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General

Fenómeno Stand Up

Con Malena Pichot a la cabeza, estalló el humor estilo neoyorkino. Pros y contras del nuevo parripollo de la escena nacional.

Una gota de silencio helado cayó sobre los quince mil espectadores del Teatro de Dionisio luego de que Antígona arrojara un puñado de tierra sobre el cadáver de su hermano. Con ese sencillo gesto, la valiente mujer había no sólo violado la orden del rey de Tebas –quien había prohibido darle sepultura al traidor Polinices– sino que había sellado allí su muerte. Cuando se cumplió su terrible destino, todos los presentes sintieron pena por la heroína con la que se habían identificado, pero a la vez los recorrió una sensación de alivio: había concluido la tragedia y ellos habían purificado sus almas hasta convertirse en mejores ciudadanos. La representación de Antígona en las Grandes Dionisias del año 442 a.C. significó la consagración de su autor, Sófocles, quien fue nombrado comandante en jefe de un ejército en recompensa por su trabajo.
Veinte siglos más tarde, una sonora carcajada domina por unos instantes el ambiente de una de las salas del Paseo La Plaza en Buenos Aires. Al ver a una cómica hablar de los problemas de tener piernas gordas y salir a comprar ropa para un casamiento, una espectadora se siente identificada con la veinteañera que desarrolla su rutina de stand up. La carcajada es sincera pero también triste, porque le recuerda sus propias penurias. Cuando termine el show irá con sus amigas a comer pizza a algún local de la Avenida Corrientes y bromeará sobre los hidratos de carbono y el vestido que necesita para una fiesta de la empresa en la que trabaja. Aristóteles consideraba a la tragedia una eficaz forma para que la sociedad y sus integrantes mejoren… ¿qué habría dicho sobre el stand up, el género que nació en Estados Unidos y que hoy mismo vive un boom inédito en Buenos Aires, extendiéndose incluso a todo el país?
Para el filósofo griego, la tragedia era una suerte de obra de arte total que es superior en alcance y carácter a la misma historia porque “la primera tiende a representar lo universal; mientras que la segunda se refiere más a lo particular”. Y, a diferencia de otros géneros, la tragedia imita y representa la realidad para poder transformarla. Según su visión, esta forma de arte agita el espíritu del espectador y le permite una descarga afectiva que lo purifica y sana. Al ver al héroe atravesar diversas penurias antes de enfrentar una muerte segura, el espectador se identifica con él y es atravesado por dos sentimientos, la piedad y el terror. Esto lo involucra de un modo muy profundo, provocándole una conmoción tal que lo termina purgando de males y medio. Al finalizar la pieza, el duro castigo que el destino tenía reservado para el héroe y sus adversarios lo deja sensibilizado, pero con el alma más limpia y liviana. Esto es a lo que se llamó originariamente catarsis y es por esto que las tragedias mejoran la sociedad.

Aunque sus diferencias son notables, algunos puntos en contacto entre las tragedias griegas y el stand up parecen volver lícita la inquietud de si es posible que los monólogos rabiosos que se multiplican en pequeños escenarios de toda la ciudad logren inducir a la catarsis a los espectadores. Quizás el stand up llegó para volver a los porteños mejores personas.

Leé la nota completa en la edición de junio de Revista Bacanal.

EDITORIAL. La risa y otras tristezas.

“La risa necesita un eco”, afirmaba el filósofo Henri Bergson en su libro La risa. Ensayo sobre la significación de lo cómico. Y la frase, claro, queda picando. Porque ese eco, necesariamente, debe ser humano y ese eco debe ser oído, para ser definitivamente un eco, por un humano. Tal vez, en este eco, resida el fenómeno del stand up, ese género que comenzó en Estados Unidos y se hizo fuerte en las radios, en los bares y en las salas pequeñas y subterráneas de Nueva York. Ese género que se ríe de las desgracias propias y ajenas logró establecerse más allá de las fronteras y de su idioma original. Ese género que, a través de un simple artilugio, consiguió algo muy complejo: hacer reír.

En su libro, Bergson también afirma: “Una frase es cómica cuando nos hace reír de aquel que la pronuncia, mientras que se considera ingeniosa si hace que nos riamos de un tercero o de nosotros mismos”. De esto, podemos inferir que el stand up no sólo crece y se desarrolla en el eco sino que al mismo tiempo es ingenioso.

¿Pero es de verdad gracioso el monólogo de un hombre o de una mujer que se ríe de los otros o de sí mismo? ¿Es ingenioso? Bueno, no siempre. Hay varias noches perdidas en bares que lo demuestran. Lo seguro es que, incluso en los casos fallidos, esa era su intención, su búsqueda. Y con 80 obras por semana en Buenos Aires y 30 escuelas que están abocadas a enseñar el género, puede decirse que esa búsqueda ha comenzado y son muchos los que van detrás del Santo Grial.

Y, sin embargo, hay quienes aún dewwwan este formato.

Ocurre que el stand up tiene algo que también poseen los mimos: se puede volver altamente fastidioso. Tanto el stand up como los mimos son inflamables. Y no en el buen sentido. En ambos casos, el eco puede despertar instintos agresivos y salvajes en lugar de carcajadas.

En este número de Bacanal, el eco de la risa está presente en la entrevista a Sebastián Wainraich –quien afirma algo interesante: “Hoy es cool hablar mal del stand up“– y en la nota de tapa que refleja los pros y los contras del género, quizás uno de los fenómenos urbanos más importantes de los últimos años.

Y, sin embargo, no es un número del todo alegre.

De algún modo, la muerte del enorme Miguel Brascó lo empaña todo. Aunque los recuerdos sobre Brascó, sus anécdotas, nos devuelvan una sonrisa.

Entre la risa y la muerte, en todo caso. Como la vida misma, ese inevitable lugar común.

 Javier Rombouts

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Además, en este número:

Bacanal Junio+ Entrevista con Sebastián Wainraich.
+ Slow Fashion
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La religión inspira la moda.

… y mucho más!

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