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Cine y Series

La nueva odisea espacial

Como Kubrick lo hizo en su momento, Nolan se pregunta que sería del hombre si se lanzara a las estrellas, en su película más ambiciosa.

Por Sandra Martínez

Si para Christopher Nolan Inception fue el viaje al interior de la mente humana, Interestelar es su opuesto complementario, donde el director mira hacia el horizonte más lejano de la humanidad, las galaxias más allá de nuestro alcance. Con el espíritu inquieto que marca su carrera y lo llevó a aventurarse en todo tipo de géneros, su nuevo trabajo parte de un tema clásico de la ciencia ficción: la humanidad obligada a emigrar del planeta para sobrevivir.

No hay grandes cataclismos ni plagas. Simplemente la sobrepoblación condujo al hambre y sumada a los cambios climáticos, la raza humana fue diezmanda. Los sobrevivientes viven un día a día ensombrecido por tormentas de polvo, con la mirada puesta en el suelo que debe producir alimentos. Excepto un ingeniero y piloto de la NASA retirado, que se niega a bajar su mirada de las estrellas que debían ser nuestro destino. Ese elemento humano balancea eficientemente el peso de la ciencia ficción dura, con una profusión de datos científicos que resultan abrumadores para el espectador que no posea un título en física cuántica. Con otra actuación sobresaliente, Matthew McConaughey es el corazón palpitante de la película, un padre que se arriesga a viajar a los confines del universo para darle un futuro a su familia. Su encanto de tipo de duro supera en magnetismo cinematográfico a las más espectaculares escenas de acción y efectos especiales. Y la relación con su hija, interpretada por Mackenzie Foy a los diez años y Jessica Chastain en la etapa adulta, mantiene durante gran parte de la trama un anclaje con la Tierra y termina por ser clave en su resolución.

 

La película se desarrolla como una épica espacial con algunos toques de drama y suspenso, hasta que de pronto se quiebra en una exploración metafísica. Este momento, que refiere indefectiblemente al viaje psicodélico del astronauta David Bowman al final de 2001: Odisea del Espacio, es donde se hace más patente el homenaje al film de Kubrick, que es el primero que Nolan recuerda haber visto. Pero mientras que Kubrick se hizo cargo de la vaguedad del final de su película, incitando a que el público elabore sus propias especulaciones, Interestelar se extiende en un cuarto acto para un cierre clásico y trillado. Sin dudas su película más ambiciosa y espectacular, pero no la más lograda, y aunque tiene momentos bellamente logrados y su despliegue artístico fue comparado con las obras de Malick y Tarkovsky, en conjunto deja la idea de que esta vez el director sirvió en su plato más de lo que podía comer.

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