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Literatura

Ferdydurkiana

A 110 años de su nacimiento, exilio y literatura, poesía y periodismo, modernidad y tradición son algunos de los temas del gran menú Gombrowicz

Por Florencia Canale
Ilustación: Juan Nacht

Hay un largo camino de malos entendidos en el significado de algunas palabras. O tal vez un pésimo hábito logrado tras la repetición de la repetición del error. Esto sucede con el uso despreocupado –y casi siempre errado- de “híbrido”. Una inmensa cantidad de inocentes, o no tanto, asumen que ese adjetivo describe a una persona sin colorido, podría decirse pálido. Pues no, al hacer referencia de un híbrido, se describe, por ejemplo, a un texto difícil de definir, complicado de ubicar dentro de un género establecido. El Facundo de Domingo Sarmiento no se puede definir como una novela; es un híbrido ya que está construida a partir de varios géneros: novela, ensayo y así.

A la hora de hablar de Witold Gombrowicz, podría ser una posibilidad aquella de colocarlo entre dos aguas o más. No las dos orillas con las que se podría instalar a Juan Carlos Onetti –la uruguaya y la argentina –sino la nuestra y la polaca. Las vueltas de la guerra lo obligaron a emigrar y Buenos Aires lo recibió con los brazos abiertos –aunque su estancia no fue fácil- durante unos largos años.

Príncipe de la intelligentzia
Nació el 4 de agosto de 1904 en Matoszyce, al sur de Varsovia, dentro de una familia noble. Estudió en un colegio católico y luego Derecho en la universidad, hasta convertirse en abogado. Como corresponde, ingresó al tribunal de Varsovia con una pasantía y ejerció como secretario. Sin embargo, el mundo de las leyes no parecía ser lo suyo. Prefirió deambular por los cafés donde transcurría la vida cultural de la época –el Ziemianska y el Zodiak- y compartir largas estadías junto a intelectuales y jóvenes escritores. En la década del 30 se lanza a la escritura y publica Memorias del período de la inmadurez. Tal vez porque el título ofició de oráculo o porque el editor no defendió su escrito a capa y espada, lo cierto es que el libro no fue bienvenido por la crítica. Sin embargo, esto no amedrentó al joven escritor.

Enfurecido con quienes habían denostado sus ansias literarias, Gombrowicz escribe la novela que luego será señalada como la insignia de la Modernidad: Ferdydurke. “Mi escritura se basa en los modelos tradicionales. En cierto sentido, Ferdydurke supone una parodia del cuento filosófico al estilo volteriano”, quiso explicar el novel autor. La ira que le había provocado la lectura de las críticas a su primer libro, la transformó en una máquina panfletaria contra aquellos que lo habían herido. Como la mayoría de los escritores, buscó hacer justicia por pluma propia y comenzó el ajuste de cuentas con la cultura de su país.

La novela no apareció en Polonia sino veinte años después, en 1957, y se vendieron 10 mil ejemplares. Pero no hay bien que dure un año. Se la volvió a prohibir en el ’58 y siguió “guardada” hasta 1986. Como si no hubiera sufrido vejámenes, a partir de 1990 fue considerada un clásico polaco.

Gombrowicz supo muy bien lo que escribía. Y lo que provocaría en la sociedad. Hasta entendió que se construirían regimientos de seguidores de su arte. “¿Cómo hay que describir a aquella persona ferdydúrquica? Creada por la forma, es creada desde el exterior, lo cual vale decir que es inauténtica, deformada. Ser una persona equivale a no ser nunca uno mismo. Y también, la persona es una incesante productora de la forma: segrega forma infatigablemente, como la abeja segrega miel”, escribió en el prefacio de la edición francesa de Pornografía, otra de sus obras.

El exilio
Pocos días antes del estallido de la II Guerra Mundial, un grupo de escritores polacos, entre los que se encontraba Gombrowicz, viaja a la Argentina. Alemania invade Polonia, y el viaje cultural se convierte en una peripecia. Decide quedarse en Buenos Aires, obligado por las circunstancias. No fue una vida fácil al principio. Vivió en condiciones de extrema pobreza, hasta que le consiguieron un puesto en la sucursal del Banco Polaco. Y en un gesto kafkiano, aprovechó los tiempos muertos para escribir Trasatlántico, otra de sus grandes novelas.

Hasta mediados de los 60 permaneció en el país. Se desempeñó como profesor de filosofía, traductor, periodista. Pero sobre todo, devino en escritor de culto con una cantidad de seguidores fieles. Junto a un grupo de compañeros, tradujo Ferdydurke al castellano, que se publicó en 1967, con un prólogo de Ernesto Sábato.

La buena noticia es que del 7 al 10 de agosto, cuando se cumplen 110 años de su nacimiento, se llevará a cabo el I Congreso Internacional Witold Gombrowicz en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Los temas rondaran la literatura comparada, el exilio, el teatro, los vínculos sociales, los intelectuales en Argentina y los intelectuales en Europa. Y, seguramente, provocará un nuevo y brillante malentendido.

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