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Las grandes piedras

Las montañas invitan a la aventura. Transitar el camino del motañismo supone paciencia, buen estado físico y una seria evaluación de los riesgos.

Por Martín Llambí
Fotos: Bruno Bertagna

Adrián Sánchez (37) es profesor nacional de Educación Física. También es director e instructor del “Curso de Montañismo de Altura” del Centro Andino Buenos Aires. Ha realizado más de 200 escaladas y ascensiones en los principales cordones montañosos de América, Asia y Europa. En febrero de 2009 finalizó el proyecto de escalar las 10 cumbres más altas de América y en agosto de 2010 hizo cumbre en el Monte Cho Oyu (8.201 metros), ubicado en la frontera de Nepal y Tíbet, en los famosos Himalayas. Para un montañista ir a los Himalayas es como ir a los Juegos Olímpicos. En montañismo el éxito a veces puede ser hacer cumbre y otras puede ser sobrevivir. Este es una suerte de cuaderno de bitácora de Sánchez, sus anotaciones; viñetas necesarias a la hora de enfrentar ese desafío enorme y majestuoso llamado montaña.

Respeto, resistencia y forma de vida

El montañismo de altura es un deporte de alto riesgo. Pero hay maneras de disminuirlo. Para practicarlo con seguridad es imprescindible el conocimiento de una serie de técnicas. Y dentro de la formación del montañista, otra clave es sumar experiencias en forma progresiva. Ir paso a paso. Esto quiere decir que primero se suben montañas de 4 mil metros, después de 5 mil y así sucesivamente. La preparación es gradual. Por eso el alto rendimiento en la actividad comienza a los 35 años, cuando uno ya acumuló experiencia para poder tomar las decisiones correctas. La actividad se basa en la experiencia. Además, la resistencia aeróbica, que es clave, se puede mantener durante toda la vida si uno sigue entrenando. Para superar los 8 mil metros, la edad óptima se ubica entre los 45 y los 55 años. Hay personas de 50 años que se inician en el montañismo y suben el Aconcagua sólo tres años más tarde.

En el Cho Oyu el sol se refleja en el hielo, la nieve y los glaciares. Entonces durante el día la sensación térmica puede estar entre los 30 y 35 grados. Y a la noche la temperatura puede ser menor a los 15 o 20 grados bajo cero. En esta montaña las principales dificultades son los glaciares, las grietas, las nevadas con posibles avalanchas y la probable falta de oxígeno. Sánchez fue en una expedición deportiva, sin tubos de oxígeno, ni porteadores de altura (sherpas). En la cumbre tuvo el 50 por ciento de oxígeno que en el nivel del mar. Psicológicamente fue durísima: en la montaña había 458 occidentales y 800 orientales. De esas más de 1.300 personas, solo lograron la cumbre cinco.

Sánchez considera al montañismo como una forma de vida: es una actividad deportiva que forma a la persona. Por otro lado, existe un aspecto comercial en el montañismo que por ejemplo lleva a un oficinista a querer sacarse una foto en la cumbre del Aconcagua sin tener la preparación adecuada corriendo riesgos enormes. Eso es justamente lo contrario al montañismo.

Riesgos y estrategias

Hay paisajes que sólo se conocen caminando o escalando. Muchas veces los montañistas llegan a lugares por donde no ha pasado nunca nadie. En Catamarca, Sánchez fue el único en subir determinadas montañas. Por eso, a una le pudo poner el nombre de su mamá. La montaña le da a uno la posibilidad de superarse, afirma. Y si uno está preparado, casi no sufre lesiones porque es una actividad lenta.

Sin embargo, de inmediato, el montañista aborda los principales riesgos. Si uno evalúa mal el escenario, puede tener consecuencias drásticas. Por ejemplo, si cambia el clima y uno se encuentra en el lugar incorrecto, es probable que haya actuado con negligencia. La meteorología y el reconocimiento del terreno son fundamentales. Los riesgos son: congelamiento, avalanchas y falta de oxígeno.

Por eso, hay que caminar como un viejo para llegar como un joven. Lo que se hace rápido, no tiene buenos resultados. Preparado, con perseverancia, se llega a buen destino. Tal vez, no se llegue a la cumbre. Pero muchas veces las mayores satisfacciones están en el camino. Los viejos montañistas dicen que a la cumbre hay que llegar con la mitad de las energías para después poder descender.

Ultimos consejos

Para Sánchez, las mejores montañas de América son el Huascaran en Perú, el Aconcagua -en solitario, a partir que se abrió una nueva variante en la cara Oeste- y el Walter Penk.

Para el montañista, el viaje comienza cuando se empieza a soñar. Después, es cuestión de capacitarse. El Curso de Montañismo de Altura es un primer paso: equipo, indumentaria, aclimatación a la altura, alimentación, hidratación, temas médicos en montaña, navegación, planificación, terrenos, preparación física, preparación técnica y meteorología.

Para comenzar la práctica, hay una palestra en el Cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) que es de piedra natural. Es la única de este tipo en la Argentina y una de las más grandes de Sudamérica. Por su tamaño, por la calidad de piedras y por tener fisuras escalables, es el lugar perfecto para prepararse antes de las grandes escaladas en montaña.
Otro tipo importante es tener en cuenta que en invierno el montañismo es mucho más duro que durante el resto del año. Pero también es mucho más atractivo, presentando paisajes únicos. Mendoza está entre los mejores sitios del país ya que tiene una gran variedad de opciones y grandes montañas. Pero sería injusto no nombrar al resto de las provincias cordilleranas, todas ellas en mayor o menor medida tienen hermoso e imponentes desafíos para esta época del año. En invierno es importante ser prolijo con la elección de los objetivos en base a la experiencia de cada uno, realizar correctas lecturas meteorológicas y evaluar bien los terrenos nevados antes de ingresar.

El equipo, por supuesto, es imprescindible. Hay que llevar una muy buena campera de duve de expedición, mitones de pluma, máscara de neoprene, botas dobles, ARVA (Aparato Rastreador de Víctimas de Avalanchas), equipo de rescate, botiquín, grampones, piqueta y opcional, según el objetivo, raquetas de nieve o esquís de travesía.

El resto, claro, lo pone la montaña.

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Algunos tips fotográficos
Por Bruno Bertagna

El fotógrafo de esta nota practica montañismo. Y estos son sus consejos para subir y guardar buenas imágenes de la aventura.

Cuidar la energía
Las baterías se descargan rápidamente con el frío y los enchufes son difíciles de hallar en estas zonas montañosas. De noche, el fotógrafo se verá compartiendo su lecho de hielo y piedras con la cámara, para mantenerla tibia, con su botella de agua, para evitar que se congele, con la linterna y con casi toda su ropa, para no tener que vestirse con prendas heladas.

Llevar la cámara lista para disparar
Es sorprendente lo rápido que se enfrían las manos cuando nos quitamos los guantes para ajustar la abertura de diafragma. Dedos entumecidos redundan en incapacidad de operar las funciones de la cámara, apretar el disparador o incluso volver a guardarla en su estuche. Es vital que las manos no lleguen al punto de enfriarse tanto que se vuelva imposible volver a colocar los guantes.

Asegurarse, siempre
Poseído por el éxtasis creativo, el fotógrafo se ve tentado a olvidarse de la seguridad, trepar a lugares expuestos o colocarse en posiciones precarias a la espera de la luz ideal. Un resbalón o un golpe de viento en estas circunstancias puede tener consecuencias indeseables.

Abrigarse
Todo abrigo es poco para el fotógrafo que, en medio de la noche, se sienta en una piedra helada a realizar exposiciones de varios minutos. Trepar una pared oscura con el trípode al hombro, buscar el punto de vista ideal y gritar a los compañeros que enciendan sus linternas, es tiempo suficiente para que el frío agote la inspiración del fotógrafo más tenaz.

Abrazar la cámara como si fuera la única
Cualquier objeto que ruede cuesta abajo se alejará de nosotros a la velocidad de cientos de metros por segundo, sin importar el afán que hayan puesto los japoneses en su fabricación. Recordar esto al momento de sostener la cámara con una sola mano en busca de encuadres creativos.

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