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La montaña mágica

Esquí tradicional, snowboard, esquí de fondo. La montaña espera como cada invierno a los que se animen a transitar sus pendientes

Por Martín Llambí
Fotos: Juan Cruz Rabaglia

Los juegos nunca se terminan para un chico que se cría en la Patagonia. Aunque a Matías Grebenar (36) lo que más le gustaba era esquiar todas las temporadas. Uno de los recuerdos más antiguos que tiene es de cuando tenía cuatro años y daba sus primeras bajadas. Eran pendientes suaves en el Catedral. A los seis, Grebenar entró al Club Andino Bariloche y empezó a vivir la montaña de otra manera. Se acuerda que se rateaba del colegio para ir al cerro porque al tema del esquí ya se lo tomaba en serio. También que, con algunos compañeros más grandes del club recolectaban cañas de colihue (de la familia del bambú) y las clavaban en el terreno. Entonces empezó a “pasar cañas” zigzagueando.

Por fin, a los siete, Grebenar empezó a competir. Es probable que en aquel entonces, ni soñara con que terminaría volando a 140 kilómetros por hora. ¡A los 18, bajó esquiando a 140 kilómetros por hora dando saltos gigantes! Cada persona establece una relación única con la montaña. Es evidente que de entrada, este muchacho se vinculó a través de la velocidad y la competencia.

Volar sobre tablas

“En nuestra época no había snowboard”, comenta Grebenar. El siempre se mantuvo fiel al esquí tradicional, aunque de más grande aprendió snowboard y practicó un poco de esquí de fondo. Se acuerda que, con el tiempo, en el club iban quedando cada vez menos. Es que el mundo de la competencia funciona como un embudo, en el que sólo van quedando los más rápidos. De chico, Grebenar compitió en varios centros de esquí del país: Bariloche y Chapelco (los más top), Esquel, Las Leñas y Penitentes. A los 15, viajó a Punta Arenas y Valle Nevado, para experimentar las pistas de Chile. Y a los 16, empezó a viajar por todo el mundo: Estados Unidos, Canadá, Europa. Grebenar estaba afilado y vivía siempre en invierno. El verano de acá, lo pasaba en el hemisferio norte. Siempre frío, siempre esquiando.

El mejor resultado lo obtuvo en el 93. Ocupó el lugar 11 en el Campeonato Mundial Juvenil en la categoría Combinado. El Combinado se compone de distintas disciplinas. “Descenso” es “el más recto, el más rápido, el que dobla menos, posición huevito, con saltos largos”. El “Súper Gigante” es un poco más lento, con más curvas. Después viene el “Gigante” y por último el Slalom, en el que se va zigzagueando entre cañas ubicadas a poca distancia. En aquel momento, Grebenar alcanzó en Canadá los 140 kilómetros por hora en la disciplina Descenso. A los 18 estaba en la cima deportiva y el final de cada temporada era gratificante.

Grebenar se retiró a los 20 para comenzar la universidad en Buenos Aires pero siguió yendo a Bariloche casi todas las temporadas siguientes. “Es un privilegio poder estar ahí arriba y tener la capacidad de bajar la montaña volando”. Siempre le gustó subir al cerro antes que nadie para tener la montaña entera para él. El clima riguroso y la nieve deben ser parte de la mística. Además dice que a veces extraña la competencia. Tal vez por eso, desde hace 4 años representa en Argentina a la marca Spyder, sponsor del equipo de esquí de EE.UU. y Canadá. Hoy, Spyder es también sponsor del equipo argentino. “Es una forma de devolverle algo al esquí”, reflexiona el emprendedor (www.outdoorcompany.com.ar). “Practiqué esquí de fondo y es otra cosa. Es como salir a correr durante horas solo, conectado con el bosque, cada tanto bajando una huellita. Es súper bueno para la cabeza.”

Please, please Mr. Postman

Por geografía y clima, Tierra del Fuego es la capital argentina del esquí de fondo. Pablo Brandeman es otro emprendedor vinculado a la nieve. “Este año abrimos en Ushuaia un snow park con cosas únicas en Argentina. Chequeate en el Face “Zona de Entrenamiento” para darte una idea”, comenta con entusiasmo. Brandeman se ríe de las noticias que se ven en televisión que hablan de catástrofe por las últimas nevadas en Ushuaia. “Por más que se sorprendan, Tierra del Fuego siempre ha sido y será el lugar más frío de la Argentina. Es cierto que debido a los cambios climáticos en nuestro planeta, en la última década las nevadas no habían sido tan fuertes pero ahora volvieron con fuerza…La ciudad sigue funcionando, y los esquiadores siguen esquiando.”

El esquí de fondo se trata de trasladarse por el terreno haya o no pendientes. Brandeman cuenta que en la temporada invernal, la única manera de llegar a Ushuaia en los comienzos de la ciudad, era por mar. Es que el paso cordillerano quedaba bloqueado. Entonces el medio de comunicación con los otros pueblos de la provincia era el esquí de fondo. Y los mejores practicantes eran los carteros fueguinos. Hoy, algunos cerros (como el Castor y el Krund) llevan los nombres de algunos de estos aguerridos esquiadores. Krund era conocido como “el Colorado”. “Con este nombre, seguro que creen que era irlandés…Pero no, era un hombre de descendencia indígena. Se dice que a Krund le agradaba tomarse unos tragos en sus cruces cordilleranos y las mejillas se le ponían rojas”, cuenta Brandeman. Con ese frío, ¿quién no se tomaría unos tragos para calentar las tripas?

Desde hace décadas, en Tierra del Fuego se entrenan esquiadores de nivel olímpico. “A principios de los setentas, Gustavo Giro, un increíble explorador antártico, estableció Tierra Mayor. Este fue el primer centro invernal que desarrolló actividades con trineos tirados con perros, caminatas con raquetas, y por supuesto, con el esquí de fondo, como principal protagonista. Así fue que sus hijos María y Gustavo llegaron a representar a Argentina en las Olimpíadas con excelentes resultados”. Ushuaia tiene el invierno más largo del país y entonces no sorprende que el equipo nacional de esquí de fondo esté integrado principalmente por personas de la región. Las competencias son como los maratones.

En esta disciplina, los esquíes son más angostos que los tradicionales, un poco más flexibles, mucho más livianos, y la mayoría no tiene canto filoso. Además, las botas son más parecidas a unas de trekking livianas, con un enganche en la punta que encastra en la fijación. El talón queda suelto y el esquiador puede propulsarse sobre la nieve como si caminara o corriera. Al esquí de fondo lo practican personas de todas las edades, desde niños pequeños de 3 o 4 años ¡hasta mayores de 80! “Se trata de un deporte aeróbico muy sano, que nos pone en contacto con la naturaleza, llevándonos a lugares increíbles y paisajes de ensueño”.

Brandeman es amigo de Alejandro Fosati, uno de los esquiadores de fondo más reconocidos del país. Fosati entrenaba bajo las órdenes del “Petiso” Velázquez y hacían recorridos épicos como trayectos desde la pista de esquí en el Martial, cerca de Ushuaia, hasta el Cerro Krund…Unían más de 25 kms sobre esquíes de fondo, algo increíble.

El último clásico

El snowboard es la más nueva de las disciplinas clásicas de la nieve. Se popularizó en los setentas y recién se convirtió en deporte olímpico en 1998. Por la posición de los pies, que van perpendiculares y atados a la tabla con fijaciones, se parece al surf y al skate. Es uno de los deportes extremos más populares del mundo. Grebenar explica que el snowboard es mucho más fácil de aprender que el esquí. Si bien él ya conocía la montaña, cuenta que aprendió snowboard en sólo una semana. “Llegar a un nivel mínimo en snowboard, es mucho más rápido que en esquí”.

En snowboard se pueden tirar pruebas parecidas a las de skate en rampas especiales. Las disciplinas más comunes son freestyle y descenso libre. Además, es ideal para bajar en nieve honda. La contra es que hay que desengancharlo para poder tomar los medios de elevación.

Cada persona establece una relación única con la montaña. Se la puede disfrutar compitiendo, paseando o tomando un chocolate caliente en un bar. La elección está en cada uno. Mientras tanto, la montaña siempre espera altiva, única y, al mismo tiempo, cambiante. Cada año, nos desafía con su nieve. Será cuestión de aceptar el reto.

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