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Cine y Series

La chica en llamas

Jennifer Lawrence se vuelve a lucir en una nueva entrega de la saga Los juegos del hambre más oscura y psicológica que sus predecesoras.

Por Sandra Martínez

Siguiendo la tendencia que la saga Harry Potter impuso sobre las franquicias destinadas al público joven, el último libro de la trilogía Los juegos del hambre llega al cine dividido en dos películas, la primera de las cuales estrena esta semana. Katniss fue rescatada de su segundo rodeo en ese combate a muerte televisado que son los Juegos del Hambre. Al despertar en el supuestamente deshabitado Distrito 13, descubre que fue elegida por los insurgentes que allí se refugian para ser la cara de la revolución que se avecina. Pero a ella poco le importan los tejemanejes políticos que comienzan a enredarse en su entorno, cuando tiene que lidiar con noches de pesadillas y la certeza de que Peeta, su compañero y protector, fue dejado atrás.

Muchas críticas señalaron la falta de acción de esta nueva entrega como un defecto, una falta de continuidad con sus predecesoras. Por el contrario, es loable que Sinsajo se anime a darle a los personajes tiempo de maduración y adaptación a su nuevo entorno, un lujo rara vez presente en este tipo de películas. Jennifer Lawrence dota de todas las sombras y matices necesarios a una Katniss que quiere encerrarse a elaborar su duelo, pero se ve obligada a tomar un papel público que no le produce ningún placer personal. El amor que define su destino  no es un amor claro y adolescente, sino un turbio triángulo de atracciones y lealtades que tironean de ella igual que sus mentores.

Ellos, por otra parte, tienen su propia evolución. El borrachín Heimich es ahora un sobrio y decidido líder revolucionario. Su amigo Gale se convirtió en un soldado dispuesto a la batalla y hasta la superficial Effie, en principio raptada del Capitolio contra su voluntad, encuentra su nuevo lugar en el entorno de Katniss y hasta logra imponer su look personal al gris omnipresente en el Distrito 13. Pero sin dudas las piezas claves de este mundo subterráneo son la presidente Alma Coin y el manipulador Plutarch Heavensbee, interpretados por Julianne Moore y el fallecido Phillip Seymour Hoffman. Mientras Katniss y su némesis, el maquiavélico presidente Snow –otra actuación destacable a cargo de un glacial Donald Sutterland- se enfrentan en un duelo personal con Peeta como carnada, es el juego secreto de estos dos el que se va presentando sutilmente durante esta primera entrega del desenlace.

 Esta primera parte, entonces, resulta un jugoso preámbulo sabiamente sazonado con temas sociales y políticos que remiten a la tradición de las distopías totalitarias. Sinsajo se adentra en un terreno más oscuro, donde sigue en juego la supervivencia pero las habilidades requeridas a los jugadores van más allá de la destreza con el arco. La acción seguramente estará de vuelta en la próxima entrega, aunque las señales indican que difícilmente estamos en camino a una dulce victoria.

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