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Cine y Series

La eterna atracción del doble

El hombre duplicado adapta con libertad la novela homónima de José Saramago.

Por Sandra Martínez

Además de ser un gran escritor, José Saramago era un cinéfilo. Pero eso no significa que mezclar su trabajo con su aficción cinematográfica lo convenciera demasiado. De hecho, durante muchos años se resistió a vender los derechos de sus obras para que fueran adaptadas a la pantalla grande. Recién en 2002 accedió a la realización de su novela La balsa de piedra, una olvidada y olvidable producción española protagonizada por el argentino Federico Luppi y luego vino Ceguera, dirigida por el brasilero Fernando Meirelles, con su exitosa versión de Ensayo sobre la ceguera protagonizada por un elenco de superestrellas hollywoodenses.

Saramago era consciente de que ‘uno tiene que olvidarse de la novela y mantener un espíritu abierto. Enterarse en lo que está basado y saber que una película utiliza lenguajes diferentes como los emplea la ópera’, según sus propias palabras. Era partidario de las interpretaciones libres, sabiendo que solo las historias muy breves y simples funcionan bien en las reproducciones esquemáticas. Por eso es posible adivinar que El hombre duplicado, cuyos adaptación autorizó en la última etapa de su enfermedad y nunca llegó a involucrarse con la producción de la película, podría haber resultado de su agrado.

Dirigida por el francés Dennis Villeneuve, que cambió el título de la obra a Enemy, aunque en la traducción al español volvió al original de la novela, solo tomó la premisa inicial del libro. Un aburrido profesor universitario de historia encuentra en una película clase B a un actor exactamente igual a él. Se obsesiona con conocer a su doppelgänger, pero una vez que lo logra su vida se complicará más de lo esperado. El tema del doble, explorado en las artes desde Dostoievski hasta El Club de la Pelea, toma aquí un camino que conduce más al existencialismo que a la ciencia ficción y convierte a El hombre duplicado en una película exigente, incluso una de esas que se aprecian mejor al verlas más de una vez, porque está sembrada de pequeños detalles que parecen triviales pero que son fundamentales en la resolución de la gran incógnita, ¿por qué estos dos hombres son idénticos? Al mismo tiempo, el clima de la historia es lento, contemplativo, lo que la vuelve más desafiante a la hora de mantener nuestra atención.

Jake Gyllenhaal brinda en este doble papel una de sus mejores actuaciones y la fotografía acompaña con hermosas e inquietantes tomas de Toronto y momentos surrealistas que remiten a David Lynch. Y, justamente, como las películas del gran David, El hombre duplicado tiene la cualidad de generar un “¿qué carajo fue eso?” en su final, para después quedarse pegada en la memoria, dando vueltas y vueltas con todas las explicaciones posibles a un misterio que quizás no tenga ninguna respuesta definitiva.

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