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Zoom Restós

La costa secreta

Escondido tras una antigua puerta, un viaje al caribe ecuatorial guiado por el perfume de sus frutos éxoticos, el culantro, los mariscos frescos y los guisos reparadores.

Por Melina Barrera
Foto: Jazmín Arellano

Están quienes buscan el último grito de la moda culinaria, la ambientación con guiños de propietarios viajeros seguidores de tendencias, y un público afín que busca estos dos primeros requisitos. Todo eso está muy bien, de hecho, corremos ante la apertura de un lugar de estas características para ver qué se traen. Pero también existe un comensal más interesado en la experiencia de comer algo genuino y, a la vez, diferente de los espacios trendy que, al final, muchas veces se terminan pareciendo –¿cuántos restaurantes con azulejito blanco estilo subway hay ya en BA? Para estos últimos, sugerimos un viaje al interior del barrio de Balvanera. Llegar a la calle Ecuador, al número 787, y entrar al verdadero Ecuador.
La puerta antigua y pesada de hierro siempre está abierta en el horario que funciona el restaurante. A diferencia de otros reductos a puertas cerradas, aquí no es necesaria la reserva previa. Al entrar, la música suena desde los parlantes que amplifican el sonido de un video proyectado en la pantalla gigante. Es un show de música típica ecuatoriana que le pone clima a lo que está por venir.

DE LAS PLAYAS DEL NORTE
Fabricio Padilla Montaño nació en Guayaquil y es el dueño y chef de este lugar que funciona escondido para los porteños, como un secreto a voces para la comunidad ecuatoriana residente en la ciudad (en especial, estudiantes universitarios). En esta dirección de Ecuador, el restaurante recibe público desde 2007. Tres años antes, Fabricio abría las puertas de un primer piso en San Telmo.  
Mobiliario de madera súper básico (el dueño pensó en poner unos manteles, pero el 85% de los clientes encuestados dijo ¡no!), ladrillos a la vista, una marimba, y paredes cargadas de signos lugareños como escudos de equipos de fútbol ecuatorianos, pósters que invitan a Galápagos, Tungurahua o Ambato, reproducciones de Oswaldo Guayasamín y una foto del cocinero junto a Rafael Correa, entre la memorabilia que hace a la ambientación del espacio.
El menú se exhibe en una pizarra. Y los precios son tan increíbles como lo es estar, por un rato, en otro mundo, lejos de Balvanera y de la ciudad. ¿Cómo es la cocina costeña del norte de Ecuador? La base son los mariscos, el acompañamiento obligado, el arroz y, siempre, el “verde”, como llaman al plátano de ese color. Probamos la guatita con arroz blanco y chifles (verdes fritos), un sabroso y delicado guiso de mondongo con papa, terminado con un fondo de maní tostado y molido que le da una textura especial, perfumado con culantro ($30). También, el sango de camarón con limón ($40), que es un puré de plátano cocido en un bisque de camarones, delicioso. Y el seco de carne ($35), guiso típico del Caribe con salsa de chicha, con cerveza o naranjilla. Hay, además, ceviche mixto y arroz con camarones, entre las especialidades que no superan los $60. De postre, flan de coco como fijo de la carta, pero hacen también pastel de choclo, de maduro (el verde ya pasado), pan de guineo (como un budín de banana), y planean un menú de diez sugerencias dulces que estarán en exhibición, para que el público las conozca. Para tomar, jugos de maracuyá, mora, naranjilla o tomate de árbol, según se consiga. Y todos los días, cerveza. Los costeños usan el vino en una cena formal o de negocios. Y nada más lejano a la formalidad en esta puerta escondida sobre la calle Ecuador.

Datos útiles
Ecuador 787, CABA.
Abre de miércoles a domingos de 12 a 18.
Se pueden arreglar con anticipación cenas y eventos.
Sólo efectivo.

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