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Bares y Tragos

La fábrica del taco

Margaritas, chelas bien heladas y micheladas para acompañar los tacos de la nueva sucursal.

Por Roldolfo Reich
Foto: Juan Carlos Casas

Con su segundo local abierto hace unos meses en Cañitas, esta genial taquería mexicana sigue expandiendo sus slogans por la ciudad porteña. “Divertido, rico y barato”, dicen. “Vitamina T (Tortillas, Tacos y Tortas)”, aseguran. “Sabor, corazón y raza. La fábrica del taco siempre será tu casa”, riman. Y bien que lo hacen. Porque LFDT es mucho más que un punto de encuentro. Es el concepto ideológico, lingüístico y estético de dos jóvenes que se hicieron amigos y que en conjunto están llevando adelante este lugar.

Todo empezó en , cuando Federico Lobeira abrió el primer LFDT en Palermo, con la idea de ofrecer una experiencia 100% mexicana, a través de una taquería, el fast food por excelencia del país de nuestro norte latinoamericano. Un año más tarde, directo de las usinas creativas de MTV, se sumó al proyecto Jonathan “Jogu” Gutiérrez, formando entre ambos un combo de la chingada (con perdón del exabrupto).
LFDT no precisa más presentaciones. Nacido modesto en Palermo, se transformó en caso de éxito. Y hoy, con la flamante casa en Cañitas, el despegue se muestra inevitable.

La sucursal en el barrio más careta de la gastronomía porteña rompe con la monotonía del paisaje. Mantiene los colores localistas del hermano palermitano, pero con más presupuesto y diseño sobre el tablero. Esto se traduce en un local mucho más amplio y cómodo, con mesas de colores, sillones y mesas en la vereda, paredes pintadas a mano e infinitas reinterpretaciones artísticas del imaginario folclorista de México. En los estantes alternan muñecas, esculturas de animales, sombreros de mariachi, botellas, latas de productos importados; en las paredes cuelgan lucecitas de colores, barrilletes alegóricos y cuadros saturados (que son parte de una exposición que cambia semanalmente). Barroco y sobrecargado, el efecto convence. Uno se siente transportado a ese México tan literario como honesto, tan mágico como verídico.

El fuerte siguen siendo sus tacos. “Lo que nos distingue son nuestros taqueros, el equivalente de un buen parrillero en Argentina. Por eso, tenemos un socio que busca y prueba taquerías por todo México, para contratar a los mejores. Los ayudamos con los papeles de inmigración y los traemos por un año a nuestro local”, explica Jogu. Esos taqueros son los que están a cargo de ese jamón de cerdo que, tras marinarse y cortarse en láminas, gira en un spiedo vertical para luego ser la base del icónico taco pastor.

En LFDT se ofrecen tacos de harina de maíz (el pastor a $27; el costra, con queso crocante a la plancha y carne a elección a $41), tortas (unos sándwiches en pan casero de carne asada, pollo, cerdo o veggies, rondando los $54), además de hamburguesa, menú infantil (con menú para colorear) y varios appetizer perfectos para la hora vermú: guacamole, frijoles refritos, choclo asado con crema por fuera, quesadillas y más. Todo es rico, simple, relajado. Lo mismo la bebida: sale mucho la chela helada (Corona a $44, Stella a $36), también una rica Michelada (una suerte de Bloody Mary con cerveza, sumando $7), diversas Margaritas ($55, con Cuervo Reposado), además de otros tragos y jugos varios. Para condimentar, sobre las mesas hay tres salsas caseras, desde la suave a la sólo para mexicanos.


Abierto de mediodía y de noche, con muchos vecinos (incluyendo familias completas) felices de tener una opción relajada y a precios amigables cerca, LFDT logra lo imposible: arrancar un pedazo del México callejero y alegre, para depositarlo en Cañitas.

Báez 246, Cañitas.
4776-5084
Martes a domingo, de 12:00 al cierre.

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