Publicidad Bajar al sitio
Territorios

La troupe de las maravillas

Hoy montan en San Isidro la gran carpa del Cirque du Soleil, que en junio estrena su nuevo espectáculo, Corteo.

Por Sandra Martínez

El circo pudo haber evolucionado, pero si hay algo que no cambió en absoluto es la emocionante promesa escondida en una carpa recién montada en un solar cualquiera de la ciudad. Hay algo nostálgico, algo estético, algo emocional que conecta con la visión de las lonas rayadas y las luces de feria delimitando un espacio de magia. Y si el circo en cuestión se llama Cirque du Soleil, la expectativa está más que justificada. En su arena, quedaron desterrados los animales enjaulados, los magos berretas, las rutinas de payasos tristes. El Cirque revolucionó el género mezclándolo con elementos de otros espectáculos. La opulencia de la ópera, las coreografías de los musicales de Broadway, el glam de los recitales de rock, una fórmula de impacto empezó como su marca registrada y luego pasó a convertirse en el fundamento del nuevo circo y ayudó multiplicar los espectáculos y también las escuelas de trapecismo y otras técnicas del rubro en todo el mundo.

En junio, Buenos Aires recibe a esta troupe de las maravillas, que vienen a presentar, en nuestro país, su cuarto espectáculo. Este año es el turno de Corteo, un show que, según sus propios creadores, marca un antes y un después en la historia del Cirque du Soleil. “Muchas veces se dijo que hemos reinventado el circo y para nosotros es un honor, pero también genera una responsabilidad, que es no quedarnos estancados”, explica Bruce Mather, director artístico de Corteo. “Por lo tanto, Guy Laliberté –uno de los cofundadores y director ejecutivo del Cirque– estaba buscando algo nuevo y diferente, que al mismo tiempo homenajeara al circo original, porque es importante recordar las raíces”.

La idea finalmente llegó desde Italia a través de Daniele Finzi Pasca, un autor, director y coreógrafo italiano que se acercó a Laliberté con una propuesta osada: representar el funeral de un payaso. “No se preocupen”, tranquiliza Mauro Mozzani, el clown italiano que protagoniza el show “¡es el espectáculo más divertido del Cirque du Soleil!”. Es que lejos de un escenario lúgubre, este cortejo celebra la vida. “La base de Corteo son las memorias del payaso Mauro, que va recordando su vida, sus amores, sus amistades, sus momentos inolvidables”.

Cirque Du Soleil CorteoMorir, dormir, tal vez soñar
“Todos fantaseamos en algún momento con nuestro propio funeral”, dice Mather “y quizás el payaso en realidad está soñando o imaginando quiénes serán los que participen de su funeral”. Pero más allá de ese sugerente elemento onírico, Corteo es el más narrativo de los espectáculos que Cirque du Soleil trajo a nuestro país. Esa historia, que transcurre gran parte en un plano que se encuentra entre la Tierra y el Cielo, exige también un trato más ambicioso a nivel técnico, al punto que Mather asegura que “debería ser un espectáculo fijo y no algo que se monta en 90 camiones para salir de gira”. Y, sin embargo, aquí están.

Con más de 20 números, entre los que hay unos candelabros gigantes de los que penden como caireles un grupo de acróbatas sexy; bowls tibetanos, danza de helio, malabares con los pies, dúo de correas aéreas y mucho más, el reparto es tan amplio como lleno de talento. “Ellos son el secreto del Cirque du Soleil”, dice Mather “y la nuestra es una labor de amor. Tomamos personas que vienen del mundo del deporte, que desde los seis años pasaron sus vidas en gimnasios mientras sus amigos jugaban en la calle y conocen el mundo de la disciplina sin emoción. Y nosotros buscamos dentro de cada uno de ellos la gracia, los motivamos para que expresen quienes son realmente. Éste es el ejercicio más fascinante, aprovechar ese don increíble que tienen en el mundo del deporte y convertirlos en gente del mundo del espectáculo”.

Victorino LujánUn payaso argentino por el mundo
Victorino Luján es un gigante. No sólo sobresale entre las gráciles figuras de los trapecistas y acróbatas por sus más de dos metros de altura, también lo hace con su grave vozarrón. Esas particularidades físicas dificultaban la tarea cuando el actor argentino buscaba trabajo en los canales y teatros porteños, pero resultaron decisivos cuando los cazatalentos del Cirque du Soleil lo encontraron en una obra infantil en Buenos Aires. Después de participar en varios casting, y cuando ya estaba perdiendo la esperanza de que su sueño se hiciera realidad, llegó la oportunidad de la mano de Corteo, con un papel hecho –literalmente– a medida. Victorino es el Payaso Gigante, cantante de ópera aficionado y fiel amigo del Payaso Muerto. “Corteo transmite que muchos mundos pueden coexistir al mismo tiempo, que puede haber armonía y belleza en la diversidad”, dice Victorino, que se sumó al elenco en 2005, con el show todavía en desarrollo, pero todavía siente cosquillas en el estómago a la hora de salir a escena. “La gente puede pensar que con diez funciones por semana el trabajo resulta repetitivo o los artistas se cansan, pero se siguen sintiendo los nervios. Sabemos que el público ve el show por primera vez y nuestra misión es verlo nosotros también con esa mirada fresca. Ésa es una de las formas de mantener el espectáculo vivo después de tantos años”.

Mauro Mozzini también está en Corteo desde sus inicios y el personaje del Payaso Muerto tiene mucho de su propia historia. “No sólo represento el personaje, participé en su construcción, que fue un ida y vuelta con el director. Entonces, hay muchas cosas que son de mi vida pero con una visión universal, más comunicativa.” Con mucha más presencia en la arena que la que tienen los clowns en otros shows de la compañía, Mauro lleva adelante un desafío en constante evolución: “Nunca se sabe qué es lo que va a funcionar con cada público, sobre todo con la comedia. Por problemas de traducción, de timing, es más fácil que falle, pero es más interesante porque hay que buscarle la vuelta, hablar con la gente para entender los códigos del lugar. Igual, como este espectáculo es muy italiano… no vamos a tener problemas en Argentina”, concluye con una sonrisa.

“El Cirque du Soleil requiere un nivel de compromiso muy grande, la gran expectativa del público nos obliga a superarnos cotidianamente”, dice Victorino, que esta vez tiene esa mezcla de ansiedad extra y tranquilidad que implica jugar de local. Con un público que, según pinta Mather, no es fácil de deslumbrar. “Los argentinos son artísticos por naturaleza, lo llevan en el ADN. Eso los vuelve más exigentes, así que tenemos mucha expectativa sobre su reacción al espectáculo”. Pero, ¿quién puede dudar que volverán a maravillarnos con su magia?

×