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Wine News

La excelencia hecha vino

Una notable puesta en escena como marco para agasajar la llegada de dos grandes vinos que llegan para quedarse.

Por Javier Rombouts (Enviado Especial)

Hay bodegas que tienen un handicap difícil de conseguir: a la seriedad del trabajo vitivinícola suman un estética general (no sólo en los vinos, sino en la presentación del producto y en la manera de comunicarlo) que los recorta del resto. Hay en ese estilo una elegancia, una joie de vivre que se replica en sus botellas. Terrazas de los Andes, una de las bodegas argentinas del grupo Moët Hennessy, tiene sin duda, digamos, bonus track. Y la última semana de abril nuevamente lo demostró.

Ocurre que presentaron en Mendoza su Single Vineyard -de Las Compuertas para el Malbec 2008 y de Los Aromos para el Cabernet Sauvignon 2007-, conocido en añadas anteriores bajo la etiqueta de Afincado. El cambio de nombre obedece a distintos motivos: por un lado, unificar la línea de producto y ponerlo junto al Terrazas Reserva y, por el otro, tener una mejor comunicación en el exterior. Es que el nombre Afincado en distintos mercados no terminaba de explicar con exactitud lo que la bodega pretendía. En cambio, Single Vineyard tiene un acento claro y concreto aquí, allá y en todas partes.

Para la ocasión, Terrazas propuso una cata vertical que incluyó distintos Malbec y Cabernet del Single Vineyard desde la cosecha 1999. Y más tarde una cena con una puesta notable: una importante mesa en medio de la bodega, entre las innumerables barricas, una iluminación teatral, con focos dirigidos a los toneles y velas, un terceto de cuerdas como música de fondo durante la comida -antes, durante la cata, un violín acompañó la degustación de los Malbec y un violonchelo la de los Cabernet- y una excelencia en los detalles que volvieron la noche inolvidable.

Los vinos, por supuesto, son una suerte de garantía, una apuesta segura. Sobre todo después de apreciar las bondades que trasmiten añadas anteriores -increíble el Single Vineyard Cabernet Sauvignon 2005, potente y vibrante, algo así como un adulto complejo y la vida que aún contiene el 1997, que aún puede guardarse, incluso, un par de temporadas- y la singular homogeneidad que guardan los vinos año tras año, más allá de las características propias de cada cosecha. En las últimas añadas, destaca en el Malbec de Las Compuertas 2008 el color intenso, la frescura y el equilibrio. Y en el Cabernet la potencia, el gran volumen y la estructura.

Vinos que merecen tomarse una y otra vez. Vinos que merecen respeto. Vinos que no se olvidan. Vinos que merecían un agasajo de bienvenida como el que les brindó Terrazas. Vinos que merecen la bienvenida porque siempre estarán presentes.

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