Publicidad Bajar al sitio
Wine News

Enólogos de exportación

De cuna de futbolistas a usina enológica, Argentina se posiciona de la mano de profesionales que asesoran a bodegas de todo el mundo.

Por Alejandro Iglesias

Ya no sólo se trata de exportar cada vez más vinos a todo el planeta. La revolución vitivinícola se expresa también a través de otros caminos, entre ellos, el factor humano. Así, tras años de recibir a enólogos y asesores de Francia, Italia e incluso de los Estados Unidos, hoy los profesionales locales están tomando revancha, y son contratados por las grandes bodegas internacionales para que aporten su sabiduría y experiencia en la elaboración de los vinos. Así es: la Argentina exporta hoy talentos, marcando un nuevo capítulo en la historia del vino nacional, en una vuelta de tuerca más que interesante para la vieja “fuga de cerebros” que tantas veces asoló a este país.

Repasemos lo sucedido hace apenas un par de décadas. En los noventas y hasta bien entrados los 2000, la industria vínica nacional se hacía cargo de sus falencias y necesidades de perfeccionamiento, precisando de los principales asesores internacionales como piezas determinantes de la gran transformación de la industria. Por aquellos días, apellidos como Rolland, Hobbs, Antonini, Cipreso y Pagli se revelaban como la solución a todas las necesidades de los bodegueros. Y hoy mismo nadie se atrevería a negar que sus aportes fueron muy valiosos para el resurgimiento de nuestros vinos y posterior éxito internacional.

Pero desde hace unos años en las bodegas se ha dado un paso natural, que con ojos actuales se puede ver como la previa del fenómeno que nos ocupa hoy. Muchos de estos asesores internacionales fueron de a poco reemplazados por enólogos locales, que en muchos casos se habían formado bajo sus alas. Fue así que varios nombres propios comenzaron a asumir consultorías en múltiples proyectos locales. Por dar nombres, podemos citar a Mauricio Lorca, Marcelo Pelleriti, Héctor Durigutti, Gabriela Celeste, Susana Balbo y Matías Michelini, entre los más demandados. Los alumnos se estaban convirtiendo en profesores. Con años de experiencia y buenos logros, algunos de estos profesionales trascendieron el ámbito local para comenzar a sonar también en otros mercados más allá de nuestras fronteras. Y así, de a poco, esas primeras incursiones comenzaron a abrir nuevas puertas, logrando que hoy Argentina no solo exporte ahora gambetas al fútbol mundial sino también su experiencia enológica a países del nuevo y viejo mundo del vino.

El valor de la experiencia
Marcelo Pelleriti rompió todos los esquemas cuando en 2013 Robert Parker le atribuyó el puntaje perfecto a su vino francés, La Viollete. En ese momento muchos descubrieron que, además de elaborar los vinos de Monteviejo en el Valle de Uco, este rockero del vino también aportaba lo suyo en Francia para Chateau Montviel, Chateau Le Gay y Chateau La Violette. “Hoy Argentina es referente en el mundo del vino y eso nos ayuda a expandir nuestro trabajo”, nos dijo recientemente. Para este mendocino, no hay sorpresas. Según dice, en nuestro país existe talento enológico desde siempre, pero también reconoce que el envión de las últimas dos décadas ayudó mucho a su generación y a las más jóvenes. “Tuvimos suerte de aprender de grandes maestros, tanto locales como extranjeros, que nos enseñaron a enfocarnos en los detalles, algo que en el mundo no es tan común como se piensa”. Esos detalles son el plus técnico que hace que los argentinos hoy corran con cierta ventaja. Los profesionales locales aprendieron mucho y en tiempo record, y pueden aplicar conocimientos y una experiencia que muchos están deseosos de aprovechar. “En Argentina desarrollamos solidez técnica y eso nos permite profundizar hoy en materia de terruños, algo que también podemos aplicar en otras regiones”.

Demanda en alza
Gabriela Celeste es socia en Eno Rolland, la reconocida consultora de Michel Rolland. Desde allí se encarga de administrar las diversas asesorías que la empresa tiene en Argentina, pero también en países vecinos. “Constantemente recibimos pedidos para asumir asesorías en diferentes partes del mundo y, a diferencia de lo que pasaba antes, hoy preguntan específicamente por nosotros, los profesionales argentinos”. Esto pasa por ejemplo en una plaza como Uruguay, donde Celeste trabaja desde hace unos años para la preciosa bodega Narbona, y también hace consultorías en Chile.

Inmerso en su negocios locales pero siempre con algún proyecto internacional entre manos, Héctor Durigutti pone su firma en una importadora y distribuidora de Puerto Rico, donde se encarga de comprar vinos del mundo a granel para luego definir los cortes y estilos que luego se embotellan en el país boricua. “Gracias al Malbec los argentinos nos ganamos un lugar importante en el mercado y hoy nos llaman para que apliquemos el estilo que nos hizo exitosos en vinos de otros orígenes”. Y se apena de no tener tiempo, un bien que se sabe que es escaso, para volver a asesorar en Italia y en Brasil, como hacía tiempo atrás, “por que siempre hay interesados en contratarnos”.

Esto también lo demuestra Matías Michelini, quien reconoce la posibilidad que abre este juego como ejercicio profesional. “Mi inquietud por conocer nuevos terruños y por saber cómo es trabajar en ellos es lo que me llevó a trabajar en Chile y Uruguay”, confiesa Matias Michelini, quien del otro lado de la cordillera esta a cargo del proyecto de la familia Morandé en Maule, donde pronto presentará su primer vino trasandino, mientras que en Uruguay elabora los vinos de la bodega Buena Vista en Carmelo. “Estos proyectos me permiten experimentar en suelos y climas diferentes, algo que para mi es muy importante.”

Sumando millas
Lejos todavía de recibir el apodo de flying winemakers, como tantas veces se llamó a Rolland en el mundo por el tiempo que pasaba en los aviones, también los enólogos argentinos andan sumando millas en sus múltiples vuelos. Alejandro Canovas es el enólogo principal de Bodega Vistalba, pero además se ocupa de las bodegas que Alejandro Bulgheroni y Carlos Pulenta dirigen en Estados Unidos, Uruguay e Italia. Él asegura que viaja especialmente para compartir su experiencia y aprender de los otros, pero lo cierto es que su labor técnica en Mendoza hizo que sus jefes confíen en él para un trabajo que años atrás hubiesen asignado a asesores internacionales. “Los enólogos argentinos nos perfeccionamos mucho pero sobre todo aprendimos a compartir conocimientos; eso se valora mucho cuando trabajás afuera. Hoy a muchos les interesa conocer los secretos detrás del Malbec. Y eso nos abre puertas”.

Un capítulo aparte merecen dos enólogos argentinos que desde hace años desarrollan verdaderas (y exitosas) carreras en el extranjero. En estos casos, a diferencia de los mencionados antes, estos winemakers ya no trabajan en Argentina, sino que encontraron su destino fuera del país, y allí se quedaron. El primero es Leo Borsi, quien hizo sus primeras armas en su San Rafael natal -en Casa Bianchi- y junto a Paul Hobbs. En 1997, aprovechando un plan de intercambio, se instaló en Francia donde se formó en los principales institutos de enología. Su esfuerzo y talento lo convirtieron en enólogo de Vieux Télégraphe, uno de los principales y más codiciados vinos de Chateauneuf-du-Pape y también asesora a otros productores, incluso en Cahors y el Líbano. Según Borsi, un rasgo que se valora de los profesionales argentinos es su “écnica y conciencia, organización y pasión por su trabajo”.


El segundo caso es el de Juan Manuel Muñoz Oca, actual head winemaker de Columbia Crest, la prestigiosa bodega ubicada en Washington, Estados Unidos, que hace unos años alcanzó el primer puesto del TOP100 de Wine Spectator. Con un pasado en Terrazas de los Andes y experiencias en España, Australia y Burdeos, desde 2003 es enólogo de esta bodega, donde incluso se dio el gusto de elaborar Malbec.

De un modo u otro, todos confirman lo mismo: la revolución vitivinícola en la Argentina no sólo se ve a través del líquido en la botella. Detrás de cada etiqueta hay un equipo enológico, que año tras año gana en prestigio a lo largo y ancho del mundo del vino. Talentos de exportación, orgullo nacional.

×