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Entrevistas

Fuego Eterno

Emmanuel Horvilleur y Dante Spinetta: historia de dos grandes amigos que se salieron con la suya.

Por Eduardo Fabregat
Fotos: Lucila Blumencweig
Producción: Daniela Benítez y Mariana Colson.

En el mundo del espectáculo, la frase “crecer en público” ha sido utilizada infinidad de veces, muchas veces con acierto. Pero hay casos en los que el concepto encuentra un ejemplo perfecto. En 1988, Luis Alberto Spinetta decidió abrir el Lado B de su disco Tester de violencia con “El mono tremendo”: una potente extrañeza firmada por un grupo que convertía el nombre del grupo infantojuvenil Menudo en Pechugo. En el disco y en la presentación del teatro Broadway en noviembre de ese año, Catarina y Valentino Spinetta y Lucas Martí compartieron micrófono con Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur, que fijaron así el kilómetro cero de un camino artístico largo y fructífero.
Es que tres años después, Dante & Emma, continuadores de la férrea amistad del Flaco y Eduardo “Dylan” Martí (padre político de Horvilleur) ya no eran Pechugo sino Illya Kuryaki & The Valderramas, fundiendo al Agente de CIPOL con el talentoso melenudo de la selección colombiana y clavando en el ángulo de ese 1991 sus dos primeros hits. Con “Fabrico cuero” y sobre todo con Es tuya Juan, los Kuryaki se instalaron como otra faceta del rap argentino, en la vereda opuesta a Jazzy Mel: tan opuesta que, en los siguientes álbumes, el dúo se convirtió en banda, y el rap en un punto de partida para una amplia paleta de músicas afroamericanas. Horno para calentar los mares (1993), Chaco (1995), Ninja Mental MTV Unplugged (1996), Versus (1997), Leche (1999) y el compilado con inéditos Kuryakistán (2001) le dieron forma a una carrera en la que el dúo se despegó de cualquier presunción sobre sus lazos sanguíneos. Pero que también significó un seguimiento de su paso a la pubertad, a la juventud, a la adultez, a convertirse ellos mismos en padres. Esa, claro, fue una de las facetas: resultó fascinante el crecimiento musical de IKV, del rapeo sobre simples sonidos de teclado y batería electrónica a su dominio de género en los que el que no pela queda en ridículo.
La historia de Kuryaki se truncó en 2001, cuando Dante & Emma decidieron abandonar la Matrix y probar suerte por la suya. No es que en IKV no se hubieran dado espacios “solistas”: en vivo y en los discos siempre hubo juegos solitarios, de dúo y de banda. Pero durante diez años Spinetta y Horvilleur hicieron la suya, con identidades bien diferentes (el primero lanzado a una faceta 100% rapper, el otro consagrándose a una noble vertiente de canción pop rock). A pesar de llevar esos pasos en el contexto de una industria musical en disgregación, no les fue mal.
Pero entonces, como si las décadas marcaran el pulso, en 2011 llegó el momento de volver a la Matrix Kuryaki. Y reunirse, grabar Chances y salir a tocar fue tan natural como el momento en que bifurcaron los caminos: así lo explican en un tranquilo bar entre Belgrano y Viyurca -histórica área de influencia de la famiglia IKV- donde en medio de la charla, de improviso, son capaces de suspender un análisis serio de su trayectoria para torearse y provocarse como si siguieran siendo esos Pechugos fabricantes de cuero: “Dale, a ver, hacete otro ‘Abarajame’, dale, no te sale”, pincha Emma a Dante, y Dante promete un llamado en mitad de la madrugada para cantarle “Retuiteame en la panera”.

-Con ustedes es raro hablar de “regreso”. ¿En qué momento la amistad, la hermandad de la vida, le vuelve a abrir la puerta al proyecto musical?

Emmanuel: Nosotros somos amigos pero la amistad no es para afuera, es nuestra. Kuryaki es el proyecto para afuera, algo que volvemos a compartir y que sí, nos repotencia en el plano de la amistad.

Dante: Pasó que nos empezamos a juntar en la casa de un amigo a zapar y justo se cumplió el aniversario de la separación. Estábamos los dos en el mismo sello, con discos que salieron casi al mismo tiempo. Y empezamos a boludear la idea, a familiarizarnos cada uno por su lado. Un día Emma me dice “si juntamos la banda ya tenemos el guitarrista”, y me manda el link de Matías Rada tocando en Canal Encuentro con Rubén. Y yo le respondí que obviamente teníamos que poner al Rafa Arcaute en teclados, que tocaba conmigo. Empezamos con timidez, hasta que nos fuimos de vacaciones con nuestros hijos y en esas vacaciones hicimos unas canciones y nos propusimos ver si podíamos combinar nuestros mundos. Porque más allá de la amistad habia que ver si conceptualmente, esteticamente, con las carreras solistas tan diferentes que habíamos tenido, podíamos combinar nuestros espíritus de nuevo. Empezamos a componer y cuando salió “Helicóptero” dijimos “OK, esto sigue intacto”.

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