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Cine y Series

Elogio de la furia

Tras su paso muy positivo por el festival de Cannes, llega los cines Relatos salvajes, el estreno nacional más esperado del año.

Por Sandra Martínez

“Un hábil artista ha construido un relato. Si es prudente, no habrá elaborado sus pensamientos para ubicar los incidentes, sino que, después de concebir cuidadosamente cierto efecto único y singular, inventará los incidentes, combinándolos de la manera que mejor lo ayuden a lograr el efecto preconcebido”. La cita corresponde a La teoría del cuento moderno de Edgar Allan Poe, quien consideraba al relato corto como la más excelsa de las artes narrativas. Y aplica perfectamente a Relatos salvajes, la nueva película de Damían Szifrón, que llega a la cartelera porteña rodeada de grandes expectativas tras su pre-estreno en el Festival de Cannes. Como los libros de Poe, Relatos salvajes es una colección de cortos unidos por una temática, ese momento de quiebre en el que los protagonistas cruzan una línea sin retorno y explotan, haciendo realidad las más tremendas fantasías de venganza y violencia.

Suele ocurrir en este estilo de películas que la calidad de los fragmentos resulta despareja, y Relatos salvajes no es la excepción, aunque cada una de sus partes tiene suficientes méritos como para lograr un promedio destacado. La introducción, protagonizada por un Darío Grandinetti algo forzado, es breve y tan poco realista como divertida, seguida de una secuencia de títulos notable por su diseño con sutiles referencias. El segundo segmento es probablemente el más flojo, porque pese a la premisa interesante y la gran actuación de Rita Cortese bien acompañada por esa joven promesa del cine nacional que es Julieta Zylberberg, deja con gusto a poco. El relato protagonizado por Darín remite a aquel día de furia de Michael Douglas en los 90, con una descarada alegría destructiva y la mezcla de opresión e indiferencia del escenario urbano; el de Oscar Martínez, en cambio, se encierra en una casa y deja de lado el humor para la historia más oscura de la película. A Leonardo Sbaraglia le toca el más redondo de los cortos, con una trama veloz realzada por una actuación precisa y brillante. El broche final lo pone la novia tarantinesca de Erica Rivas en su casamiento memorable.

Este nuevo proyecto de Szifrón nació en ese período sabático del que habló con Bacanal recién regresado de Cannes y le permitió cerrar una cantidad de ideas y situaciones que rondaban en su cabeza. Cada uno de sus “cuentos” encaja en la teoría de Poe, sin más antecedentes para cada historia que las que se puedan comentar al pasar durante los hechos, con las consecuencias más o menos duras explícitas en cada final y, en el medio, todos los giros necesarios para sorprender una y otra vez al espectador. Con impecable pulso para una variedad de géneros que va desde el gore hasta la comedia negra, desde la acción a la road movie, sus relatos están hechos de sangre, sexo, fuego y dinero y lo consagran como el director estrella de un cine pochoclero nacional, que no resigna calidad a la hora de proporcionar entretenimiento.

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