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Entrevistas

Entre el riesgo y la farsa

Su rol ininterrumpido como entrenador de actores, su idea de justicia, la vejez y la muerte. Un actor que no le tiene miedo al riesgo.

Por Susana Parejas
Fotos: Alejandra López

Julio Chávez es actor. Eso todos lo saben. Es director y profesor ( perdón, no le gusta ese término, mucho menos maestro), es «entrenador» de actores, eso también lo deben saber. Desde los 23, esto tal vez no. Es cholulo, pacato y tímido, es muy posible que no lo sepan. A Julio Chávez le parece que la vida es corta y que quisiera ver qué pasa en 2080. Guarda libros para leer dentro de treinta años y le gusta la metáfora de que la actuación es una gran cocina. Para él, un premio es una comida que le da energía pero no sacia su hambre. Y hasta el pedido de un autógrafo se convierte en un «condimento».  Julio Chávez definitivamente no es un hombre de traje, aunque se lo ponga para las fotos y para el personaje de abogado en la nueva tira que está grabando para el Trece, donde se va a convertir en Guillermo. Se va a poner varios trajes y, además, está leyendo el Código Penal de la Provincia de Buenos Aires. Julio no es vegetariano, pero sí se cuida en las comidas, y también se trata con homeopatía, es muy raro que tome medicación alopática. Hace terapia, piensa en la muerte todos los días, no suele estar relajado y a veces es extremadamente vulnerable. Hizo cine, teatro, televisión, pero si hay algo que no hizo es caer en la trampa de creer  que es el mejor. Julio Chávez, a cuarenta años de empezar a actuar, sigue teniendo el deseo, sí, por suerte, el deseo y las ganas de ser el mejor. Y eso, como dice él, «es algo muy diferente».

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