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Música

La reina de la canción

Hija de uno de los símbolos más importantes de la música uruguaya, Rubén, El Negro, Rada, Julieta no se asusta de su apellido.

Por Eduardo Fabregat
Fotos: Alejandra López
Producción: Andy Benegas

Quizá porque la música fue algo que se metió naturalmente en su cuerpo y alma, a Julieta Rada ya no le asusta el apellido. Hay que convenir que no debe ser fácil pararse en un tablado uruguayo con esos antecedentes, pero Julieta ya viene haciendo lo suficiente como para que alguien insinúe siquiera que los lugares ocupados tienen que ver con su ascendencia. Su ascendencia es el Negro Rada, nada menos, pero la chica ya tiene su propia descendencia: Afro-Zen, el disco que acaba de cruzar el charco para dar cuenta de una voz privilegiada, capaz de moverse con comodidad en el terreno del soul, el funk y el hip hop estadounidense, pero inevitablemente enriquecida por el color y el sabor del Río de la Plata. Y con un seleccionado de músicos y productores que ponen el marco ideal para que brille esa voz: con el comando del notable guitarrista Nicolás Ibarburu (guitarrista y co-compositor junto a Julieta) y Nico Cota (percusionista y tecladista de largo historial en bandas elegantes argentinas y reconocido aportante al sonido de Illya Kuryaki & the Valderramas), las apariciones estelares de los hermanos Fattoruso y una banda con todo el groove necesario, Julieta no necesita ningún Autotune que le venga a rectificar nada. Es pura sangre.La piba argentino-uruguaya que se sienta en un bar de Belgrano está lejos de la imagen comehombres del arte de su disco, o la imagen sensual que exuda al actuar en vivo. Está sencillamente vestida para combatir el frío, pide disculpas por la congestión que está intentando combatir y se acomoda frente a la situación de entrevista con una advertencia que reaparecerá durante la charla: “Yo siempre fui muy tímida”. Cabe preguntarse si crecer en una casa donde se respiraba música ayudó en algo a superar eso.
-Mis recuerdos son de mucha naturalidad… mi papá nos incentivó mucho con la música pero desde un lugar muy inocente. Nos sentaba, se ponía a tocar las congas, cantaba, nos decía “a ver, cantá” y armaba unas cosas en el momento que eran increíbles. El otro día vi un video y dije papá estaba loco, nos hacía cantar unas cosas redifíciles… su forma de jugar era esa, nos hacía cantar y bailar, ponía música, nos hacía armar coreografías a los tres hermanos.

-Lo loco hubiera sido si salías abogada…
-Y siempre nos decía “qué querés, ¿vivir toda tu vida en una oficina?”, como si fuera una tortura. Y para él lo era, y para mí también. Siempre fue muy natural.

-¿En qué momento eso se convirtió en una elección profesional?
-Es que yo primero arranqué con la danza. Era tímida, no hablaba, entonces la danza me venía bien. Bailaba clásica y moderna, y me encantaba Michael Jackson, pero mi madre y mi profesora de danza me dijeron que para bailar así tenía que estudiar clásico. Es como para tocar piano: el que estudia piano tiene que pasar por Bach y Beethoven. Y como todo, hay que estudiar la base para después ramificar.

-Disciplina… ¿Qué pasó con el clásico?
-A los 13 tuve una hernia de disco y tuve que parar un poco con el baile. Me puse muy triste porque quería ser bailarina, no del Colón porque no me interesaba, pero sí quería bailar muy bien. Y siempre me gustó todo el arte, pintar, tocar el piano, pero el canto lo tenía ahí, lo hacía en mi casa, en el baño y nada más. No me salía, porque realmente era muy tímida, no hablaba y cantar iba mucho más allá de hablar con la gente… me decían “cantá” y se me cerraba la garganta.

Vozarrón tímido
En Afro-Zen, Julieta Rada entrega performances vocales de campeonato, con el aire juguetón de “Flecha verde” (compuesta por don Rubén) y la soltura soul de “Escalera al mar” y “Visionarios” (junto a Martín Buscaglia), la invitación al baile Motown style de “Encendida” o “El ritmo no va a parar”, la melancolía perfecta de “Your star” (de y, lo más importante, con Hugo Fattoruso al piano), y la calculadora dulzura de “Velocidad crucero”, intercambiando raps con Dante Spinetta. Repasar las canciones, tan contundentes, y las declaraciones sobre esas dudas iniciales, produce cierta extrañeza.
 
-¿Qué cambió?
-En la adolescencia me puse a escuchar mucho Christina Aguilera, Britney Spears, Spice Girls, y me agarró la onda de querer cantar. Me ponía los dvds y cantaba encima de Mariah Carey… ahí dije “quiero escuchar canto”; papá también me impulsó a estudiar, pero como quien dice “andá a meterte en clases de ajedrez”, no como un mandato.

-¿Qué cosas te dio cantar profesionalmente que te permitieron vencer eso? ¿O en realidad no venciste la timidez, solo la corrés a un lado para poder cantar?
-La trato de correr todo el tiempo para poder vivir, es un desafío que supero todos los días. En mi primera clase de canto planteé eso, que quería vencer la timidez. Y las primeras clases cantaba así de chiquito, no abría la boca, pero el canto me ayudó. Me pasaba también en el baile, que en las clases estaba súper tranquila y cuando subía a bailar me destapaba y me lucía.

-Es común entre los artistas: bajan del escenario y son otros. No necesariamente tenés que ser la misma persona…
– Me gusta esa ambigüedad, me parece atractiva. Vi en un documental de Beyoncé que era muy tímida, Michael también… Yo iba todos los domingos a un boliche en Montevideo, La Estada, donde tocaba un grupo que se llamaba La Celeste: ahí tocaban los mellizos Ibarburu, el bajista y cantante Urbano Moraes y el pianista y cantante Gustavo Montemurro. Hacían versiones de músicos uruguayos y yo era muy fan de ellos, iba todos los domingos a escucharlos con mi papá. Cuatro tocadores de alma: cada domingo tocaban más o menos las mismas canciones pero eran siempre distintas, era maravilloso, cada día salías sorprendida. Eran amigos de papá, claro, y yo era un bichito que andaba siempre por ahí: siempre me decían “cantá” pero para molestarme, pero un día canté y lo superé. En el cumpleaños de Urbano, que para mí es como un tío, canté una canción de él y me solté… canté bajito pero superé ese miedo.

-Todo un paso.
-Fue gracias a mi profe, que me animó. A partir de ahí me empezaron a llamar, pero yo tenía el miedo de que me llamaran por ser la hija de Rada, sufría, lo hablaba con mi psicóloga. Después entendí que aunque seas hijo de alguien, si cantás horrible no te llaman. Y se armó un ciclo en un boliche enfrente a La Estada los jueves, con los mismos músicos, haciendo covers, otro plan. Ahí me fui fogueando.

-Un profesor te puede preparar, pero actuar todas las semana es el resto de la formación, ¿no?
-Y Urbano, que es uno de los últimos hippies, me lanzaba, me decía “toquemos tal canción”, y lo hacíamos sin ensayar, al momento. Aprendí mucho de encarar arriba del escenario , fue una gran escuela.

-¿Cómo llegaron las canciones, y el disco?
-La idea surgió cuando estaba grabando con Nicolás Ibarburu, que se lo estaba produciendo Nico Cota: los dos me dijeron que querían producir mi primer disco, y me emocioné muchísimo. Yo no tenía canciones, hacía cosas y las tiraba, pero tenía un loop y me guardaba cosas, no las mostraba. Entonces fui buscando canciones, algo de papá, de otros músicos, pero los dos me dijeron que tenía que hacer material propio: le mostré a Ibarburu lo que tenía en el loop y me dijo “acá está el disco”. Con el tiempo empezamos a salir y a componer juntos, y estuvo bueno por su experiencia.

-Está bueno que se junte lo intuitivo y el oficio del músico.
-Igual Nico es volátil, eh… pero empezaron a surgir las canciones, íbamos grabando a medida que salían pero estuvimos como dos años, porque grabamos en Montevideo y en Buenos Aires y en esas idas y venidas se fue perdiendo más tiempo, hasta que papá armó un estudio allá y ahí le dimos el último empujón.

-Debe ser un orgullo compartir grabación con semejantes músicos. Los Fattoruso…
-Por más que son muy conocidos, yo los conozco mucho, les tengo miedo, a Osvaldo no porque tengo otra relación, toqué con él mucho tiempo en un boliche y hay otro vínculo (N. de la R.: la entrevista fue realizada antes de la muerte del músico), pero con Hugo tengo mucho miedo, tiemblo, lo veo tocar y me emociona, me pongo a llorar. Con Nico hicimos un ciclo nosotros solos y hacíamos ”I can’t wait”, de Homework, y se la mostramos pero él dijo que tenía que grabar “Your star”, y hasta me invitó a cantarla en el Solís. Con la aprobación de él fue todo más fácil.

-¿Y ahora?
-Ahora la idea es tocar mucho, cruzar a mostrarnos en Buenos Aires pero seguir en Uruguay, y de a poco ir pensando cosas para el segundo disco. No es que me aburra del disco, le tengo cariño y hay que darle aire. Si no es como Hugo, que graba un disco y sale a tocar… ¡y sólo hace canciones nuevas!

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