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Literatura

La maravillosa obra breve de Junot Díaz

Con sólo tres libros publicados y una catarata de premios el escritor dominicano que reside en los Estados Unidos se convirtió en uno de los referentes de la nueva generación de autores.

Por Natalia Moret
Ilustración: Juan Natch

Junot Díaz ve la vida en clave de géneros, como sus personajes. “Hay días”, dice este escritor estadounidense de origen dominicano, “que se parecen a una película de terror”. Otros a una de acción, otros a una de ciencia ficción, y otros –la mayoría- a una comedia. Lo que Junot no dice es que la vida se parezca, ni por un rato, a esas películas que intentan reflejar la vida misma, minimalistas, historias en las que aparentemente no pasa nada, como aparentemente sucede en la vida real de la mayor parte de la población del mundo. Esas historias son tan realistas que terminan siendo inverosímiles, y lo que a Díaz le interesa es la ficción. Junot Díaz es un escritor de historias, y aburrir o soltar al lector es una especie de pecado grave. Tanto en su única novela La maravillosa vida breve de Oscar Wao como en sus libros de cuentos Los boys y el último Así es como la pierdes, puede verse cómo el escritor trabaja sobre los géneros para ir explorando las percepciones y sensaciones de sus personajes, siempre un poco nerds, un poco tímidos, un poco bajos de autoestima y confianza, pero que nunca dejan de ser adorables, a su manera inteligentes, y con un gran sentido del “autopatetismo” que los dota de un maravilloso sentido del humor, entre ácido, neurótico y tierno, que a veces recuerda al de Woody Allen.

Lector voraz
Nacido en 1968 en Santo Domingo, tercer hijo de cinco, Díaz pasó casi toda su infancia en el Caribe con su madre y sus abuelos; su padre vivía en Estados Unidos, donde trabajaba. No es casual que esta configuración familiar de padre ausente también aparezca en repetidas ocasiones en sus relatos. Cuando emigraron a New Jersey, Junot tenía seis años. Ahí volvió a acercarse a su padre, y ahí se volvió un lector voraz, caminando hasta cinco kilómetros por día para llegar a la biblioteca pública en busca de libros. Aunque empezó a escribir mucho más tarde, en estos años se produjo su primer acercamiento serio a la escritura en una serie de cartas que envió a su hermano, internado y gravemente enfermo de leucemia. Lo primero que publicó es Los Boys, y años después saltó al éxito con la novela de Oscar Wao, que recibió el Pulitzer en el año 2008. En esta novela Díaz cuenta parte de la historia dominicana del siglo XX, pero lo hace desde el punto de vista de distintos personajes marcados por la maldición “Fukú”. Situada en New Jersey y República Dominicana, Díaz despliega una variedad de estilos que alternan el realismo con elementos más fantásticos en una estructura fragmentada que no pierde nunca su agilidad.

El lenguaje de Díaz es aquel del extranjero: dominicano en Estados Unidos, gringo en el Caribe. Por sus propias coordenadas biográficas no extraña que la inmigración y la identidad, junto con la opresión y las diferencias de clases, formen una parte central de sus obsesiones, presentes en casi todas sus páginas. El paisaje sobre el que se montan las historias de su Oscar Wao es el de la dictadura de Trujillo y lo que esta experiencia horrorosa dejó sobre los que la atravesaron. Los efectos de esta pesadilla se evidencian en la brutalidad emocional y física de sus personajes, tanto en la novela como en los diez cuentos de Los Boys, su primer libro y también el más autobiográfico. En su literatura, la infancia siempre está presente: o bien como tiempo del relato, o bien como lugar que casi nunca aparece idealizado y que casi siempre explica el devenir de los personajes. Su último libro de cuentos, Así es como la pierdes, es el más desencantado de todos. De maneras siempre hilarantes, siempre divertidas, Díaz crea un mundo entre melancólico y terrible en el que las historias de pareja sólo tienen un destino posible: terminar, y terminar mal. Pero cuando el amor golpea en serio, parece decir el Díaz más romántico, lo hace para siempre; ahí su magia y ahí también su tragedia.

Escribir para lectores
Puede ser que existan dos tipos de escritores: los que escriben para otros escritores, y los que escriben para los lectores. Díaz es del segundo tipo. Ha comentado en una entrevista que prefiere no olvidar nunca a sus lectores mientras escribe porque los lectores se involucran más fácilmente en una historia y dejan pasar los errores, mientras que los escritores sólo leen buscando el agujero por donde deslizar la crítica. A pesar de su breve obra, Junot Díaz es uno de los autores contemporáneos de más renombre en América, Latina y del Norte. Su carrera está tapizada de éxitos, y este es otro motivo para escribir para los lectores en lugar de hacerlo para otros (acaso envidiosos) escritores. Además del Pulitzer, ganó el premio John Sargent a primera novela, el National Books Critics Circle Award, el Anisfield Wolf Book Award, el Hurston-Wright Legacy, el Dayton Literary Peace Prize… y la lista sigue. En el año 2012 recibió la beca MacArthur por un total de 500 mil dólares, que, según declaró en una entrevista, lo dejó sin palabras por dos días. No era para menos.

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