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La santidad esquiva

La última función de La mujer puerca en la Casa del Bicentenario es una opotunidad única para ver uno de los unipersonales más interesantes de los últimos años.

Por Noel Jessen
Foto: Nora Lezano

La boletería abre a las 18:30, pero a esa hora la fila de gente esperando para retirar su entrada serpentea abandonando el antiguo edificio de estilo neoclásico donde se ubica la Casa Nacional del Bicentenario. Los rezagados que llegan unos minutos más tarde, descubren con decepción que las entradas -que son gratuitas- ya se agotaron. Es que La mujer puerca, originalmente estrenada en 2012, convoca fanáticos en cada regreso a escena, incluyendo a aquellos que ya la vieron y quieren repetir la experiencia, y los que, atraídos por los comentarios que corren boca a boca, quieren verla por primera vez.

La obra es un unitario que arrasa con los prejuicios de aquellos que no son amantes de los unitarios. Solitaria y magnífica, el talento de la actriz Valeria Lois compensa la falta de escenografía, vestuario y elenco en ese escenario despojado donde empieza a relatar su historia, la historia de una chica que quería ser santa pero su naturaleza le jugó en contra. El clima de confesionario le sienta bien a una trama que gira en torno a lo sagrado y el tono ligero del comienzo se vuelve intenso y doloroso a medida que la religión empieza a cruzarse con temas conflictivos, a medida que el deseo de beatitud se complica y poner la otra mejilla se le vuelve más difícil.

Lois, que con sus papeles en las telenovelas Guapas y Día y noche alcanzó a un público más masivo, se luce como nunca gracias al texto de Santiago Loza, uno de los dramaturgos más interesantes de la actualidad, al punto que el público estira el aplauso rotundo del final, como negándose a terminar la velada.

La mujer puerca tendrá este viernes una segunda función en la Casa del Bicentenario (Riobamba 985). Una oportunidad para aprovechar, llegando bien temprano para asegurarse una entrada. No digan que no les avisamos.

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