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Música

House of Blues

Aunque llegó a la fama por su papel como Dr. House, el actor se reconoce más como músico y blusero. Y este mes pasa por Buenos Aires para mostrarnos su faceta menos conocida.

Por Oscar Finkelstein

Como su personaje más famoso, el médico Gregory House de la serie House, el hombre nacido hace casi 53 años en la hiperbritánica Oxford como James Hugh Calum Laurie alterna entre el humor irónico, cuando no ácido, y la reflexión profunda, por momentos existencial y hasta oscuramente nihilista. Y así como pasó de la esfera académica y el deporte –fue remero como su padre, que ganó una medalla en los Juegos Olímpicos de 1948- a las tablas, la tele y el submundo de las celebrities –no sólo por haber noviado con Emma Thompson en sus respectivos años mozos-, Laurie ahora decidió que debía honrar el recuerdo de su primer amor. Y en eso está. ¿Que cómo se llama? Blues.

Casado desde hace más de dos décadas y padre de Charlie, Will y Rebecca, tres veinteañeros, la mentada crisis de los 50 lo encontró grabando su primer disco, Let Them Talk, que anda presentando aquí y allá y con el que vendrá al Luna Park en apenas unas semanas, el 8 de junio. Antes de eso aceptó conwwwar a la distancia algunas preguntas, cuyas respuestas, lejos de lo que suelen resultar estas entrevistas promocionales, permiten descorrer algunos velos de su enmarañada personalidad.

– ¿Quién vino primero? ¿El arqueólogo, el antropólogo social, el comediante, el actor dramático o el músico?
– El músico. La música fue mi primer amor desde que era chiquito.

– A pesar de ser inglés, la música de Let Them Talk no es como la de los bluseros británicos, sino como la de los viejos músicos de blues del sur de los Estados Unidos y particularmente de Nueva Orleáns, la más “francesa” de sus ciudades. ¿Por qué?
– Traté de descifrarlo en mi cabeza y no puedo explicarlo. Parece increíblemente improbable, aunque no soy la primera persona a la que le pasó. Quiero decir, hay una tradición bastante larga de, bueno, lo que parecen ser específicamente intérpretes ingleses que fueron poseídos por el blues: Eric Clapton, los Rolling Stones, Jeff Beck…. Y parece muy, muy extraño pero es así. Es mi primer y posiblemente mi más grande amor. ¿Sabés qué? Ya no me lo cuestiono más.


– ¿Te considerás un blusero? ¿Cuál fue tu primer contacto con el blues?

– La primera vez en mi vida que escuché un blues realmente fue como si una mano gigante saliera de la radio y me atrapara y no me soltara. Tengo la sensación que fue I Can’t Quit You Baby, por Willie Dixon. Pero no estoy completamente seguro de eso. Pienso que fue más una nota que toda la canción. Al escuchar la primera nota de blues pensé ‘Dios mío, hay una nota extraña entre una tercera menor y una tercera mayor y ¿qué carajo pasa entre esas dos cosas?’. Fue como una puerta abriéndose a un mundo de maravillas. Y todavía está ahí y me emociona cada vez que la escucho. Grabé el disco con algunos de los mejores artistas de blues vivos, como Dr John, Allen Toussaint o Irma Thomas. Casi todos los sesionistas son músicos que venero… Estoy completamente sorprendido con esta gente. Además de que, finalmente, están viviendo la vida que en cierto modo yo secretamente deseé haber tenido. Me pareció infinitamente romántico.

– Las canciones que elegiste para tu primer disco son absolutamente tradicionales. ¿Cómo convive ese repertorio con una persona contemporánea que vive en una ciudad como Los Angeles?
– Es un homenaje. Es la música que hace que se me ericen los pelitos de la nuca. Es la música que mejor expresa cada una de las emociones. Me puede hacer reír y me puede hacer llorar. Y puede ser muy creativa. Y puede ser muy obscena. Puede ser muy jovial, pero también muy melancólica y tan desgarradoramente triste. Vivir en Los Angeles es completamente lo contrario. Los Angeles es un lugar donde la gente espera vivir quinientos años y se molesta si no lo logra. Y donde todos tratan de ser eternamente jóvenes y eternamente hermosos. Nueva Orleáns tiene una actitud mucho más mundana para la vida y para la muerte.

El hombre del piano
A diferencia de su trabajo como actor, en su rol de músico de blues Laurie no actúa como un típico frontman, aunque claramente lo es y el público paga sus entradas en todo el mundo para verlo a él, más allá incluso del género musical que haya elegido.

– Su instrumento parece ser el piano. ¿Cómo empezó a tocarlo, qué vino después y cuál es su actual relación con él?
– Tiendo a preferir el piano por sobre la guitarra porque se queda en un solo lugar, que es lo que me gusta hacer. Las guitarras son un llamado al baile, al movimiento. Y a mí me gusta mucho estar sentado. Cuando era chico me llevaban a punta de pistola a tomar clases de piano, como a muchos chicos. Yo lo odiaba. De hecho hice una huelga de hambre de tres días que, ahora que lo pienso, no suena muy larga. ¿Eso no es exactamente sufrir, no? Pero, ya sabés, a los 10 o 12 años, probablemente tres días sea mucho tiempo. Y luego, finalmente, mi madre se quebró y me permitió abandonar el piano. No volví a él hasta el final de mi adolescencia y luego empecé a tocar el violín por mi cuenta. Pero volviendo al lejanísimo pasado, cuando estaba luchando con mis clases de piano, que no disfrutaba, la única canción del libro en el que trabajábamos que recuerdo que se asemejaba vagamente a un blues era Swanee River (la incluyó en su disco debut). Me hacía seguir adelante. Era un oasis en el horizonte y nos arrastrábamos a través de los desiertos de esas horribles canciones de cuna francesas y polkas que tenías que aprender sólo para llegar allí. Y cuando finalmente llegábamos, mi profesora de piano daba vuelta la página, la miraba, era un negro spiritual, ligeramente sincopado. ‘No, pensaba ella, vamos a dejarlo’. Y lo salteábamos. Ese fue el momento en el que supe que la música clásica no era para mí, y por eso esa canción siempre estuvo conmigo.


– ¿Cómo te sentís tocando en grandes escenarios, especialmente cuando tu repertorio en realidad es más para pequeñas audiencias y lugares de clima más íntimo?
– Al principio estaba horrorizado. Era la primera vez en mi vida que tocaba en vivo, con una banda y con público. Pero al mismo tiempo, nunca soporté ver a esta música confinada a una vitrina con el cartel ‘Sólo para ser manejado por ancianos negros’. Esto vale para el blues y para todo lo demás: Shakesperare sólo representado en The Globe, Bach sólo interpretado por alemanes en calzas. La música en vivo parece estar creciendo y creciendo. Es como que la gente está más hambrienta que nunca de una verdadera comunicación. Si me preguntabas hace un año, te hubiese dicho que haría lo imposible para evitar el terror de esa confrontación. Pero ahora realmente le tomé el gusto. Es un momento fantástico porque amo esta música y quiero que la gente también la ame.

– Estás en plena gira, de la Costa Oeste a Sudamérica, luego Rusia y Gran Bretaña. ¿Qué música llevás en tu iPod? ¿Es la misma que solías escuchar cinco, diez, veinte años atrás, o seguís informado sobre lo que está pasando en el negocio de la música y sobre los nuevos artistas?
– Hay mucho en mi iPod. Y suena sin parar, de arriba hasta abajo. Pero no hago listas de reproducción, porque me dan la sensación de que estoy manejando en un cul-de-sac, cuando un disco en realidad va hacia un lugar determinado. Con cualquier disco de Dr John puedo empezar o terminar mi día. Es mi obligación religiosa. Su álbum solista Dr John Plays Mac Rebennack es todo lo encantador que algo puede serlo. Lo estudié durante años y aprendí por mi cuenta a tocarlo entero, nota por nota. Suena musicalmente acosador, porque lo es. Y no hago apología. También está el Concierto para violín en Sol menor de Max Bruch, que te lo comento en parte para que pienses que tengo honduras ocultas y en parte porque es exquisito e integra la base de una dieta balanceada. Lo escucho a menudo, pero nunca como música de fondo. Lo pongo y me tiro en el piso. Es absurdamente romántico. El Koln Concert de Keith Jarrett nunca estuvo lejos de mis oídos desde la primera vez que lo escuché. Casi todos los días escucho algún disco de Jon Cleary. Una bestia como pianista y un cantante delicioso, su banda (los Absolute Monster Gentlemen) puede prenderse fuego. Su disco en vivo Mo Hippa es único. Adrian Duke es de un molde parecido, pero tiene un estilo mucho más perdedor y amigable. Live in New Orleans es una bomba. Su manera de cantar es genial pero completamente ininteligible, lo que no está mal para mí. Me releva de la obligación de escuchar la letra, cosa que hago sólo porque sé que debo hacerlo. La letra es mejor como sonido musical que como portadora de significado. El significado es para los novelistas.

House y después
No parecen rondar a Laurie los fantasmas de sus personajes, especialmente los de ya saben cuál, ni importarle demasiado la opinión de los otros, algo que justamente comparte con ya saben quién. E insiste en que nunca es tarde para ser considerado un blusero.

– ¿En qué se parece James Hugh Calum Laurie con tu personaje en House y con el blusero que lidera la Copper Bottom Band? ¿O son tres personas totalmente distintas? En cualquier caso, ¿cuál es la que más te gusta?
– House y yo tenemos la misma estatura. Y los dos nos limpiamos los dientes periódicamente. Cuando me ves como House sentado al piano, ése soy yo tocando. Y estuve tocando hasta bastante después de terminada la escena y hasta que el director gritó ‘¡Corten!’. Estoy más conectado a esta música que a los personajes que interpreté. Amo a House, pero no soy yo. Este disco sí soy yo.


– ¿Sentís que es más difícil ser tomado seriamente como músico después de todos tus años como comediante y en especial después de un personaje tan fuerte y tan popular como House?
– Yo sé que esto no me hubiera pasado si no me hacía famoso. Soy consciente de eso, no me estoy reinventando. Siempre estuve obsesionado con el blues y esta oportunidad llegó y la aproveché. Sólo me hubiera gustado tener los huevos como para hacer algo como esto mucho tiempo antes. Pienso que tal vez estoy en el mejor de los mundos porque ahora lo conseguí. Soy lo suficientemente afortunado como para saborear la oportunidad que tengo de estar en la misma sala con grandes músicos y escucharlos tocar y tocar con ellos y disfrutar esa experiencia, y no quiero decir que ellos no disfrutan haciendo su propia música, pero por supuesto es algo que ellos estuvieron haciendo durante treinta o cuarenta años, así que supongo que lo dan más por sentado que yo. Yo no doy nada por sentado. Tomo cada nota. Para mí, cada nota es una emoción y me hace saltar de alegría. Si no te importa que lo diga, yo quería aparecer desnudo, porque estoy rodeado de músicos maravillosos. No quería esconderme detrás de ellos, sino aparecer de pronto tan desnudo y honesto como pudiera y decir, bueno, éste soy yo. Esto es lo que voy a hacer. Esto es lo que amo y así es como suena y tomalo o dejalo. Bueno, tomalo. Por favor, no te vayas.

– Cuando grabaste la canción Let Them Talk (Déjenlos hablar), ¿en quiénes estabas pensando? ¿Te importa lo que la gente opina de tu música?
– Yo no nací inmerso en esta música. Me sumergí en ella durante toda mi vida, pero eso realmente no cuenta cuando tenés la entrevista para la Green Card; no cuenta decir que escuché un montón de discos de Screamin’ Jay Hawkins, esa pregunta no te la hacen. Pero me estoy aproximando a las raíces de esta música que amé toda mi vida y lo hago con mucho respeto. Espero que la gente crea y entienda que no estoy siendo caballero. No es algo casual para mí, para nada. Es más importante que casi todo lo que hice hasta ahora. Rompí con una regla elemental del arte, de la música y de las carreras profesionales: se supone que los actores actúan y que los músicos hacen música. No le comprás pescado a un dentista ni le pedís asesoramiento impositivo a un plomero, entonces ¿por qué escuchar la música que hace un actor? La respuesta es que no hay respuesta. Si te preocupan los orígenes y la genealogía deberías probar en otro lado, porque no tengo nada para vos.

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