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Moda

Elogio de la lentitud

Mientras que algunas marcas alimentan el consumo voraz a fuerza de rebajas agresivas y rotación constante de prendas, desembarca en la ciudad el slow fashion.

Por María Paula Bandera

Existe en la moda un principio que funciona: “Todo movimiento tiene su contrario”. Así es que el sistema conocido como fast fashion, con marcas como H&M, Forever 21 y Zara como los máximos exponentes, encuentra ahora su opuesto en un nuevo modo de hacer ropa que pone el foco en los procesos productivos artesanales y en las materias primas nobles de bajo impacto ambiental. Un movimiento al que hoy llaman slow fashion. 
La filosofía slow existe desde hace tiempo en diferentes ámbitos, desde la gastronomía hasta el turismo, pero en la moda encuentra más resistencia, ya que promueve valores opuestos a los del mercado: prendas atemporales, pequeñas colecciones y un tiempo propio -lento, por supuesto-, que trasciende a los binomios otoño-invierno, primavera-verano.?Hoy hasta las prendas más básicas mueven un pesado engranaje para llegar a las tiendas y, una vez que cuelgan de los percheros, son como almas que encarnan, y antes pasaron por mil vidas. Una remera básica de algodón, por ejemplo, al comienzo fue un cultivo que creció a fuerza de insecticidas y pesticidas, luego la cosecha se lavó y se hiló, después se tiñó -otra vez con más químicos- y recién entonces ingresó a una fábrica donde obreros, en general mal pagos, le dieron forma. Es en toda esa cadena de valor, desde el cultivo hasta la distribución de los productos, donde la moda slow pone su ojo.

Slow FashionVísteme despacio
Aunque parezca una buena teoría difícil de llevar a la práctica, ya son varios los diseñadores locales que trabajan desde estos preceptos. “Mis diseños se enmarcan en el slow fashion”, afirma Paula Ledesma. “Durante el proceso creativo la tendencia jamás es prioridad, mi objetivo es crear un producto con un concepto propio y atemporal. Además, el diseño y la producción de tejidos experimentales llevan mucho tiempo, son realizados por personas que tejen, no por máquinas y, por ende, necesitan tiempo”, explica.?El emprendimiento de Ledesma también tiene una impronta social fuerte. Al comenzar su proyecto la diseñadora recolectó viejas máquinas de coser y las reacondicionó para obsequiárselas a personas que necesitaban trabajar y querían aprender a tejer. De esa forma se convirtieron en tejedoras de la marca y hasta pudieron desarrollar microemprendimientos propios.?Lena Martorello, la flamante firma de los jóvenes diseñadores Joan Martorello y Martinica Lena, toma como valores estéticos “la rusticidad y la belleza imperfecta”, por eso apuesta al trabajo artesanal que deja las huellas de quien lo realiza e impone un ritmo diferente al que sigue el mercado. “Hay prendas que requieren de procedimientos artesanales, dependen de un oficio, y eso provoca un desencuentro entre el proceso de producción y  los tiempos pautados de nuestra industria”, dice Martorello. Pero la ¿pérdida? de tiempo no importa, o en el peor de los casos es algo que los clientes aceptan a cambio de una recompensa: “revalorizar los antiguos oficios y materiales es nuestra forma de ofrecer lujo y exclusividad”, señala. ?Esta nueva consciencia define un hacer y también un modo diferente de consumir. La fugacidad, las prendas del momento, lo último, el mecanismo del “úselo y tírelo” es lo que hoy pasa a estar demodé. Se trata más de un modo de vida, de un estilo de consumo que se manifiesta en todos los rubros. El consumidor slow elige prendas clásicas resistentes al paso del tiempo, de componentes biodegradables o reciclables, compra por necesidad, sin compulsión, y se preocupa por la cadena de valor que hay detrás de la prenda. Los que adhieren a esta filosofía con más vehemencia, incluso prefieren comprar en tiendas de segunda mano.

Bajar un cambio
Desde hace unos años, marcas como Zara o H&M, aplican diferentes medidas para moderar el impacto de sus políticas. ?H&M tuvo su primera línea realizada en algodón orgánico en 2007 y, desde 2011, lanzan una “Colección Consiente” (Conscious Collection) por temporada, que está confeccionada con materias primas sostenibles, con  propuestas para mujeres, hombres y niños. Los materiales van mucho más allá del algodón orgánico, trabajan con poliéster reciclado, Tencel y lino orgánico, entre otros.?Las colecciones de Zara son tan grandes y se renuevan a un ritmo tan frenético, que es fácil suponer que cada año utilizan toneladas de alarmas y perchas que, para lavar culpas, reciclan. El próximo paso verde será el diseño de tiendas ecoeficientes que reducirán el consumo de energía en un 20%. ?Para Soledad Offenhenden, una de las responsables de Visiones Trend Forecasting, estas iniciativas de empresas insignias del fast fashion no tienen que ver con un cambio de actitud, sino que «expresan una manera de green washing, es decir, de intentar entrar en los códigos de Responsabilidad Social Empresaria».?Los grandes nombres del diseño como Kenzo, Yves Saint Laurent y Vivienne Westwood también tuvieron un acercamiento a los proyectos sustentables. En 2011 el diseñador japonés lanzó Kenzo Doll, una colección elaborada con telas sobrantes de otras temporadas. La línea también era “bolsillo friendly”, ya que las 200 prendas que la componían se vendían a un precio muchísimo más bajo que el habitual de la marca.?La casa nipona tomó una idea que ya había explotado Yves Saint Laurent en 2009 (y volvió a explotar en otras dos ocasiones, en 2010 y 2011). Bajo el nombre “New Vintage”, YSL creó tres colecciones cápsula confeccionadas con telas que habían resistido el paso del tiempo en los almacenes de la empresa. Es decir, materiales de décadas pasadas le dieron vida a diseños actuales, más “new vintage” imposible. ?Mientras que, desde hace tres años, Vivienne Westwood tiene una línea de carteras producida por mujeres carenciadas de Nairobi. Los bolsos, que se consiguen desde £60, son confeccionados con tela reciclada y los detalles en cuero con cortes sobrantes. Incluso, las pequeñas partes metálicas como las tachas y los botones provienen de candados reciclados.

Slow FashionFeliz convivencia
Reducir la cuestión a una lucha entre buenos y malos sería simplista. Las marcas que representa el fast fashion se defienden señalando sus beneficios: su modelo de negocios permite que el consumidor medio pueda renovar las prendas que necesita a precios bajos. Además, la alta rotación de las colecciones significa más producción y, por ende, más trabajo.?Y a pesar de que cada vez más personas son conscientes del impacto ambiental que genera la industria textil, los especialistas avizoran una larga vida a este sistema: “Mientras el capitalismo continúe siendo el conductor de la forma en que nos comportarnos en sociedad, el fast fashion seguirá vigente, ya que sostiene la maquinaria montada entre producción y consumo en gran escala”, asegura Offenhenden.?Pero hay una herramienta que ni el modelo slow ni el fast pueden manejar: la mentalidad de los consumidores. Consumir a conciencia es una de las claves para lograr una moda sostenible. De acuerdo a datos proporcionados por Greenpeace, en el Reino Unido y en Alemania, por ejemplo, cada año se tira un millón de toneladas de ropa. Este es uno de los grandes desafíos a superar, y eso no sólo depende del valor de las prendas sino de la conciencia de los consumidores.?Todo hace suponer que cada vez más diseñadores apostarán a la moda slow, pero que sin embargo habrá una feliz convivencia, ya que se trata de dos sistemas que funcionan como el yin y el yang, se necesitan mutuamente para existir.

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