos. Pero a sus ficciones, que artesanalmente se encarga de escribir, dirigir y protagonizar, Ricky sabe añadir como condimento una personalidad extrovertida de apariencia algo pedante y una lengua desatada que lo convirtió en el más polémico anfitrión de entrega de premios, cuando en 2010 abrió la ceremonia de los Golden Globes con un discurso brutal donde masacró a las estrellas presentes, acusando –apenas sutilmente– a Tom Cruise de “hacer de hétero cuando es gay” o llamando a Bruce Willis como el papá de Ashton Kutcher, en referencia a que Willis había sido pareja de Demi Moore más de 30 años antes que Kutcher.

Es esa fama la que vuelve tan sorprendente a Derek, su nuevo show, que forma parte del contenido propio producido por Netflix. Ambientada en un asilo para ancianos y con un cincuentón poco brillante y aspecto de weirdo como protagonista, uno se predispone con cierto resquemor a ver la serie y en seguida queda descolocado por una ficción sensible, donde lejos de pecar de cruel, Gervais se vuelve inesperadamente naive. Con su segunda temporada recién estrenada, buena recepción de la crítica y una fiel base de fans, hablamos con Ricky sobre este nuevo trabajo que muestra una inesperada faceta de uno de los mejores comediantes de la actualidad.

-Aunque muchos piensan que se trata de una nueva sitcom, Derek tiene tantos o más momentos emotivos que graciosos…
Yo soy muy feliz cuando logro hacer reír a la gente, pero me siento más orgulloso cuando la hago llorar. En realidad, siempre metí un poco de drama en mis programas. The Office era una comedia sobre un hombre pasando la crisis de los 40. Extras puede parecer una sátira feroz sobre la fama, pero en realidad trataba de un grupo de desafortunados amigos que se mantienen unidos mientas tratan de hacer algo de sus vidas y había mucho pathos y tristeza, particularmente hacia el final de la serie. Me gusta pensar que todo mi trabajo, aún el más divertido, sarcástico o irónico, es bastante existencialista. Incluso mis libros para chicos tratan sobre la futilidad de la existencia. Pero en The Office el problema era llegar a los 30 y 40, mientras que en Derek es cumplir 80 y 90 años, así que la seriedad es directamente proporcional y todo es un poco más triste. Cuando la gente muere no es como cuando dejan un trabajo; se van para siempre. Ése es el motivo por el cual provoca más emociones. Derek, además, es diferente porque todo es más sincero. Con mis otros personajes, David Brent y Andy Millman en The Office y Extras, nos reímos de ese punto ciego que es la diferencia entre cómo se perciben a sí mismos los personajes y cómo los vemos nosotros. En cambio, los personajes de Derek dicen lo que sienten y sienten lo que dicen. Eso también vuelve a la serie más dramática.

-¿Te resulta difícil encontrar el balance entre ambos tonos?
Es divertido porque mucha gente, incluso después de ver la serie, me pregunta si es drama o comedia. Y yo siempre respondo: bueno ¿qué es tu vida? ¿comedia o drama? La vida es una mezcla de ambas cosas, porque no importa lo buena que sea, vas a perder a alguien. Primero, llorás porque perdés una mascota. Después, perdés a tus abuelos y empezás a pensar que también vas a perder a tus padres, y a tus amigos y después vos también te vas. Así que no importa lo buena que sea la vida, las cosas malas siempre están ahí, son una amenaza. Este show es sobre sobre cómo lidiar con la vida y sacarle lo mejor.

-Como lidiar con la vida y con la muerte…
Hay dos temas en este show que están muy relacionados con la gente mayor. Como no les queda tanto tiempo, tienen que aprovechar lo mejor posible cada momento. Pero entonces lo pensás y te das cuenta de que eso es algo que tendrías que hacer desde ahora, a los 50, a los 60, a los 70, no esperar a llegar a los 80. Por otro lado, está la amabilidad. Estamos acá, vivimos 100 años si tenemos suerte y después no existimos más. Ya que estamos en eso, tratemos de hacerlo lo mejor posible y ayudemos a los otros, así ellos también pueden tener la mejor vida posible. Ésas son las ideas detrás de Derek.

-Hay también cierta crítica sutil al sistema y cómo deja de lado a los más débiles…
-Bueno, no apunté directamente a hacer una declaración política, comenzar una campaña o cambiar el mundo, ni siquiera a cambiar las actitudes u opiniones de la gente. Nunca fui tan pedante como para pensar que una sitcom puede generar un cambio radical en la humanidad. Pero, como siempre me enfoco en temas realistas y escribo sobre lo que sé, entonces inevitablemente aparecen problemas reales dentro de mis ficciones. Trabajé en una oficina por diez años y escribí sobre eso y realmente me preocupé por el detalle. Lo mismo con Extras, trabajé en los medios y traté de mostrar las minucias del ambiente y creo que esa autenticidad logra más conexión que algo que simplemente investigaste. Derek no es la excepción: todas las mujeres de mi familia trabajaron en hogares para ancianos. La gente que no sabe cómo es trabajar en una oficina, o en los medios, o en un geriátrico, de pronto se encuentra con esas cosas y piensa sobre esos mundos por primera vez. Entonces, la idea no era hacer prédica política, pero cuando algo es realista, la política y el comentario social están presentes. Creo que mi sátira es muy social, no política. Normalmente, no me ocupo de los gobiernos o las corporaciones. Me ocupo del manejo a pequeña escala y la mezquindad y los egos y cosas como ésas. Así que Derek no es más política que mis otros trabajos. Solo que probablemente es un tema más importante.

-¿Qué es lo que te llevó a crear el personaje de Derek?
Por lo general, tengo la idea de un personaje durante largo tiempo antes de desarrollarlo o ponerlo en una situación determinada o usarlo en algún proyecto. David Brent y Andy Millman nacieron mucho antes que The Office y Extras. Y Derek viene de muchos lugares. Está inspirado en gente muy común, muy normal, a la que probablemente no prestarías atención. Pienso que todo el mundo tiene una historia interesante para contar y siempre traté de convertir lo ordinario en extraordinario.

-¿Qué ventajas tuvo hacer esta serie con tu propia productora?
Para mí, lo importante nunca fue la parte administrativa o las ganancias, sino la libertad artística. Lo que me motiva a producir yo mismo es tener el control, pero no cambié el modo de trabajo, la forma de pensar o la forma de tratar con la gente. Yo siempre demandé tener el control final de la edición y nunca sufrí interferencias, sea trabajando con la BBC2, Channel 4 o con HBO. Claro que muchas veces quizás no obtenés ratings tan grandes en canales pequeños, pero siempre prioricé el control sobre el rating. Netflix tiene lo mejor de ambos mundos porque hay cero interferencia con el trabajo, pero el rating es excelente. Como artista, vos querés que tu trabajo lo vea tanta gente como sea posible, pero sin comprometer el contenido. Y esto es Internet: el límite es el cielo.

Gente como uno
Mucho antes de que la serie estuviera disponible para el público, voces ultrajadas se hicieron escuchar en las redes sociales. ¿Cómo se atrevía Gervais a burlarse de los viejos y los inválidos? Lo cierto es que el estreno de Derek demostró que el coro de indignados de siempre se había equivocado nuevamente. Los personajes de la serie son borders, sí. Lejos de la gran mayoría de la televisión actual, donde no importa si se trata de médicos, bomberos o nerds, todos parecen súper modelos y fashion icons, en Derek los feos, los pelados, los mal vestidos reinan con la dignidad de los espíritus nobles. “Siempre me fascinó ver cómo los que menos tienen ayudan mucho más que los que tienen un montón. Hice a Derek muy pobre, ordinario y no demasiado inteligente, pero lo hice así porque quería que su amabilidad arrasara con todo. Y de eso se trata el show: no importa lo que pase, la amabilidad es más importante que cualquier otra cosa”, explica Ricky.

-Hubo mucha discusión previa a la serie sobre los temas que iba a tocar y cómo podías llegar a abordarlos vos, que sos conocido por tu humor despiadado. ¿El humor tiene que tener límites?
-Hay una observación que dice que la comedia es tragedia más tiempo. Si algo terrible ocurre hoy, no vas a hacer chistes, pero en 20 años quizás sí puedas bromear sobre eso. Creo que es una muestra de cómo funciona el humor. El humor cura. Ayuda a superar cosas. Es medicina.
El problema con la ofensa y el humor es que es algo muy subjetivo. Cualquier cosa que digas puede ofender a alguien. Así que podés hacer chistes sobre cualquier cosa, pero yo pienso que hay que hacerlo con compasión. No hacés un chiste justo después de una gran tragedia, sólo porque no es una actitud demasiado agradable. No tiene nada que ver con la comedia en sí, tiene que ver con ser un ser humano agradable. Es una buena regla para la vida, más allá de la comedia.

-Y a vos, ¿qué te hace reír?
-Me gustan todas las formas de comedia. Crecí con los Monty Python. Me gustan cosas realmente sutiles e inteligentes y me gustan también cosas tontas. Un animal puede hacerme reír, porque me pregunto qué está pensando, me encantan las personificaciones de animales. Las situaciones raras me hacen reír. El enojo es gracioso, la vanidad es graciosa. La humanidad es graciosa en general. Para mí, la persona más graciosa no es el comediante profesional, sino alguien que conocés muy bien, un hermano, tu papá o tu mejor amigo, porque tenés una conexión real con ellos. Yo creo que tiene mucho que ver con que te guste la persona: si estás en un lugar y alguien que te cae mal hace un chiste, no te dan ganas de reírte. La comedia está muy vinculada con la empatía. De hecho, los antropólogos creen que la primera pieza de comedia probablemente fue un cavernícola tropezándose o golpeándose la cabeza, que hizo reír a la gente porque sabía que no lo hizo a propósito. Y eso es lo que lo vuelve gracioso, porque se identificaron con él, pensaron “ah, a mí me pasó eso, no fue a propósito, está sorprendido o enojado”. No importa la edad que tengas, un hombre de negocios resbalando con una cáscara de banana te va a hacer reír. O un bebé vomitando a alguien. Es algo primitivo, no podés evitarlo.

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