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Moda

El tiro del final

Instalado desde sus inicios como la semana de la moda porteña, el BAF bajó la persiana.Su ausencia es otro síntoma de la situación que atraviesa la industria.

Por María Paula Bandera

Era marzo de 2001. Aún no se había desatado el caos político y económico que se viviría a fin de año pero el aire estaba caldeado. Pese a todo, el Grupo Pampa –formado por profesionales vinculados al mundo de la moda- se asoció a Apsa –el dueño de los principales shoppings- para lanzar el Buenos Aires Fashion Week, más conocido por su acrónimo, BAF.

Desde el comienzo la intención fue posicionar a la ciudad como una de las capitales de la moda a través del rescate de lo más representativo del diseño nacional.

Es cierto que reinaba la crisis económica, pero al mal tiempo buenos diseños. La creatividad reverberaba en todos lados, algo –mucho- pasaba en el mundo del diseño.

La Universidad de Buenos Aires había abierto la carrera de “Diseño de Indumentaria y Textil” en 1989 y las primeras camadas de graduados trabajan en las casas más populares de la época como Vitamina y Via Vai. Pero la crisis de fines de los 90 hizo que muchas entraran en convocatoria de acreedores, entonces algunos diseñadores talentosos dejaron los logos a un costado y se transformaron en su propia marca: así nació el “diseño de autor”. Claro que los recién nacidos necesitaban una plataforma para mostrarse y el BAF se encargó de reunir lo más representativo de esa nueva escena. En la primera edición subieron a la pasarela los diseños de Mariano Toledo, Pablo Ramírez, Vero Ivaldi, Marcelo Senra y la dupla Trossman Churba, entre otros.

Pero pese a que los recursos eran escasos y la escena incipiente, esa primera entrega arrancó bien arriba. Los organizadores convocaron a la prensa extranjera y llegaron periodistas desde las redacciones de Wallpaper, Vogue y The New Yorker, todos se fueron conformes con lo que habían visto. Incluso Isabella Row, la fallecida editora de moda inglesa responsable de haber descubierto a Alexander McQueen, aplaudió la colección de Ramírez de pie y visitó su atelier para llevarse varios conjuntos de su firma.

También Stephen Gan, el fundador de la revista Visionaire, se encontraba entre las primeras filas y quedó tan conforme que en 2002 su publicación le dedicó una página al BAF en su especial Sudamérica.
Pero para que una semana de la moda sea tal se necesita más que diseñadores y prensa especializada: los compradores son fundamentales y el BAF tampoco defraudó en ese sentido. Desde los multimarcas del interior del país hasta tiendas de Tokio, Nueva York, Melbourne y San Pablo compraron colecciones durante los primeros años.

Más jugadores
Claro que además había otras plataformas en las que se lucía el diseño nacional: APSA también era responsable de “Estilo Alcorta”, una muestra bianual en la que las mejores marcas de los grandes shoppings exhibían sus colecciones. Eso le quitaba presiones comerciales al BAF y le daba aire para que se dedicara casi en forma exclusiva al diseño independiente.
Hasta que en 2006, APSA le puso punto final a Estilo Alcorta y unieron esa propuesta al BAF. Fue por ese entonces cuando los objetivos del comienzo comenzaron a desdibujarse.
Ese mismo año, el Grupo Pampa se disolvió y su lugar lo ocupó La Nación quien, junto a APSA y La Rural, se encargaron de la continuidad del proyecto.

Claro que la grilla de desfiles locales también se nutría de otras propuestas como el Buenos Aires Alta Moda, más conocido como BAAM, que en 2014 cumplió cuarenta ediciones. Como lo indica su nombre, este ciclo puso el acento en la alta costura, así que si bien formaban parte de un mismo mercado, el BAF y el BAAM fueron más complementarios que competidores.

Un poco más cerca en el tiempo asomó las narices Designers Look BA: empezó con perfil bajo pero con una idea fija que lo ayudó a posicionarse como un espacio referente en tiempo récord. “A nosotros nos interesaban los diseñadores de autor consagrados y los no tanto. Veíamos que el BAAM y el BAF apuntaban a cosas diferentes, entonces nos dimos cuenta de que había un nicho sin explotar porque un montón de diseñadores muy representativos de nuestra moda no estaban o estaban disgregados”, explica Guillermo Azar, el productor y alma mater del evento.

Así y todo, el comienzo no fue fácil: recién en la cuarta edición subieron a su pasarela los diseños de JT, Cora Groppo y Min Agostini. En la quinta ya se sumó Pablo Ramírez y en la sexta el Designers Look ya estaba en boca de todos.

Ahora que el BAF cerró sus puertas, las marcas cortejaban a Azar para formar parte de la grilla. Pero él se mantuvo firme: “el diseñador independiente no tiene plata, por eso nunca apunté a su dinero. Ahora hubiera tenido la oportunidad de contar con marcas comerciales porque me llovieron ofertas, pero decidimos mantenernos fieles a nuestra línea. Si hasta aposté en el evento en momentos en los que económicamente no era redituable”, afirma.

Su sueño, en el cual ya está trabajando, es presentar el Designers en otras plazas como Estados Unidos, Perú o Chile; y también traer diseñadores de afuera a exponer acá.

Patear el tablero
Este año el Grupo La Nación anunció que se retiraba del BAFWEEK. Tras su salida, los otros dos socios que controlan el evento (Apsa y La Rural) decidieron cancelarlo. “El BAF logró consolidarse y se cumplieron muchos de los objetivos trazados pero entendemos también que necesitamos repensar la moda desde una óptica multiplataforma y desde la evolución de las audiencias y los consumidores», explicó a Bacanal el gerente Comercial del grupo, Gervasio Marques Peña, quien señaló que evaluarán “futuras participaciones en múltiples plataformas”.

Pero los optimistas dicen que las crisis son oportunidades y, en este sentido, la suspensión del BAF abre un espacio de reflexión sobre el mercado de la moda en Argentina. “Hay que diferenciar los eventos donde se presentan las colecciones que van a estar en los shoppings y en Palermo, de una semana de la moda que apunta a vender. Para esto último tienen que pasar un montón de cosas en el país que hoy no suceden”, asegura Vero Alfie, diseñadora y directora de Visiones, una consultora especializada en tendencias de moda.

El dólar planchado y la restricción a las importaciones dejan en claro que el diseño nacional no pasa por su mejor momento, pese a que el mercado local mantiene los niveles de venta.

“La colección de cualquier diseñador de acá, misma la mía, es linda pero no tiene telas abiertas al mundo. Hacemos colecciones con tres materiales y tampoco me interesa que venga todo el mundo a ver cómo no puedo hacer nada porque no me llegan las telas”, apunta Alfie.

Lo que viene
Pero hay un grupo que está en peores condiciones que los diseñadores de autor, los emergentes. Es que no sólo carecen de dinero sino también de visibilidad. Por eso necesitan concursos como el Semillero UBA –que era del BAF- o el Fashion Edition, del Faena, que hoy es la principal plataforma de proyección internacional para el diseño joven argentino.

El 18 de este mes, un jurado de notables seleccionará a un ganador entre cinco semifinalistas para que presente su colección en el Mercedes-Benz Fashion Week México y recibirá $100 mil para su desarrollo.
“Todo el proceso de convocatoria constituye un impulso y estímulo fundamental para acceder y renovar el propio circuito de la moda”, señala Turquesa Topper, diseñadora de indumentaria con un doctorado en Ciencias Sociales y miembro del jurado.

Los jóvenes, por otra parte, están acostumbrados a hacerle pitó catalán a las adversidades y superar las restricciones que impone el mercado. “El momento particular que atraviesa nuestra industria no facilita ciertos desarrollos o accesos a materiales y tecnologías. Sin embargo, los que eligen el camino del Diseño encuentran en sus primeras etapas la innovación como exigencia. Más allá de que la contemporaneidad no puede pensarse desde las restricciones”, indica Topper.

Sin BAF ni dinero, con escases de telas y poco acceso a la tecnología, si algo sabemos los argentinos es reinventarnos, más aún en un terreno donde la creatividad sobra, como la moda. La leyenda del ave fénix, otra vez, está a punto de contarse.

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