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Wine News

“La champaña está en nuestro árbol genealógico”

Ramiro Otaño tiene un acento bastante castizo. Es argentino, eso está claro. Se recibió de licenciado en Administración en la UBA, trabajó para Molinos, entró como director de ventas en Bodegas Chandon en 1997, y tras pasar por distintas posiciones, en 2001 cruzó el Atlántico para ocuparse de la dirección de la filial española de […]

Ramiro Otaño tiene un acento bastante castizo. Es argentino, eso está claro. Se recibió de licenciado en Administración en la UBA, trabajó para Molinos, entró como director de ventas en Bodegas Chandon en 1997, y tras pasar por distintas posiciones, en 2001 cruzó el Atlántico para ocuparse de la dirección de la filial española de la empresa. Se fue con un contrato de tres años que finalmente duró ocho. En España vivió con su mujer y sus cinco hijos, y de poco fue perdiendo el acento porteño. Hasta que en 2009 le ofrecieron volver. Un volver que tiene varias miradas. Volver a su país, volver como director general de la empresa. Y, por esas vueltas de la vida, volver también al mismo edificio donde comenzó su primer trabajo: “Es una gran casualidad, pero Molinos estaba en este edificio, en el mismo piso que estoy ahora”, nos dice. Esta vuelta de Otaño fue excusa para que la empresa reorganice su modo de definirse: dejó de llamarse Chandon para ser conocida como LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy), el nombre del grupo internacional al que pertenece. Un cambio menor (“para los consumidores seguiremos siendo Chandon”, asegura Otaño), pero que expresa una identidad: el gran negocio dentro del vino de LVMH es el champagne. Y esa es la razón de ser de Chandon. “Nosotros no somos una bodega estándar: nuestra excepcionalidad es la champaña. Está en nuestro árbol genealógico, en el acto fundador de nuestra empresa. La razón de ser de la empresa son las burbujas.”

– Pero el grupo tiene éxito también con los vinos tranquilos

Claro. Una de cada cinco botellas que se venden en el país de más de $25 es Latitud 33. También Valmont nos sorprende año tras año, y estamos trabajando muy fuerte sobre todo lo que es Terrazas. Por eso, para nosotros tenemos cuatro bodegas en la Argentina, y cada una se maneja independientemente. Está Terrazas, 33 Sur (donde se hacen todos los vinos tranquilos que no son Terrazas), Cheval des Andes y Chandon. Según nuestra visión, no podés ser un experto burbujero que hace vinos de alta gama. En la bodega tuvimos muchas discusiones por esto, y nos dimos cuenta de que cada negocio y producción tienen su propia dinámica.

– ¿Qué representa Argentina dentro de las bebidas de LVMH?

El 90% del negocio de Moët Hennessy es, primero, el cognac, y luego el champagne. Ambos producidos en Francia y exportados al mundo entero. La Argentina tiene un peso muy relevante en volumen, si bien menor en facturación. Hay que tener en cuenta que en el país nuestro posicionamiento de precios es distinto al de afuera. No vas a encontrar productos de LVMH en el mundo debajo de los 20 euros, mientras que en la Argentina tenemos presencia tanto en el segmento de lujo como en una franja media. Así, en valores la Argentina está entre el puesto 15 y 20 de las filiales de Moët Henessy, mientras que en volumen, estamos en un top 5, o incluso top 3.

– ¿Es posible imaginar a la Argentina como exportadora mundial de espumante?

Con respecto a las burbujas, tenemos una estrategia regional, no global. Exportamos Chandon a toda América, salvo Estados Unidos, Canadá, México y Brasil (lo que representa un 15% de la facturación). En cambio Terrazas exporta dos tercios de su valor total. Lo que pasa es que el mercado mundial es en realidad chico. Si quitás a los países productores y a los que no pueden pagar la alta gama, te quedan solo diez mercados a donde vender. Y allí competimos todos. Por eso, no se pueden contar muchas historias a la vez. Hoy la Argentina está contando la historia del Malbec y empezando a narrar la del Torrontés. De todas maneras, gracias a la calidad de nuestros espumantes, creo que llegará el momento en que las burbujas argentinas tengan su propio lugar en el mundo.

– ¿Por eso usan Malbec en sus rosados? ¿Para ganar mercados de exportación?

No. Usamos el Malbec por la expresión que da. El Malbec no es solo la palabra para poner en la etiqueta, sino que es una personalidad. Los espumantes argentinos son de muy alta calidad. Si los probás sin prejuicio, te enamorás de la fruta que tienen, del Chardonnay cultivado a 1.300 mts de altura. Justamente, la Argentina es sinónimo de intensidad, es nuestra reputación y nuestro origen. Es lo que debemos transmitir. El Malbec le da al espumante un color único, una pasión, algo anárquico, de eterno adolescente. No te podés imaginar un Malbec de Suecia. Es bien nuestro. Y los vinos que no muestren esa intensidad local, no tienen posibilidad de triunfar.

– Mirando la diversidad en la góndola, diría que a los argentinos nos gusta mucho el espumante.

En realidad, la Argentina no es gran consumidora de burbujas per cápita. De hecho el consumo es mucho menor que otros países tradicionales productores, como España, Francia e incluso Alemania. Lo bueno es que en su mayoría se beben champañas de calidad. En eso, Chandon, con su rol de líder, fue determinante. Pusimos el centro de gravedad, elevando siempre el referente, con nuevas técnicas, investigando terruños, variedades, estilos.

– ¿Chandon sigue siendo sinónimo del espumante en la Argentina?

Somos líderes en un mercado que tiende a concentrarse. En este sentido, la Argentina es distinto a, por ejemplo, Francia. El 50% del champagne francés se consume en la propia Francia, con un mercado muy atomizado. El que más vende tiene apenas 3 puntos del share, y el líder cambia todo el tiempo. En cambio, en la exportación LVMH tiene un tercio del mercado. A nivel local es al revés. El mercado de exportación está muy atomizado, con muchas pequeñas bodegas de perfil exportador que aprovecharon el cambio competitivo de 2002 y 2003 para vender afuera (y que hoy están sufriendo por el aumento de costos). Mientras, el mercado va cada vez más a una importante concentración. Porque tener el músculo para manejar una propuesta amplia, que esté en todos los segmentos, tener esa elasticidad, es solo para unos pocos.

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