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Música

Flaco y eterno

En su homenaje a Luis Alberto Spinetta, que tituló Puentes Amarillos, Pedro Aznar conmovió a 50 mil personas.

Por Grisel Ruiz

En 1983, Pedro Aznar y Luis Alberto Spinetta apuntaban hacia un mismo lugar: grandes músicos de un rock nacional naciente post Malvinas. Locos capaces de cierta desfachatez para vestir calzas apretadas y camperas con estilo vintage. Era el renacimiento del rock argento y ellos estaban en primera fila.

Así, compartieron giras, composiciones y noches. Se hicieron amigos sacándole chispas a bajos y guitarras y compañeros de trabajo como Moro, Epumer y Machi. El tiempo pasó. Y mientras que Aznar se apoyó en la música latinoamericana, el folklore y el jazz, el Flaco se sostuvo firme en el rock spinetteano. Parecía que los caminos se bifurcaban. Pero no, no tanto.

Es que, vaya uno a saber por qué, Aznar nunca abandonó el barco y las costas de Spinettalandia. Algo que confirmó en su álbum Quebrado (2008), donde dejó en claro -con su versión de Credulidad– que su admiración por las composiciones del Flaco seguía vigente. Y su capacidad para interpretarlas también.

Por eso, no fue extraño que el domingo 29 de abril se animara a hacer este show a tres meses de la muerte de Spinetta: un recital gratuito, organizado por el Ministerio de Cultura y Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, donde repasó 26 canciones del poeta más legendario del rock nacional. Y allí, Aznar se encargó de que fuera una noche memorable. Hubo de todo: clásicos, emoción, virtuosismo, humor y un micrófono que dejó de funcionar y, por 30 segundos, se convirtió en el responsable de la repetición del tema Alas de la Mañana. «Se cortó en una parte, ¿no?», interrumpió Aznar con picardía. «Tiralo a la basura y tocala de nuevo», respondió la multitud. «¿Ustedes dicen? ¡Bueno, adelante!».

 Celebrar al Flaco

 Luego de Cantata de Puentes Amarillos y Perdonado, Aznar disparó: “Elegí la palabra Celebración como subtítulo de este concierto, porque el vocablo Tributo pone cierta distancia. Cierta lejanía. Y yo quiero que celebremos juntos este legado que Luis nos dejó para siempre”. El público empezaba a tomar temperatura, gritaba animado y pedía por más, por mucho más. Y en un instante, ante una tira de palabras adicionales, apareció el legendario baterista Pomo, un soldado de Spinettalandia. El verdadero espíritu de Spinetta empezó a salir de la galera de Aznar y explotó en Resumen Porteño y en un altamente erótico tono en la versión de Sexo.

Si bien hubo algo de nostalgia y de tristeza por la ausencia del Flaco, la consigna de estar en medio de una celebración siempre estuvo presente. Casi sobre el final, la intensa voz de Roxana Amed apareció en escena para notables versiones de Barro, Tal Vez y de Durazno Sangrando.

Muchacha Ojos de Papel, el himno más recordado de Spinetta, fue la crónica de un final anunciado. Pero como siempre el “una más y no jodemos…” ganó la pulseada de un segundo bis y Aznar, casi desnudo instrumentalmente, le dio lugar a Ella También. Breve apagón de luces, alaridos y un largo silencio. Estaba todo dicho.


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