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Literatura

La vida según Kundera

Después de 14 años de silencio literarrio, el autor de La insoportable levedad del ser vuelve con una novela corta. 

Por Florencia Canale
Ilustración: Juan Natch 

¿Es una obligación, a cierta edad, imponer a toda costa el relato de la vejez? Pasados los 70 años –en este caso, para mayor exactitud, los 85- pareciera imperioso zambullirse en las aguas del inevitable paso del tiempo y la cercanía feroz de la muerte. Esto es lo que hizo Milan Kundera con su flamante nouvelle La fiesta de la insignificancia, luego de catorce años de silencio literario.

A partir de la interacción de cuatro amigos en este renovado espacio novelesco, el escritor checo más popular de la segunda mitad del siglo XX intenta reflexionar acerca del humor, pero sobre todo, de lo insignificante que es ser un sujeto vital en la actualidad. Y quién mejor para hacerlo que un señor que cruzó el charco de la mediana edad hace tiempo ya.

Tiempo de gitanos
Milan Kundera nació en la ciudad de Brno, Checoslovaquia, en 1929. Gracias a su padre, que era un musicólogo relevante y que le había pasado sus conocimientos, empezó ganándose la vida como pianista de jazz. En su juventud y dominado por el fervor de esos tiempos, se afilió al Partido Comunista, del que fue expulsado en 1948.

La tendencia hacia el arte lo llevó a empezar sus estudios de Literatura y Estética en la Universidad Carolina de Praga, pero luego se pasó a la Facultad de Cine, la que finalizó en 1952. A los cuatro años reingresó al Partido pero en 1970 fue echado definitivamente por disentir con sus posiciones de cómo llevar el marxismo leninismo a la práctica.

Irrumpe en el mundo de las letras en 1967 con su novela La Broma, que fue traducida a 12 idiomas y al año siguiente obtuvo el Premio de la Unión de Escritores Checoslovacos. Pero la alegría le duró poco. Ese mismo año, su país sufrió la invasión soviética, y nada contentos con las formas con las que Kundera retrataba al stalinismo en su novela, fue prohibido y quedó desempleado. Luego de mucho trajinar, logró emigrar a Francia en 1975 y dio clases durante cinco años en la Universidad de Rennes, para luego mudarse a la École des Hautes Études, de París.

El hombre siguió publicando –novelas, relatos y poesía- a pesar del idioma. “Elegí el lugar donde quería vivir y también elegí la lengua en la que quería hablar”, señaló en su libro de ensayos Un encuentro.

Encontró su lugar en el mundo de inmediato. A partir de la escritura pudo expresar su universo y rápidamente se convirtió en “el niño mimado” de Europa. Su novela La vida está en otra parte obtuvo el Premio Médicis a la mejor novela extranjera publicada en Francia, y La despedida fue galardonada con el Premio Mondello al mejor libro editado en Italia. Mientras que en otros países celebraban su obra, en 1979 su lugar de origen decidió quitarle la ciudadanía.

Levedad del ser
Sin embargo, Milan Kundera devino en icono de la posmodernidad gracias a su novela más célebre, La insoportable levedad del ser, publicada en 1984 y luego llevada al cine bajo la dirección de Philip Kaufman. No existió señorita que no quisiera ser Juliette Binoche o Lena Olin, además de descubrir la personalidad de Daniel Day Lewis, que arrasaría en las pantallas, con los años. La consagración del novelista de masas bienpensantes, desembarcó con la historia del cirujano y su triángulo amoroso.

El hombre siguió publicando hasta que detuvo la usina, para regresar a la escena en 2014, con su nueva historia. Hace tiempo que no da notas, hace años que prefiere el misterio de la invisibilidad. Salvo cuando se meten en su propia historia, más vinculada a las ideologías. En 2008, una revista checa lo acusó de haber delatado, en 1950, a un estudiante a la policía comunista. Ese estudiante luego sufrió 22 años de cárcel. “No trabajé para la Policía Secreta. Todo es una mentira”, se defendió entonces, y recibió el apoyo de Philip Roth, Salman Rushdie, Nadime Gordimer, J.M. Coetzee y Gabriel García Márquez, entre otros. ¿Habrá sido una vendetta por no haber ido a recibir, un año antes, el Premio Nacional de Literatura? Kundera adujo problemas de salud y no fue. No volvió a pisar suelo checo. Parecería que el romance entre la República Checa y Milan Kundera tiene a mal traer al mundo. Recién en 2004, su best-seller de la levedad del ser fue publicado allí.

La crítica prefiere ubicarlo por fuera de fronteras que demarquen nacionalidades. Señalan que pertenece a otro territorio, a otra historia, a otra época del mundo. Mientras tanto, para luchar contra el tiempo que lo lleva indefectible a la muerte y el espacio que le niega patria propia, Kundera creó a estos cuatro flâneurs del siglo XXI que deambulan por París, miran jóvenes señoritas de pieles tersas mientras recuerdan anécdotas dudosas de los tiempos en el que existían los comunistas. No es la vida eterna ni su estatua en la plaza de la ciudad donde nació. Pero al menos es literatura.

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