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Columnistas

Fantasías de salud

Chicas en salidas de chicas, donde se mezclan tragos y el plato de todos los días: los hombres.

Por Fernanda Nicolini

Creo que entramos en ese estado que yo llamaría síndrome de ancianidad anticipada o, para ponerlo en términos posmodernos, estado de trastorno obsesivo “todo puede ser veneno para tu cuerpo”.

-¿Perdón? ¿De qué estás hablando Willis? –sale a la defensiva Carmela, con su estilo enérgico de sábado por la mañana, único día en el que se pone el equipo de gimnasia que se compró para salir a correr. Hasta ahora, sus zapatillas no superaron los cinco kilómetros por hora.

-Estoy hablando que desde que nos sentamos no paramos de mencionar enfermedades, posibles enfermedades, enfermedades imaginarias y demás paranoias como si fuéramos mi abuela Martita y mi tía abuela Elsa al teléfono –le respondo en un alto a mi pomelada con jengibre. Últimamente, cambiamos la trasnochada por el brunch y los tragos de colores por los jugos de fruta: la acidez nos estaba matando.

-Pero si vos dijiste que a partir de ahora no ibas a comer más harinas porque leíste en no sé dónde que el inwwwino no está preparado para… ¿para qué era?

-Sí, es que lo de las harinas es verdad. ¿Si no por qué está de moda el colon irritable?- sale en mi defensa Anita.

-Porque pasó de moda decir que tenés estrés y encontraron un diagnóstico que suena igual de impreciso pero un poco más contundente. “No, mire señora, lo que usted tiene es colon irritable, nada grave, sabe, pero a partir de ahora va a tener que dejar de comer todo lo que comía o… tomarse esta pastillita que casualmente me acaba de dejar el visitador médico”.

-Bueno, no sé lo de las harinas, pero lo de la leche es posta -arremete Anita y saca de la cartera unas fotocopias borroneadas que le dieron en su clase de yoga. Todavía se le siente el olor a pachuli- Parece que descubrieron que a la leche la meten por tantos procesos químicos que cuando llega a nuestro estómago es ácido puro, no la podemos digerir. Hay que hacer una cruzada contra la leche de vaca y promocionar la leche de almendras.

-¿Querés convertirte en la Jamie Oliver de la industria láctea?

-No tanto, pero me conformaría con saber hacer el pudin de frutas de Jamie…

-Pero tiene harina, crema… no podrías comerlo. Además combinar hidratos de carbono con proteínas es el anticristo de la alimentación –le advierte Carmela-. ¿Cuántas veces les dije que lo que hay que hacer es la dieta alcalina? El otro día leí, o vi en la tele, ya no me acuerdo, que si subís el Ph de tu estómago, te suben los anticuerpos, y los anticuerpos son todo.

-¿Cómo era lo de la dieta alcalina?- me intereso. En algo hay que creer.

-Después te paso el listadito por mail de los alimentos alcalinos y sus combinaciones, pero hay que evitar las carnes, los lácteos, las harinas, el alcohol…

-¿Hay que vivir del sol? Ah, no, cierto que el sol también hace mal. ¿Hay que vivir del amor? Ah, no, cierto que tampoco se puede. Amigas, me estoy deprimiendo…- advierto.

-¿Se acuerdan cuando salíamos de bailar o de alguna fiesta y nos mandábamos esos sánguches de bondiola de la Costanera?

-Qué tiempos aquellos. Y después de haber tomado tragos hechos con alcohol de quemar. Eramos chicas duras y resistentes, ¿no?

-Sí, éramos muy felices en nuestra inconsciencia estomacal y no estábamos condenadas a todas estas fantasías de salud.

-¿Y entonces qué hacemos? ¿Vivimos a semillas, brotes de alfalfa, galletas de algarroba y leche de almendras y rezamos para que no nos pise un auto y nos corte los planes de longevidad, o la pasamos bomba y que sea lo que dios quiera?- planteo con verdadera preocupación filosófica.

-No sé, chicas. Por lo pronto, ese muffin de chocolate me está llamando y por algo es: la naturaleza es sabia. ¿Alguna quiere?

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