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La fiesta de las galaxias

Este mes estrena la séptima película de Star Wars. Preparamos los sables laser con una recorrida por el universo de la saga

El escritor Neil Gaiman sostiene que las “historias…son organismos simbióticos genuinos con lo que vivimos, que le permiten a la humanidad avanzar.” El ensayo de Gaiman implica que los cuentos, los relatos, son una forma de vida que obedece a la vieja rutina de génesis, reproducción y propagación. Es decir, los mismos movimientos que posee la materia orgánica. Gaiman: “¿Crecen las historias? Es bastante obvio: cualquiera que haya escuchado una broma pasar de persona en persona sabe que puede crecer, que puede cambiar. ¿Pueden las historias reproducirse? Bueno, sí. Pero no espontáneamente, obviamente: tienden a necesitar a la gente como vectores. Somos el medio en el que se reproducen, somos su caldo de cultivo… Las historias crecen, a veces también se achican. Se reproducen (inspiran otras historias). Y, por supuesto, si no cambian, las historias mueren.”

¿Hay un ejemplo más claro, complejo, simple, caprichoso, lujurioso en pop, zeigeist de capitalismos varios, de lo que Gaiman establece que la saga Star Wars? Al menos en estos días, donde los relatos de una galaxia muy muy lejana vuelven a definir nuestra industria cultural XL, es difícil pensar en otro caso. Porque La guerra de las galaxias implica, primero y principal, una clave: es la Piedra de Rosetta de una generación cuya sensibilidad al pop, donde sea que fuere, definió conductas, profesiones, nexos, amistades, consumos y formas de vida.

Seguro, no lo hizo ella solita. Skywalker y la versión George Lucas, batida y revuelta, de una ópera espacial cosecha 1930 tenía aliados como los Beatles y James Bond. Y, por supuesto, siempre Disney, el hombre que nos hizo creer que la fantasía era posible en pantalla, el supuesto congelado sin quién el cine exagerado no es siquiera un susurro. Pero es el vía crucis de Star Wars, su forma de moverse manchurianamente desde aquel estreno en 1977 hasta hoy, su Episodio VII, lo que la diferencia de los otros integrantes de la Santísima Trinidad. ¿Por qué?

¡Leé la nota completa en nuestra edición de diciembre!

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