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Tecno

Interfaz humana

El gran objetivo de la tecnología parece ser convertir al cuerpo humano en una gran interfaz todopoderosa.

Por Tomás Balmaceda

Quizás no le prestamos suficiente atención, pero en la última década muchas cosas han cambiado en cuanto al modo en que nos vinculamos con nuestros gadgets y aparatos electrónicos. Cuando encendemos nuestra consola de videojuegos, por ejemplo, nos paramos frente al televisor esperando que con un movimiento de joystick podamos elegir entre diferentes opciones, la deseada. No siempre fue así: los mandos que detectan cómo nos movemos recién aparecieron en 2005, de la mano de la Wii de Nintendo, que abrió el camino que hoy recorren Microsoft con Kinect y Sony con su PlayStation Move. Lo mismo sucede con los smartphones y tablets: estamos acostumbrados a ampliar fotos “abriéndolas” con los dedos. Pero la tecnología touch se volvió masiva con el primer iPhone, en 2007, y recién un año después permitió realizar gestos multitouch. Darle órdenes al teléfono a viva voz es un logro de Siri, lanzada por Apple en 2011, y hoy ya hay interfaces conversacionales en varios teléfonos con Android. Ahora que podemos controlar la tecnología a nuestro alrededor con movimientos, gestos y la voz… ¿qué es lo que se viene?

Los avances en materia de interfaces están a la orden del día y las tendencias parecen indicar que en pocas décadas nuestra interacción con aparatos y dispositivos será más íntima que nunca, con todo nuestro cuerpo disponible para poder dar órdenes. Ya no se trata de los gestos ostentosos que un controlador Kinect puede detectar, sino expresiones muy sutiles o microgestos. ¿Por qué no elegir “aceptar” en un programa simplemente sonriendo o seleccionar “no aceptar” frunciendo el ceño? ¿Y si uno pudiera dirigir el cursor del mouse con la mirada y hacer doble click en una notebook con un simple pestañeo? La tecnología va más allá y, emulando a Frank Sinatra, quiere que la llevemos debajo de nuestra piel. Ya se están realizando pruebas de circuitos subcutáneos capaces recibir e ingresar información sin tener que contar con ningún medio externo, volviendo obsoleto el clásico problema de “me olvidé el celular en casa”. Y no se trata de ciencia ficción o de avances que recién utilizarán próximas generaciones. Nokia, por ejemplo, patentó en marzo del año pasado un prototipo de sticker capaz de transmitir vibraciones. Enlazado a cualquier smartphone, se establece un sistema de notificación háptico capaz de detectar un campo magnético y transferir estímulos perceptibles. Así, el teléfono enviaría señales captadas luego por partículas ferromagnéticas ubicadas en el adhesivo. Una vez que éste se encuentra pegado en la piel, sentiríamos un tenue cosquilleo cuando llegue un mensaje de Whatsapp o una mención de Twitter. De acuerdo con la patente que presentó la marca finlandesa en los Estados Unidos, este sensor podría ser color piel o imitar un tatuaje, para no llamar la atención y permitiría enviar información al dispositivo con gestos.

Más que prototipos

Algunas de estas ideas ya se pusieron en funcionamiento. La empresa Thalmic Labs comenzó a vender la primera generación de Myo, una suerte de brazalete que permite controlar teléfonos y computadoras a partir de la medición de impulsos eléctricos de músculos. El aparato recoge y amplifica la inervación voluntaria de los músculos del antebrazo y la convierte en comandos de programas con los que ya trabajamos. Así, por ejemplo, podemos indicarle al reproductor de música que ponga “play” cuando hacemos un chasquido de dedos o que, con un golpe de muñeca, cambiemos de canción. Myo, la palabra griega para “músculo”, reconoce cualquier secuencia de inervación muscular del brazo y se adapta a todas las aplicaciones, así que promete muchísimas posibilidades de uso.

Siempre atento a las tendencias, Google quiso mantenerse activo en el negocio de las nuevas interfaces y adquirió el mes pasado Flutter, una start up que se dedica al desarrollo de tecnología de reconocimiento de gestos. La compañía ganó fama en los círculos tech gracias a sus aplicaciones para manejar con el cuerpo Spotify, VLC, iTunes y YouTube. Sin necesidad de nuevo hardware, sus apps permiten iniciar o detener la reproducción de videos y canciones gracias a movimientos de mano delante de la cámara de la computadora. Se espera que con la compra ahora se concentren en ofrecer opciones para Android, el sistema operativo móvil Google, y para su navegador Chrome, que poco a poco crece como una opción para el manejo de toda la información y archivos de las computadoras en las que está presente.

Pero no todos creen que el futuro de la tecnología esté en el cuerpo. Disney, por ejemplo, está trabajando con aire y humo. Su división Research, dedicada a la investigación de nuevas tecnologías para juegos y juguetes, anunció hace algunas semanas increíbles avances en Aireal, un sistema que, gracias a un complejo set de sensores, distribuye chorros de aire a presión y crea la ilusión de tocar o sentir objetos. En el caso de un videojuego, por ejemplo, Aireal reconoce al jugador e identifica su posición para dirigir el difusor de aire de forma casi inmediata y lograr así que pueda atravesar paredes, anillos o sentir el filo de espadas rozando la cara o torso. En combinación con sensores Kinect, uno podría interactuar con ambientes creados especialmente mediante bloques de aire. Disney Research ya había sorprendido a comienzos de 2013 con Touché, un sistema de sensores que convertía cualquier superficie en una interfaz touch. Mesas, libros, paredes… todo lo que te rodea puede convertirse en un control para tu gadget. Por ejemplo, tomar el picaporte de tu casa puede activar una determinada playlist musical en tu teléfono y tirarte en el sillón puede disparar que se encienda el televisor y se active la consola de videojuegos de manera automática.

Tal parece que, más temprano que tarde, nos parecerá ridículo estar hablándole al teléfono o tocando la pantalla de una tablet, pero aceptaremos gustosos sonreír para darle un “like” a un estado de Facebook, bostezar para darle una mala puntuación a una película o rascarnos el codo para responder un tweet.

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