Publicidad Bajar al sitio
Columnistas

La felicidad no se usa

Tendencias, modas, tips extravagantes de última hora. Un argentino viviendo en la corte del Tío Sam desde los años 90.

Por Javier Andrade

Con los finales felices de Hollywood no alcanza. En un reciente estudio publicado por las Naciones Unidas, queda claro que la sonrisa, el beso y el triunfo del muchachito en la gran pantalla no hacen a la felicidad de los estadounidenses.

Según el informe de la ONU, lanzado en septiembre por segundo año consecutivo bajo el nombre de World Happiness Report y con la intención de medir la felicidad, el estado de ánimo de los habitantes; todos esos sitios que uno asocia con depresión, alcoholismo, altos índices de suicidio y casi nada de sol, son los que llevan la delantera en este reporte.

¿Por qué los estadounidenses no son felices si viven en el primer mundo? La creciente pobreza y el desempleo explican la percepción generalizada de que cada vez tienen menos libertad para tomar decisiones.

El año pasado Estados Unidos estaba en el puesto 11, hoy aparece 17 en el ránking de 156 países evaluados por la ONU a través del Instituto para el Desarrollo Sostenible. Paradoja: un puesto más arriba aparece México, que a juzgar por la cantidad de inmigración que genera hacia USA, no parecería ser un país en el que sus habitantes estén felices de vivir.

Que los cinco países donde la gente está contenta sean Dinamarca, Noruega, Suiza, Holanda y Suecia da un poco la idea de qué es lo que hace feliz a una persona: llamémosle “estabilidad emocional”. El consuelo es que Inglaterra (22), Francia (25), Alemania (26) y Japón (43) siguen estando más abajo en esta tabla. Lo mismo corre para países en crisis económica como España (38), Italia (45), Grecia (70) y Portugal (85), que también quedan fuera del mapa de lugares apreciados.

Latinoamérica, por una vez, invierte la relación de fuerzas, con “el índice de felicidad en alza en la mayoría de los países” y los buenos ejemplos de Costa Rica (12), México (16), Venezuela (20), Chile (28), Argentina (29), Colombia (35) y Uruguay (37).

Una forma de trabajar esa felicidad, aquí, es mirar para otro lado. Tomemos por ejemplo el ataque o no; el envío de tropas o no; la guerra en Siria, sí o no. Las noticias en torno a ese tema fueron 12 veces menos leídas en Internet que todas las que generó la actuación de Miley Cirus en los premios MTV, donde grotescamente trató de imitar a las chicas que Robyn Thicke, tiene en topless en su video prohibido para menores, Blurred Lines. En la redes sociales, lo mismo: los premios televisados consiguieron en un día 19 millones de tweets, mientras que el conflicto con Siria, en un mes, dio lugar a 12 millones de tweets.

La otra forma de escapar de la realidad “infeliz” de este país desarrollado es, cuándo no, con una copa en la mano. Y en ese rubro, la moda se llama cerveza IPA, India Pale Ale. En el mes de Octoberfest, hay que ser justos y decir que la cerveza alemana no es lo que se lleva por aquí. Se las toma artesanales, de barril, tiradas y bien heladas, pero no son German Lager.

La sorpresa de los últimos tiempos la han dado las cervezas IPA en su versión local, artesanal y patriótica. Las IPA estadounidenses difieren de las inglesas por tener más carácter. IPA es una cerveza amarga, con mucho lúpulo, de un color dorado oscuro, y con bastante más graduación alcohólica (entre 6% y 7,5% por botella) que las cervezas regulares.

El mito dice que esta antigua variante de cerveza tenía que tener tanto alcohol en su fórmula porque, en 1840, era la única forma de conservarla sin que se echara a perder en los largos viajes de la exportación desde Inglaterra hacia India o Rusia.

La actual popularidad de las cervezas IPA, a su vez, permite dar una vuelta de tuerca y cerrar este reporte sobre la “infelicidad” de los estadounidenses. Las IPA no sólo dan trabajo a infinidad de destilerías artesanales; también han instalado una nueva sigla en el vocabulario adulto. A la par de IPA, hoy se habla de IBU, la Unidad de Medida de Amargura, que le permite al comprador elegir entre una moderada o una extrema. El IBU es un número variable que resulta de la complicada fórmula con que se hace cada una de estas cervezas. Pero a la hora de sentarse a beber, es un detalle secundario. No hay que hacer cuentas. Al tomar una IPA, la felicidad es casi instántanea. Y como bien saben todos por acá, mejor saborearla porque dura poco.

×