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Tecno

Email: reglas de etiqueta

Pese a ser una herramienta indiscutible en nuestras vidas, el uso del correo electrónico exige ciertas reglas que no siempre son observadas.

Por Tomás Balmaceda

En 1971, un ignoto ingeniero electrónico llamado Ray Tomlinson se anotó un lugar entre los pioneros de la web al enviar el primer correo electrónico de la historia. Graduado en el MIT, Tomlinson trabajaba en la red ARPANET, un sistema de comunicación militar que es el antecesor directo de nuestra Internet, para la que desarrolló un programa que permitía enviar mensajes entre diferentes usuarios conectados. Para que fuese más sencillo reconocer quién era el remitente y de qué destino llegaba, decidió utilizar el símbolo @ para unir nombre del usuario y del servidor. Así, casi sin quererlo, creó el correo electrónico.

“El primer mail que envié fue de prueba, algo completamente olvidable… seguramente mi primer mensaje fue QWERTYIOP o algo similar”, confesaría años más tarde Tomlinson, quien hoy es considerado como “el padre del @” y, como tal, venerado por los geeks. Al igual que él, seguramente nuestros primeros mails fueron rústicos y de prueba. En la Argentina el servicio comenzó a popularizarse en los primeros años de la década del 90 y explotó cerca del cambio de milenio con la burbuja local de las punto com. En aquellas épocas las conexiones eran lentas y requerían del dial-up y, entre los servidores más populares, están los hoy extintos infovia, impsat1 o elsitio.com. Quizás muchos aún recuerden cuando el gigante estadounidense AOL desembarcó como un huracán en Argentina en agosto de 2000 con una megafiesta en el Teatro Colón, que giró alrededor de las visitas de Magic Johnson y Salma Hayek, quienes chatearon desde aquella prestigiosa sala rodeados de curiosos y celebrities locales. En pocos meses la espuma había desaparecido y las decenas de miles de CDs de instalación del servicio vagaban sin rumbo en los hogares de todo el país.

Es posible que nuestra primera casilla de correo sea de aquella época y que en la actualidad, más de una década después, no refleje nuestro presente. Usuarios como diablita15@hotmail.com, pelado6969@yahoo.com.ar o rocker_666@aol.com representan en pleno 2013 más un dolor de cabeza que un buen recuerdo juvenil. Sin embargo, la consolidación del modo de trabajo free lance, la posibilidad de encarar proyectos con personas situadas en distintos lugares alrededor del globo y la omnipresencia del correo electrónico gracias a los smartphones (¿quién no le envió un mail a un jefe un jueves de after office con algunas copas de más?) pusieron más que nunca al correo electrónico en el centro de escena. Y esto implica tomarse en serio el asunto y tratar de seguir algunas reglas antes de apretar el botón de “enviar”.

En el nombre del mail

La dirección de email que escojamos será una suerte de tarjeta de presentación, por lo que la mejor opción es contar con un dominio propio, idealmente con nuestro nombre completo o nuestro apellido. hola@josebullrich.com o martin@delpino.com.ar son buenas opciones. Si el dominio .com está libre, su costo anual es cercano a los diez dólares y se puede tramitar con tarjeta de crédito en diferentes sitios como GoDaddy o 101domain.com. En el caso del .com.ar, es gratuito llenando un formulario disponible en la Dirección Nacional del Registro de Dominios de Internet. Administrar un servidor con nuestro nombre es sencillo y existen aplicaciones disponibles con el entorno Outlook o Gmail, siempre con costos mínimos. Además, de acuerdo con el servicio con el que se cuente, se puede sacar un gran número de casillas de mail, facilitando distinguir entre el trabajo, la familia y el molesto spam de las promociones.

Si optamos por servicios gratuitos web y de calidad, los tres grandes jugadores actuales son Gmail, Yahoo! y Outlook (el nuevo nombre para el viejo y querido Hotmail). En todos los casos ofrecen un volumen de almacenamiento prácticamente ilimitado y, en el caso de llegar a necesitar más espacio, opciones “en la nube”. Si contamos desde hace tiempo con alguno de estos servicios pero con un nombre de usuario como YoSoyRicotero, existen opciones para adoptar una identidad más formal dentro del mismo cliente. En Gmail es necesario crear una nueva cuenta con el nick deseado y luego exportar todo el contenido de la vieja dirección gracias a una herramienta que ofrece Google. En caso de Outlook es más fácil, ya que se pueden creer diferentes alias que se chequean desde la misma cuenta. Yahoo!, por su parte, lanzó en junio el “YID Reclamation Project”, una iniciativa por la cual prometió discontinuar todas las direcciones que no hayan estado activas en los últimos doce meses para permitir liberar esos usuarios ocupados. Por eso vale la pena anotarse en una lista de espera en la que podemos poner cinco potenciales usuarios, que serán asignados por orden de llegada.

La firma no es lo de menos

Los smartphones lograron que la comunicación por email sea instantánea y omnipresente. Hoy son millones los que escriben correos -laborales y personales- desde la pantallita de su celular, en el subte, colectivo, taxi o en la calle. Claro que esto conlleva sus propios problemas, como por ejemplo las numerosas faltas de tipeo provocadas por los teclados en miniatura así como las autocorrecciones de los distintos programas utilizados, que muchas veces cambian lo que escribimos sin que nos demos cuenta. La clave está en distinguir con una firma esos mails de los tradicionales. Hace poco más de seis años Apple picó en punta con esta costumbre al colocar la frase “Enviado desde mi iPhone” por default en sus teléfonos. Además de ser una marca de status, el aviso servía para advertir ciertas falencias en la escritura. Un estudio publicado en 2012 por el Journal of Applied Communication Research mostró que la mayoría de quienes reciben un correo electrónico con este tipo de frase le dan al remitente la licencia de tener errores en el texto. La combinación entre un teclado táctil y el autocorrector, que nunca reconoce los giros argentinos, puede ser una combinación fatal y esta firma sirve como advertencia. El buen gusto, sin embargo, indica hoy que lo mejor es no dejar el mensaje que viene por default (está muy bien tener un iPhone, pero no tanto ir pavonéandose frente a todos los destinatarios), sino elegir uno propio que refleje mejor la personalidad del remitente. También es deseable sumar alguna dirección que nos represente, ya sea un sitio web o una cuenta en una red social, encabezadas por http:// para que sean clickeables.

En tiempos de spam y venta de direcciones de correo, también es necesario enviar correos con asuntos claros y sinceros que expliquen su contenido (“Consulta por reunión mañana”, “Este sábado festejo mi cumpleaños”) y sin abusar de los títulos catástrofe como “URGENTE” si en realidad se está invitando a firmar un petitorio para terminar con la deforestación en el Tibet.

Desde hace tiempo el correo electrónico llegó para quedarse, borró fronteras y extendió la oficina hasta nuestros bolsillos gracias a los celulares. Es hora de tomarlo en serio.

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