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Moda

Grandes éxitos

Si las bandas musicales tienen sus greawww hits, los diseñadores y marcas de moda también. Son sus prendas insignia, esas que los catapultaron a la fama y que muchas décadas después siguen vigentes.

Por María Paula Bandera

Burberry no sería Burberry sin el trench, es imposible pensar en Yves Saint Laurent sin que el smoking femenino acuda a la mente, los ejemplos son infinitos, es que los diseñadores y casas de moda consagradas tienen sus greawww hits, esas prendas y accesorios que forman parte de su ADN y que el público venera. Se trata de diseños que alcanzaron un status superior, el de clásicos, que como bien afirma el saber popular, “nunca pasan de moda”.

El mejor ejemplo es el infaltable Little Black Dress. Quién sino Coco Chanel podía diseñar una prenda tan simple y a la vez elegante. En 1926 la revista Vogue publicó el boceto de un Little Black Dress que llevaba la firma de la diseñadora francesa, asegurando que sería el “Ford T” de la marca -perdurable y accesible- y vaticinando que se convertiría en una especie de uniforme para todas las mujeres de buen gusto. Así ganó automáticamente el status de item indispensable en cualquier vestuario que se precie. De corte simple y largo cocktail, versátil, atemporal, sofisticado, el “vestidito negro” ya no le pertenece a nadie, es de todos. Es un infaltable en las pasarelas, los diseñadores lo reinterpretan cada temporada y podría asegurarse que cada día miles de mujeres en todo el mundo se valen de diferentes estilos y accesorios para lucirlo a su manera. Pero siempre seguirá vinculado a la firma Chanel, hasta para aquellos que solo conocen los más básicos rudimentos de la historia de la moda.

El clásico más viejo
Otro básico del guardarropa que tiene nombre propio es el trench, siempre estará asociado a la casa Burberry, como ocurre desde 1914. Su existencia se debe a un episodio histórico poco feliz; Thomas Burberry, el creador de la firma homónima, recibió un pedido por parte del ejército inglés: diseñar una prenda cómoda, resistente e impermeable para que los soldados pudieran usar en combate durante la Primera Guerra Mundial.

Los oficiales británicos pensaron en Burberry porque el diseñador había patentado la gabardina, un tejido impermeable, en 1879. El textil reunía una serie de condiciones que lo hacían único: abrigaba pero era liviano, tenía aberturas que permitían la ventilación y repelía el agua. Con esa materia prima, Burberry creó un diseño funcional a los militares que luego sería utilizado por hombres y mujeres de todos los oficios y profesiones. Cada parte del trench tenía un propósito: la solapa del pecho, por ejemplo, brindaba protección, la de la espalda precipitaba la caída de las gotas de la lluvia hacia el suelo.

Durante ese conflicto bélico, la casa Burberry fabricó alrededor de 500 mil trench, pero el furor por la prenda continúa hasta hoy.

Copiado hasta el hartazgo, un trench de Burberry no es cualquier trench, ya que su proceso de fabricación lleva más de 100 pasos. La costura del cuello se realiza a mano y requiere exactamente 180 puntadas. El forro cuadriculado en cámel, marfil, rojo y negro –uno de los estampados más plagiados del mundo- es otra insignia de la marca; cortarlo y colocarlo exige atención, ya que los cuadrados deben quedar simétricos.

El smoking femenino
Corría 1966, cuando Yves Saint Laurent tuvo una idea revolucionaria, vestir a las mujeres de traje. Defensor de la libertad y de la independencia femenina, su creación –a la que llamó Le Smoking- era muy de avanzada para la época y los críticos de moda no lo comprendieron; pero algunas famosas –como Liza Minelli y Catherine Deneuve- lo adoptaron como parte de su vestuario y le dieron visibilidad.

Bianca de Marcias subió la apuesta y se convirtió en la señora Jagger enfundada en un escotadísimo smoking blanco de YSL, aunque llevó pollera en lugar de pantalón. Desde esa primera aparición y hasta que se retiró, en 2002, Yves Saint Laurent presentó un smoking en todas sus colecciones. Defendió al traje como un básico del guardarropa femenino, “para una mujer, el smoking es una prenda indispensable con la que sentirse bien siempre porque tiene que ver con el estilo, no con la moda; la moda viene y va, pero es estilo es para siempre”, aseguraba. En 1975, Helmut Newton terminó de darle un tinte revolucionario al asunto; fotografió a dos modelos, una de ellas desnuda y la otra cubierta con un Le Smoking, para la edición francesa de Vogue.

El smoking es tan icónico en la casa Saint Laurent que cuando Hedi Slimane asumió como director Creativo de la firma, en 2012, le otorgó un papel protagónico en su primera colección; desde entonces no dejó de reinterpretarlo y subir nuevas versiones a la pasarela, tal como hiciera el creador de la marca allá por el 66. Es que Slimane volvió a poner en contacto a la casa francesa con la juventud y la moda de la calle y era lógico que, en ese reencuentro con las raíces, el smoking ocupara un lugar preponderante.

El vestido que creó un imperio
Quien sabe, quizás Diane Von Fürstenberg se haya inspirado en los atributos del trench y el litte black dress, dos prendas icónicas que precedieron a la suya: comodidad y elegancia. Su famoso “wrap dress” –vestido envolvente- se convirtió en un hit instantáneo en 1974. Dos años después ya había vendido más de un millón de vestidos y la diseñadora –enfundada en un wrap dress, por supuesto- llegó al portada de Newsweek, quien la proclamó como la “más mujer más vendedora desde Coco Chanel”.

El vestido exaltaba la silueta femenina, se cruzaba envolviendo el cuerpo y se sujetaba a la altura de la cintura con un cinturón de la misma tela. En su creación, Von Fürstenberg supo conjugar lo cómodo y lo sexy, un combo que siempre funciona; por algo describió al wrap dress como “una amiga, una prenda cómplice que lo mismo te sirve para ir a trabajar que para seducir y terminar con un hombre en la cama”.
El vestidito en cuestión le abrió la puerta grande de la moda. Pronto su marca se expandió hacia otros rubros como los accesorios, la decoración y las fragancias. En 2014, el icónico vestido cumplió 40 años y tuvo una retrospectiva en el Wilshire May Company Building, en la ciudad de Los Angeles. Allí se puedieron ver las distintas versiones que eligieron Madonna, Michelle Obama y Paris Hilton, entre otras celebrities, pero la anécdota que más impactó Von Fürstenberg a nivel personal fue la de Íngrid Betancourt, “tras seis años secuestrada, el primer vestido que se compró fue un wrap dress. Ahí fue cuando la sensación de libertad que siempre defendí que le proporciona al cuerpo femenino, tomó un nuevo significado”, dijo.

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