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Cine y Series

La mujer detrás del maquillaje

Del cine nacional al jurado de Cannes, Martina Guzmán nunca se quedará en su casa esperando a que le llegue trabajo.

El delineador se posa sobre el párpado derecho de la mujer y ella, de golpe, se calla. Con los ojos cerrados y un mate humeante en la mano que no se mueve, se acomoda en la silla en silencio mientras el maquillador termina de aplicar los toques finales de su trabajo. No hay prohibición de hablar, pero ella prefiere esperar. Es que a Martina Gusmán,actriz, productora, madre y futura psicóloga, no le alcanza con tener la boca libre para expresarse. Necesita, literalmente, de todo el cuerpo. Es imposible saber si esto es a causa de su formación como actriz, que empezó a los siete años en una escuela de arte a la que iba por las tardes después del colegio, lo cierto es que Gusmán no hace nada a medias. Para su papel en La vida nueva, película que se estrenará en las próximas semanas, aprendió a tocar el piano con dos piezas que nadie recomendaría a un principiante: una de Schumann y otra de Bach. Hija de un profesor de teatro y de una vestuarista de cine, ser actriz fue siempre su intención y deseo. El escenario fue el primer terreno de juegos de la joven Martina, que recuerda que acompañaba a su papá al teatro desde chica para maquillarse y disfrazarse. Pero en un momento dado la actuación perdió su encanto y el mundo detrás de la cámara le llamó la atención. Consiguió un meritorio en producción a través de su madre, y le gustó tanto el trabajo que hizo una carrera en ese rubro. Hasta la fecha, catorce películas. Fue como productora que conoció a quien es hoy su marido, el director de cine Pablo Trapero. “El siempre me insistía para que volviera a actuar. Hasta que finalmente en Nacido y criado hicimos una prueba piloto, una semana de rodaje para ver cómo nos llevábamos en el set. Es un papel chiquito y lo pensamos así, porque no es lo mismo el vínculo productora-director que actriz-director, es muy distinto. Y la verdad fue que nos llevamos súper bien. A mí me dieron un montón de ganas de volver a actuar y planificamos juntos hacer Leonera. Ahí ya fue un protagónico y lo empezamos a pensar desde el arranque”, detalla. El resto es historia. una vocera laica Una mujer que debe enfrentarse con la crianza de su hijo dentro de una prisión. Una joven médica inmersa en el impiadoso detrás de escena de una guardia de hospital. Desde Leonera a Carancho, de a poco comienza a delinearse el perfil de los personajes que la atraen a Gusmán.

-Estás muy identificada con historias intensas. ¿Buscás esos papeles a propósito?

-Hay una parte mía que se siente atraída por estos personajes que tienen una connotación más social. Hay algo de eso de la actuación que me gusta. Esa posibilidad que tiene el actor de ser vocero de situaciones que por ahí mucha gente desconoce. Representar a personas en sus historias y, de repente, develar una realidad desconocida. Para Leonera estuve casi un año yendo a cárceles de mujeres, y durante mi investigación para Carancho estuve seis meses haciendo guardias médicas en un hospital en González Catán.

– Da la impresión de que elegís tus roles porque te van a dar la chance de meterte en un mundo que te interesaba previamente.

-Exacto. Siempre fui eligiendo los roles como intuitivamente, pero sí, siempre fue también en función de un mundo que me interesaba explorar, un personaje que sentía que tenía un desafío personal. De hecho, hice Una bala para el Che, una película uruguaya que se estrena este año, porque me interesó mucho lo que me decía este personaje. Una militante de fines de los 60, estudiante de psicología en los momentos previos a la dictadura militar en Uruguay. Hay muy pocas películas que hablan sobre ese momento previo a la dictadura, de cuál es el germen que hace posible que se llegue a eso.

-Dentro de poco también se estrena La vida nueva, donde interpretás a Laura, una profesora de piano dividida entre dos hombres.¿Qué te llamó la atención de la historia?

-Es una película muy intimista que habla de las crisis que se producen en las relaciones en torno de esta necesidad de dar amor y ser querido. El personaje está en una crisis muy fuerte con ella misma, se entera de que está embarazada y no sabe si quiere o no quiere a ese hijo, está en conflicto con su pareja. Su gran amor vuelve al pueblo y ella se enfrenta con esta situación. Es un momento en que tenés que decidir, blanco o negro, por dónde seguir. Por otra parte, me atrajo el mundo de la música, la sonoridad y la forma en que los intérpretes viven.

De la casa al trabajo

Bergman y Ullman. Fellini y Masina. La historia del cine nos ha dejado varias sociedades icónicas entre un director y una actriz. En pareja con Trapero desde 2000, Gusmán ha hecho tres films bajo su tutela y están próximos a comenzar a rodar su cuarta experiencia conjunta. Con la presencia de Ricardo Darín, la película se llamará Villa y se sumergirá en el mundo de los sacerdotes que viven y desarrollan su tarea pastoral en las villas de emergencia. Tienen un hijo, Mateo, de 9 años. Más allá de las distancias y las diferencias de época, es lícito suponer que todos tuvieron vivencias similares con la cámara apagada. “Nuestro vínculo siempre estuvo mediatizado por el trabajo. Es complicado, y es mentira que se puede separar, no separás nada. Estás colando los fideos y te encontrás hablando de lo que pasó en tal o cual escena, te despertás y hablás de la película. También tiene su parte linda. Es un trabajo creativo, y poder tener tanta confianza con alguien te da un nivel de entrega y de apertura que es genial. Con Pablo, una mirada y ya entendí qué quiere, cómo lo quiere, lo mismo él hacia mí. Es un código de conocimiento y de entendimiento muy lindo al momento de trabajar, porque te sentís muy contenida para explorar un montón de cosas”. En medio de los cacerolazos y con el país virtualmente en llamas, fundaron la productora Matanza en 2002, que ha sido el lugar donde han hecho todos sus trabajos juntos, y que continúa siendo un lugar al cual Gusmán sigue apostando fuerte. “Hemos hecho unas 17 películas en casi 10 años y nuestra idea sigue siendo la misma desde el momento en que empezamos. Generar un espacio de encuentro de directores con distintas miradas y propuestas que no son particularmente comerciales, pero que tienen ideas muy potentes para hacer llegar a la gente. Llegar a un punto de encuentro donde uno pueda compartir ideas, crecer y aprender de otros”, resume.

En la cima del mundo

Hasta el año pasado, el Festival de Cine de Cannes era un mundo apreciado por cinéfilos y algunos interesados en el jet-set internacional. Pero la presencia de Martina Gusmán en el jurado de la edición 2011 de pronto lo convirtió en un evento nacional del cual era imposible permanecer ajeno. Eso sin contar que sus compañeros para la ocasión fueron Robert De Niro, Jude Law y Uma Thurman, por nombrar sólo los más mediáticos.

-A poco más de tres meses de que estuviste en Cannes, ¿qué es lo que más perdura en tu memoria?

-Fue mágico, increíble. Hoy cuando miro para atrás y pienso que estuve comiendo con Kim Ki Duk, con los hermanos (Luc y Jean Pierre) Dardenne, con (Emir) Kusturica, con (Olivier) Assayas. Los hermanos Dardenne de repente nos dijeron a Pablo y a mí que habían viajado de Bélgica a París porque querían ver Carancho, que todavía no había llegado a Bélgica. Yo los amo y admiro todas sus películas. Escuchar eso de ellos fue algo indescriptible. Haber estado en Cannes con la posibilidad de ser parte de ese jurado, compartir veinte días viendo directores y películas increíbles, hablando y discutiendo en esa sala que es la mejor del mundo… Lo recuerdo como algo muy vertiginoso, casi como un sueño. Una situación que pasó de una manera muy rápida e intensa.

Con espiritu de grupo

Como alguien que se siente más cómoda trabajando en equipo, descarta convertirse en directora o guionista en un futuro. Sus experiencias como actriz la han acercado a otros campos y el año pasado se inscribió en la carrera de psicología. Pudo rendir seis materias y actualmente está cursando cinco más, siempre sujeta a sus obligaciones laborales. “Hoy tengo ganas de explorar proyectos como actriz, pero también quiero estudiar psicología. Tampoco es que pienso que voy a ejercer, no lo sé. Tal vez me sirva para construir personajes, tal vez haga una ONG donde pueda generar algo que mezcle la psicología con la actuación. No me veo sentada en mi casa como actriz y que me llamen para un papel, tengo algo del producir y del armar que me obliga siempre a buscar. Siento que tal vez todo puede confluir”, explica mientras termina el mate con un sonoro sorbo final. El maquillador vuelve a requerir su atención total y Gusmán asiente con una sonrisa. Vierte agua caliente sobre la yerba. Y la esponja que aplica una capa de base sobre su cara la llama a silencio. *