Publicidad Bajar al sitio
Wine News

Fair Play, la utopia posible

El comercio justo pone en el centro del juego a los pequeños productores que quedaron al margen.

Por Alejandro Iglesias
@AleIglesiasWine

La historia ya es conocida: nuestra vitivinicultura tiene sus orígenes en la historia de miles de inmigrantes, en su mayoría españoles e italianos, que arribaron a esta tierra prometida para llevar a cabo sus sueños e ilusiones. Un lugar que les permitió echar raíces y a su vez conservar su cultura. Y como parte de esa cultura, estaba el vino. Así, quienes se instalaron en lugares tan disímiles como Mendoza, Córdoba o la costa bonaerense plantaron viñas, para elaborar vinos caseros, y comenzar de este modo a hacer rodar la rueda de una incipiente industria vínica. Desde entonces, mucho vino corrió por las gargantas de los argentinos, y las condiciones de a poco fueron cambiando. Ciertas zonas desaparecieron de la industria, otras se sumaron. Pero tal vez lo más llamativo fue, a lo largo del siglo XX, el gradual desvanecimiento de estos pequeños productores que, arrinconados por los problemas económicos, magras cosechas y una competencia desmedida, vendieron sus fincas a empresas que así se convirtieron en algunas de las bodegas más importantes del país. Una historia donde el sueño de muchos de los primeros inmigrantes culminaron en pesadillas de sus herederos.

Dicho esto, también hay que decir otra cosa: a pesar de la concentración de la industria, la Argentina conserva un modelo “a la europea”, donde aún hay más productores que grandes bodegas. Algo que diferencia a nuestra viticultura de la de otros países del Nuevo Mundo. No sucede ni en Chile ni en Australia ni en los Estados Unidos. Pero, a pesar de esto, y a pesar de lo mucho que creció la industria en los últimos 15 años, gran número de estos pequeños productores deben ingeniárselas a diario para mantener a flote su negocio. Y el peligro es más que el específico de cada uno de ellos. Por cada productor que se retira del juego, entran en jaque hectáreas de cepas centenarias que en algunos casos nunca más darán origen a un gran vino. Hoy las pequeñas fincas en venta no sólo seducen a las grandes bodegas, sino también a empresas de desarrollos inmobiliarios, que pagan mucho más por hectárea y están cambiando el mapa mendocino.

Equilibrando la balanza
Las nuevas condiciones del mercado llevaron a Gabriela Furlotti, propietaria de Bodega Furlotti y Soluna Wines, a reunir en 2004 a varios productores en riesgo bajo el esquema del Fair Trade (Comercio Justo), una alternativa comercial cuya finalidad es la integración de estos actores de la industria. “A muchos pequeños productores se les complicó recomponerse de la crisis de 2001. Si bien en medio de tanto glamour y crecimiento quedaron ignorados, no se debe olvidar que ellos y sus fincas cumplen uno de los roles más importantes y tradicionales de la industria nacional”, dispara Furlotti. “No sólo perdieron rentabilidad sino que tuvieron que aprender a lidiar con largos períodos de cobro por su producto que los llevó a perder interés en la actividad. A esto se suma una alta demanda inmobiliaria sobre sus viñas. Fue así que los convoqué para convencerlos de preservar sus viñedos y resistir sus loteos.”

Hoy la iniciativa de Furlotti se traduce en dos proyectos muy singulares. Por un lado Viñasol o Viñas de la Solidaridad, la única organización de pequeños productores de uva del país, y por otra parte Soluna, el primer vino Fair Trade argentino.

¿Cómo es el Fair Trade de vinos?
Al igual que con el resto de los productos que lo aplican (café, té, cacao, algodón y un largo listado), el Fair Trade es un esquema comercial que propone asegurar condiciones dignas de trabajo para los productores que incluyen una cadena de salario justo, buen entorno laboral, integración y compromiso social, a la vez que concientizar en materia medioambiental. Este esquema beneficia a los productores de diferentes modos. Por un lado saben con certeza que podrán vender su producto a un precio justo en un plazo determinado y auditado. Además, reciben una prima por cada kilo de uva que genera una especie de fondo de reserva, cuyo destino deciden ellos mismos en asamblea. “El monto de las primas busca cubrir necesidades del grupo, ya sea en actividades sociales o de integración. Te doy un ejemplo pragmático: recientemente uno de los productores de Viñasol debió someterse a una intervención quirúrgica y pudo hacerlo gracias a este fondo”, revela Furlotti.

Fair Trade de gran escala
Mientras los casos anteriores se basan en la unión de productores independientes que producen uvas dentro del modelo de Comercio Justo para posteriormente comercializarlas, el Fair Trade también puede ser aplicado por algunas grandes bodegas. Entre las que se abastecen de uvas de Comercio Justo se encuentran Trivento y La Rural, con un modelo similar al de Soluna, con la finalidad de elaborar líneas destinadas a mercados donde estos productos encuentran su demanda. Pero tal vez el caso más emblemático, donde las normas de Fair Trade culminan en grandes obras que mejoran la calidad de vida de las comunidades vinculadas a su producción, sea el de
Cooperativa La Riojana, primera bodega argentina en lograr certificación (2006) y mayor productor mundial de vino Fair Trade, y en Finca la Celia.

En ambos casos la norma garantiza las condiciones de contratación de los agricultores mientras que las primas percibidas por la venta de sus productos son destinadas, tras decisión en asamblea de los trabajadores, a obras con finalidades sanitarias y educativas.

Entre los logros concretos del Fair Trade vitivinícola se pueden citar las mejoras en la provisión de agua potable en Tilimuqui (Chilecito), la construcción del edificio del Colegio Nacional Agrotécnico ” Ing. Julio César Martínez” y salas de informática de uso gratuito en comunidades rurales de La Rioja por parte de Cooperativa La Riojana. Mientras que Finca La Celia ha desarrollado la Asociación Banco de Alimentos del Valle de Uco con la finalidad de reducir las situaciones de desnutrición infantil en la comunidad del valle.

¿Quién se toma el Fair Trade?
A pesar de que, a nivel local, se puede hablar de Comercio Justo en materia de vinos desde hace unos ocho años, todavía es algo muy tangencial para el consumidor argentino. En esto, todas las bodegas involucradas opinaron igual: los vinos con certificación Fair Trade apuntan a mercados donde se valora (y se paga) esta filosofía. Y no son pocos: la lista suma más de sesenta países, con Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Holanda, Alemania, Bélgica, Suiza y Japón entre los más interesados. Así, el Fair Trade se suma a otros movimientos (como el orgánico) en atraer un consumo específico, algo que puede abrir puertas donde a otros se le cierran. A fin de cuentas: ¿quién puede decir, sin como mínimo sonrojarse, que está en contra de un comercio más justo?

×