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La batalla por el vino natural

 Alice Feiring es la voz detractora contra los vinos sin personalidad realizados para el gusto de un crítico y un mercado.

Cuando te iniciás en el mundo del vino, cada botella te parece fascinante, distinta, única. Pero cuando llevás un buen rato en él, puede pasarte que toda esa fruta y madera que te maravillaban, empiecen a parecerte monótonas, reiterativas, sin gracia. Y surge la pregunta: ¿por qué el vino perdió su gracia?

Alice Feiring, periodista especializada en vinos y colaboradora del New York Times, aporta una respuesta. Tras la publicación de su último libro, La batalla por el vino y el amor, o cómo salvé al mundo de la parkerización, editado por Tusquets en 2010, denuncia el peso específico que tienen críticos como Robert Parker Jr. en la estandarización de los vinos. Parecido a lo que hizo Mondovino en su momento, pero con el espíritu de una cruzada y no de una denuncia.

Parker es el crítico de vinos más influyente del mundo. Desde su granja en Maryland, y a contar desde 1978 -cuando lanzó Wine Advocate-, este abogado califica vinos en una escala de 0 a 100 puntos, de los que en rigor sólo sirven los últimos 15: una etiqueta que obtiene menos de 85 puntos no llama la atención de nadie; pero una que supera la barrera de los 90 se vende en Estados Unidos como pan caliente.

El problema, sostiene Feiring, siendo quizás un poco simplista, es que el poder del crítico ha llevado a estandarizar los vinos, en base a una ecuación sencilla pero efectiva: si Parker puntúa bien una etiqueta, ese vino se vende mejor y las bodegas ganan plata. Entonces buscan hacer vinos que le gusten a Parker. ¿Qué le gusta a Parker? Vinos de mucho color, concentrados e intensos, de carácter maderoso y en los que la fruta madura importa más que el origen o la tradición de un estilo. A los vinos que responden a ese patrón, Feiring los llama “esperpentizados”. Para ella, elaborar vinos con una receta de éxito les quita su carácter y autenticidad. Es esa manipulación la que produce los vinos que te resultan tan aburridos, diría Feiring. Y continuaría: si todas las bodegas usan levaduras seleccionadas y no naturales, si se agregan ácidos y enzimas, si se tratan los caldos con las mismas barricas… si pasa todo eso, el resultado es el mismo wine for dummies. Contra ellos arremete la autora y esa es la batalla a la que alude el título del libro.

A medio camino entre una conservadora de izquierdas y una arrebatada defensora de los vinos naturales, Feiring ve luz al final del túnel: el movimiento biodinámico, que busca producir vinos auténticos y naturales con bodegas dispuestas a jugarse los millones de Parker por emocionar a un consumidor con vinos reales y no de copy paste. Toda una toma de posición, que defendió en esta entrevista con Bacanal.

 

– En tu libro Parker es un hombre cuya influencia parece inamovible. ¿Ha crecido aún más en el último tiempo?

-Conserva mucha influencia, sin dudas, sobre todo en áreas que son su especialidad, como Bordeaux. Pero más allá, su poder pareciera ir decreciendo.

 

– Hacés foco en Parker, pero hay más críticos. ¿Quién otro ostenta su poder?

-Nadie. Y probablemente no haya alguien más que pueda de aquí en más. El problema con Parker es que ha impuesto la idea de que existe un solo vino y unas papilas perfectas que pueden hallar el vino perfecto. Pero el vino es más diverso y la gente parece darse cuenta.

 

-¿Hay chance de recomendar vinos a un público no entendido sin caer en puntajes?

-Seguro: palabras como “amo este vino” son los nuevos puntajes. Verás, los consumidores siempre necesitarán una guía para elegir qué comprar. En eso, el peso de los críticos es clave: probamos muchos vinos y tenemos opiniones. La tarea de un consumidor, en cambio, es encontrar al crítico que tiene un paladar similar.

 

-Te gustan los vinos auténticos. ¿Recomendarías algunos vinos argentinos?

-Sólo he probado vinos de Weinert, Bodegas Carmelo Patti y Familia Cecchin, que trabajan buenos productos auténticos. Claro que me gustaría probar más de la Argentina. Pero a juzgar por lo que llega a mi país últimamente, me parece que la cosa está medio confabulada.

 

Ganar plata es posible

 

En los términos de Feiring, que un vino no sea auténtico es, básicamente, que está elaborado en forma comercial: para gustar a críticos y consumidores que no saben lo que les gusta. Pero el vino es también un negocio.

 

-¿Qué pasa cuando una gran bodega necesita crear un estándar de producción para cumplir con calidad, precio y buenos vinos?

-No creo que una bodega grande necesite hacer estándares a menos que quiera entrar en el plano comercial, donde no hay vino fino. El crimen es vender calidad supermercado, sin distinción, como si fuera un vino fino. Se pueden hacer productos honestos en gran volumen sin caer en manipulaciones.

 

-¿Hay un mercado que les permita a los vinos naturales ser un negocio de escala como lo son los vinos que llamás comerciales?

-Claro, en Estados Unidos e Inglaterra hay varias compañías que sólo comercializan vinos naturales. Gente como Louis/Dressner, Savio Soares, Jenny & Francois o José Pastor están en el negocio. Tampoco veo inconveniente en que compañías de la escala de Trapiche o Catena, por citar dos casos argentinos, pueden desarrollar una línea de vinos naturales, de igual forma que lo hacen las compañías de alimentos.

 

-¿Y a precios razonables?

-Bebo mayormente vinos naturales y gasto hasta once dólares de mínima (que es muy poco en EE.UU.), pero si estás dispuesto a gastar entre 15 y 20 dólares, encontrás vinos fascinantes.

 

-La última, leyendo tu libro me descubrí pensando que Alice Feiring sería una típica norteamericana francófila que quiere “evangelizar” a su audiencia. ¿Te ves así?

-No estoy segura de cómo me veo. Sé que me encantan los vinos europeos y no sólo los franceses. Pero a mí me motiva escribir sobre gente que tiene el compromiso de trabajar con respeto por el terroir, para que sus vinos ganen reconocimiento. No quiero evangelizar sobre un sabor en particular. En todo caso, lo mejor que me ha pasado desde que publiqué el libro es que cada tanto me encuentro con gente que me dice “pensé que había algo malo en mí, porque no lograba hacer que me gustaran los vinos bien puntuados por Parker. Ahora sé que hay un mundo para descubrir”.

 

Algo está claro: tras unos años de hegemonía de una mirada “parkerizada” sobre el mundo internacional del vino, surgen cada vez nuevas voces que buscan marcar distintos límites. Lo hizo en su momento Mondovino; lo hicieron y hacen cientos de enólogos, periodistas y bodegueros en el mundo. Y hoy también lo hace Alice Feiring en Bacanal. *

Texto: Joaquín Hidalgo