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Wine News

Francisco Puga

Cafayateño por adopción, encontró en los Valles Calchaquíes su lugar en el mundo y deslumbró desde Amalaya con una gran relación precio-calidad.

Por Alejandro Iglesias
Foto: Carolina Grillo 

Cafayate es una tierra mágica, de esas que enamoran. Sus paisajes, sus historias, su atmósfera pueblerina, todo esto se expresa también, y con particular intensidad, en sus vinos. En ese paraje al sur de la provincia de Salta se encuentra Amalaya, la bodega más novedosa del reconocido Hess Family Estate en Argentina. Su enología está a cargo de Francisco “Paco” Puga, un sanjuanino que forma parte del clan de expatriados cuyanos en Cafayate. Enólogo dese 1999, llegó a los Valles Calchaquíes en 2003 y se sumó a Colomé en 2010 para asumir el control de Bodega Amalaya en 2011. Desde entonces elabora vinos de corte con uvas de diferentes regiones del Valle, un trabajo que le permitió develar muchos de los misterios que esconden los viñedos de estas tierras. Creativo e intuitivo, Paco ya es sin dudas parte de la nueva generación de los enólogos de altura. 

 -¿Cómo fue tu llegada a Cafayate?
-Siempre quise venir a Salta. Cuando trabajaba en San Juan, una persona relacionada al negocio del vino en todas las provincias me hablaba de lo hermosa que era Cafayate y de lo rico que eran sus vinos. Eso me generó intriga por descubrir el lugar y en 2003 aproveché una oportunidad de trabajo en El Esteco para venir a verlo en persona. Llegué para no irme más, desde el primer momento me embrujó y me atrapó del mismo modo que le sucede a muchos enólogos y agrónomos. A Cafayate llegás para echar raíces.  

-Decir embrujo habla de cierto aspecto mágico…
-No sé si magia, pero los Valles Calchaquíes ofrecen un combo de clima, gente, cultura y vinos que te despiertan pasión y creatividad. Ni bien llegué encontré cosas hermosas pero también mucho para hacer. Más allá de que la región tenga cientos de años de historia vitivinícola, siempre descubrimos cosa nuevas o mejoramos. Hoy, por ejemplo, estamos en pleno descubrimiento de los terruños. Los Valles son una micro región, y aún así cada parte te da una expresión propia. En Amalaya tenemos cinco fincas y cada una es distinta a la otra, lo que da cuenta del potencial para elaborar diferentes estilos de vinos y cepas.

-¿Qué cambios observaste en la región en la última década?
-Desde lo vitícola, lo enológico y lo empresarial Cafayate creció mucho gracias a la influencia que tuvieron importantes inversores y asesores como José Luis Mounier, Michel Rolland y Donald Hess, entre otros. Aquí todos aportaron algo y se complementaron para dar protagonismo a los Valles Calchaquíes. No hay una persona que pueda decir “yo lo hice”, es un logro de todos. Desde las bodegas de Cafayate siempre vendemos y comunicamos la región. Tenemos bien claro que, si crece uno, crecemos todos. 

-¿Cómo describirías el crecimiento de los vinos?
-Evolucionamos desde la calidad, el estilo y el posicionamiento. Alcanza con mirar el precio promedio de nuestros vinos, el más alto del país, para notar que los Valles Calchaquíes dan vida, casi exclusivamente, a vinos de alta gama. El promedio de un vino de la región es de $70 y existen los que llegan a $600. Hace una década los vinos íconos eran muy pocos pero hoy todas las bodegas cuentan con uno. Y, lo más importante, el consumidor los elige. También logramos refinar la imagen de los vinos salteños. Siempre se consideró al vino de los Valles como rústico pero hoy muchos alcanzan un nivel de elegancia que hace diez años era difícil de imaginar. 

-¿Te molesta esa idea de rusticidad?
-No. En realidad, ya no existe la rusticidad de épocas pasadas. Es cierto que elaboramos vinos de gran estructura y potencial, que es producto del terroir de altura, donde el sol y la aridez nos llevan a alcanzar niveles de taninos y estructura superiores a los de otras zonas. Pero de todos modos evolucionamos hacia la elegancia y eso se aprecia en la mayoría de los vinos. Pero atención: los vinos del valle serán siempre los más robustos de Argentina y no renegamos de eso, es el carácter de nuestro terroir. 

-¿Cómo es el camino a ganar elegancia? 
-Para nosotros será más complejo que para otras regiones, quizás en veinte años podamos lograr vinos más ligeros, relajados y refinados. De a poco vamos conociendo más del terroir como para saber qué debemos mejorar en el cultivo y la elaboración (por ejemplo, menos extracción o maceraciones más cortas). Tenemos un terruño que se impone y ante el cual las plantas y las uvas responden con hollejos más gruesos, más concentración de azúcar y materia colorante. Entonces, el camino es desde las prácticas enológicas. Pero va a llevar tiempo.

-Cada vez se apuesta más fuerte por cepas no tan tradicionales en Cafayate. ¿A qué lo atribuís?
-Desde mi punto de vista, para trascender debemos diferenciarnos. Sabemos que otras regiones se destacan con el Malbec o el Chardonnay pero ése no es el camino de Cafayate. Debemos mostrar cosas diferentes y en ese sentido apostamos desde mejorar el cultivo en antiguos viñedos de Bonarda, Ancellota o Tannat mientras también probamos con Cabernet Franc y Petit Verdot. La clave de los Valles Calchaquíes es ofrecer diversidad, algo que tenemos a pesar de ser una micro región que no puede crecer mucho más en hectáreas. 

-Nombraste apuestas en tintos, ¿qué sucede con las cepas blancas?
-Soy un amante de los blancos de la zona. Me encanta el Torrontés pero hay mucho y de diferentes estilos. Cafayate tiene potencial con las cepas aromáticas como Sauvignon Blanc y Riesling. La altura ofrece un ámbito ideal para su maduración y, a la vez, ofrece un estilo único en el mundo para estas cepas. Esa diferenciación es el camino del éxito. El futuro de las blancas va a estar en manos de las aromáticas, que vale la pena recordar, son muy exitosas a nivel mundial.

-Acabás de presentar un espumante con base Riesling, el Amalaya Brut Nature, algo único en el país. ¿Cómo nació la idea?
-Por un lado la apuesta fue enológica: notamos que el Torrontés no se lleva tan bien con la segunda fermentación mientras que el Riesling, gracias a su acidez elevada, permite un mejor resultado. Pero además el vino resulta fresco y original, y eso es algo que el mercado busca. Si queremos competir en un estilo que otros dominan,  debemos ser únicos además de buenos.

-En Amalaya sólo elaborás vinos de corte. ¿Por qué? 
-La filosofía de la bodega fue siempre elaborar vinos de corte a partir de diferentes cepas y fincas. Para hacer varietales en Salta, Hess Family Estates tiene a Colomé. A mí me encantan los vinos que elaboramos, me permiten plasmar el terroir jugando con el el potencial de cada cepa y de cada zona, ambos como parte de un todo en la botella. Y más allá de que son todos vinos de corte, también es cierto que cada etiqueta es bien distinta a la otra. Y eso es algo que te facilita este maravilloso terruño.

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