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Tecno

Google de la A a la Z

El largo camino de una simple búsqueda al control absoluto.

Por Tomás Balmaceda

En el siglo XIX Charles Dickens sentenció que los hombres somos “animales de costumbres”. Fue una definición deliberadamente artificiosa y con aires cientificistas por parte del escritor victoriano pero que quedó instalada en la cultura popular porque recoge una intuición que todos alguna vez sentimos: nos afectan mucho los cambios en nuestras rutinas cotidianas. Incluso las modificaciones más insignificantes en nuestros hábitos nos parecen enormes. Esta verdad quedó confirmada hace algunas semanas, cuando se produjo un hecho cosmético que todavía hoy nos sorprende: Google cambió radicalmente su logo. Una tipografía totalmente distinta, de trazos mucho más gruesos y uniformes, y colores más vivos nos revelaron la nueva cara de un diseño que vemos a diario. Todavía hoy, al entrar alguna página o abrir alguna aplicación en el teléfono, nos detenemos a ver esa nueva “G” o esos colores brillantes. Es como si hubiésemos olvidado en todas las partes en que Google estaba presente y que se nos vuelve a develar a medida que pasan los días.

Para los especialistas se trató de uno de los cambios de imagen más grandes de la historia comercial, y no es difícil imaginar los esfuerzos que habrán realizado en la empresa para evitar que se filtre antes de tiempo en la era en la que los rumores viajan a la velocidad de la luz. El martes 1 de septiembre, a la misma hora y alrededor del globo, todos los sitios de Google modificaron su imagen y miles de millones de teléfonos recibieron actualizaciones de decenas de aplicaciones. Según el comunicado oficial, el cambio se realizó para que el flamante logo refleje los cambios por los que atravesó la compañía en estos últimos años y se adapte a las nuevas pantallas: “Hemos tomado el logo de Google y sus marcas, que originalmente fueron construidas para una página de navegador de escritorio, y las actualizamos para un mundo computacional sin problemas a través de un sinfín de dispositivos y diferentes tipos de interacción (como tocar, teclear y hablar)”. El discurso oficial, entonces, es que el nuevo logo se ve mejor en pantallas pequeñas como la de los smartwatches o en la esquina de la app Maps. Sin embargo, detrás de la transformación se esconde mucho más que un cambio estético.

La nueva “G” de Google es la punta visible de un iceberg que es la revolución interna que está atravesando la compañía. Mucho agua pasó bajo el puente desde aquella humilde start-up que buscaba indexar las pocas miles de páginas que tenía Internet en 1996. Hoy es un imperio que diseña autos sin conductor, quiere curar el cáncer y busca ofrecer Internet de manera gratuita con globos suspendidos en el límite de nuestra atmósfera. Google nació con el objetivo de “organizar toda la información del mundo” y para ello Larry Page y Sergey Brin –dos estudiantes de la Universidad de Stanford que se cruzaron por casualidad en un pasillo- desarrollaron algoritmos y pequeños programas que mapeaban regularmente todas las páginas de Internet disponibles y ofrecían mejores resultados que los competidores de aquel momento, Yahoo!, Altavista y AOL. Casi dos décadas más tarde, no sólo Google es el buscador más popular del planeta, con una participación en el mercado cercana al 67%, sino que es una empresa que generó 50 mil millones de ganancias en 2014 y que por primera vez le robó a Apple el puesto de “compañía más valiosa del mundo” según el prestigioso ranking de Millward Brown.

Atrás quedaron los tiempos en los que Google se conformaba con organizar información. “Supongo que esa misión que nos habíamos impuesto resultó un poco estrecha y ahora estamos pensando en términos más amplios”, le dijo entre risas Page a la revista Fortune en diciembre. Quizá con eso en mente, hace algunas semanas atrás Google sorprendió con el anuncio de la creación de Alphabet, un conglomerado de empresas que hasta ahora eran simples divisiones de la compañía de Mountain View. Estas flamantes compañías son Boston Dynamics, vinculada a los robots; Calico, enfocada a la salud y con estudios para detener el envejecimiento y comprender mejor el cáncer y el Alzheimer; Capital, orientada a las inversiones en empresas tech; Fiber, el emprendimiento para crear una red de Internet mil veces más rápida que la banda ancha actual; Life Sciences, que desarrolla gadgets como las lentes de contacto con medidor de glucosa para diabéticos; Nest, creadora de un termostato conectado a la red WiFi, desde donde Google quiere crear su emporio de Internet of Things; Ventures, con fondos para capitalizar start-ups y X Labs, el espacio de experimentación e innovación que está probando un automóvil sin conductor y la red Loon, de globos que ofrecen internet en zonas alejadas del planeta. Finalmente, el buscador y los negocios relacionados con Internet -como YouTube, Android o Chrome- seguirán llamándose Google, que de ahora en más es una subsidiaria de Alphabet. Para nosotros, simples mortales, estos cambios no significan demasiado, pero para la mega estructura que hay detrás de la rectángulo vacío al que acudimos cada vez que queremos encontrar algo con un “enter” significa mucho.

Alphabet es un paraguas bajo el que se abrigan todos los negocios del gigante tecnológico, la mayoría de los cuales habían quedado muy alejados de la idea original de Google y de sus objetivos. Además, el nuevo orden separó aquellas divisiones que en la actualidad generan grandes dividendos de los proyectos que prometen cambiar el futuro pero que están muy lejos de convertirse en fuentes de dinero inmediatas. Con esta decisión, cada área tendrá mayor independencia y podrá moverse libremente sin condicionamientos. “Esta nueva estructura nos permitirá hacer foco en las oportunidades extraordinarias que tenemos dentro de Google”, escribió en su blog Page. Él se convirtió en el flamante CEO de Alphabet mientras que Sundar Pichai es el CEO de Google.

Como bien pueden dar cuenta Microsoft o Nokia, sólo por dar dos ejemplos, nada garantiza que ser los líderes de una industria dure por siempre. El reinado de Google no será eterno y sus ejecutivos lo saben. ¿Será que piensan en ir pasándole el puesto de mando a una letra de su propio alfabeto por vez?


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