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Entrevistas

Isol

Dibujante, escritora, compositora, cantante.

Por Melina Barrera
Foto: Alejandro Lipszyc

Cuando tengo que llenar un formulario, pongo de profesión “dibujante”, porque es como figuro en la AFIP, y es por lo que gano dinero. A veces pongo “dibujante y cantante”, pero da más hippie, ¿viste?

Mi laburo no es hacer una cosa puntual, es simplemente estar ahí y ver qué se me ocurre.

En general no controlo mucho lo que hago, lo mío es muy gestual. Hay encuentros entre personajes, escenitas. Me gusta la idea de que según cómo uno enfoque la mirada, el mundo aparece.

Hago un libro por año. Los empiezo varias veces. Tengo siempre muchas cosas sueltas y estoy todo el tiempo trabajando, viendo cuál resuelvo y hacia adónde.

Me interesa la objetividad, las certezas. Para mí es muy difícil esa idea de la certeza, que por otro lado sé que es súper tranquilizadora. Pero a la vez, cuando ya la tenés, dejás de pensar.

La Bella Griselda quise hacerlo con cuatro colores Pantone bien fuertes, en lugar de los colores típicos. En Nocturno también tuve que aprender cómo se usaba la tinta fluorescente. En cada libro me meto con algo nuevo que me entusiasme.

De chica me leían un montón. Mis padres son melómanos y lectores. Y ese placer se contagia y se comparte.

Sima es el grupo de música que tengo con mi hermano. Siento que como yo canto también es contar. Me interesa que se entiendan las palabras, lo que se está narrando.

Empecé haciendo ilustraciones para prensa. Para revistas femeninas y para diarios –Clarín, Página 12-. Antes había trabajado en publicidad, pero no hacía nada bueno.

Al principio me autoeditaba. Hacía comics en serigrafía, stickers, fancines. Lo mejor es mostrar lo que uno siente que está bueno en serio, más que empezar a tratar de adaptarse a lo que te piden. Yo trataba, pero no me salía muy bien.

A veces veo gente que empezó en la literatura infantil y no tiene esa apertura de ver qué se está haciendo en el arte en general, algo que ayuda a tener más calidad en el laburo, a encontrar cosas un poco más vanguardistas.

De La Bella Griselda me gusta que el ser hermosa no esté tan bueno. Se me ocurrió en un momento de mi vida en el que se cayó cierto modelo, el de un deber ser que no te alimenta en absoluto. Tanta exigencia que tiene la mujer… Desde chiquita sentí esa onda de ser una princesita o ser perfecta.

En Secreto de familia se ve el miedo de ser diferente de los demás. Y después se puede ver que cada uno tiene su particularidad. Para mí lo peor es el miedo, ese miedo a no ser lo que los demás esperan.

De chica me preocupaba encajar. En mi casa estaba feliz, pero cuando salía de esa burbujita me costaba un poco. Me liberé cuando entré al secundario de Bellas Artes y empecé a tener cosas en común con la gente.

La primaria puede ser terrible. A mí me salvaba muchísimo leer. Recuerdo un cumpleaños que me lo pasé leyendo Mafalda.

Vengo del cómic. Tampoco quiero que lo mío le guste a todos. Mi misión es romper con lo que se espera. Siempre trato de hacer algo que sorprenda de alguna manera, desde el humor o desde algo gráfico.

Leí varios cuentos clásicos en los que el que deseaba mucho o era demasiado ambicioso era castigado. En algún lugar eso me quedó, y así voy pasito a pasito, con deseos moderados.

Ser un buen ilustrador es encontrar el lenguaje gráfico para contar una historia de la mejor manera o de la manera que uno quiere que sea percibida.

No soy una virtuosa del dibujo. Algunos me salen buenísimos y algunos me salen horribles. Hasta que encuentro la línea, decido y digo “esto va a ser el libro”, tardo bastante.

Mis nenas tienen mucho de la Alicia de Lewis Carroll. Alicia es medio cínica y muy exigente, segura de sí misma. Tiene cosas muy impresionantes, por momentos oscuras y misteriosas.

Una vez le mandé a Nick Cave, por medio de su guitarrista, unos comics míos hechos a partir de dos canciones suyas –The Carny y Happy Birthday-. Cuando lo conocí, ya tenía los brazos abiertos: “Guau, sos vos la del cómic!”, dijo.

Para escribir, escucho música que no tenga letra. Mucho piano, Satie… Para la parte de relleno, del color, escucho cosas más vibrantes, como para cantar encima, como PJ Harvey.

La convivencia con otro artista (su marido es Rafael Spregelburd, dramaturgo) está buena porque comprendemos lo que el otro necesita. A veces me gustaría tener un poco de orden. Entre los dos necesitaríamos alguien más tranquilo que nos ayudara a bajar.

Con The Excuse, el grupo de música barroca, cantamos canciones que son como cuentos. Y más como las hacemos nosotros, sacándole esa cosa solemne, con algo más argumental. Yo soy muy narrativa. A todos nos gusta que nos cuenten cuentos.

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