Publicidad Cerrar X
Columnistas

El temita del verano

Tendencias, modas, tips extravagantes de última hora. Un argentino viviendo en la corte del Tío Sam desde los años 90.

Por Javier Andrade (Desde Los Angeles)

Ni paradójico ni del todo sorprendente, no más estadístico: al enumerar las tendencias veraniegas del gran país del Norte hay que decir que la canción que suena es de Illya Kuryaki. Ver su reaparición sobre los escenarios en 2012, precalentando un estadio Staples cerrado que guardaba las cámaras para fotografiar el torso sudoroso de Reneé Pérez Joglar, cuando llegara el turno de Calle 13 y le tocara desvestirse de “Residente”, quizás no hacía prever audiencias masivas para IKV a tantos kilómetros de casa.

Pero ahora le llega a la doña Rosa que aquí representa Oprah Winfrey con una canción ideal para las campañas televisivas de verano. En el bajo Belgrano será invierno, pero en los asfixiantes meses de julio y agosto en Estados Unidos, la canción ya es el mayor hit internacional de Illya Kuryaki. En sólo 30 segundos, el estribillo del tema “Ula Ula” apenas deja escuchar las voces del dúo.

La mayor responsabilidad recae en la cantante puertorriqueña corista de Juanes, Raquel Sofía, cuya voz edulcora un poquito más el producto a ser vendido: “el verano como Dios manda se disfruta comprando todo lo necesario en Target”, la tienda multirramo donde te llevás desde las ojotas a la sombrilla, el bronceador, el traje de baño y los anteojos. Salvo la lancha y la playa del clip retro que rota en TV, todo lo demás se puede conseguir ahí.

El comercial de este sitio donde además, claro, se puede comprar el disco de IKV, Chances, con fecha de salida el martes 16, es hecho a medida. Imposible no recordar el comercial de jeans que tanta rabia y tanta fama le dio en 1969 a Almendra, la banda de papá Spinetta, porque llevaba la canción “Muchacha (Ojos de papel)”. Aquel era naíf, pero comercial. Este es al revés. Deliberado, pero ingenuo en su diseño gráfico.

Desde ahí le llega a Oprah, a pesar de una letra y un mensaje en castellano, porque no le hace falta saber el idioma. Y que te retuitee ella es como que lo haga Susana, porque el Community Manager de la cuenta @Oprah tiene 19 millones de clientes, y eso es casi-casi media Argentina enterándose a la vez que ella no puede parar de tararear la canción en momento inesperados. Obvio, ¿qué otra respuesta más que “Mad Love 4 U from Argentina” iban a darle los Kuryaki ni bien se enteraron el 2 de junio? Para ellos, ahora es sólo cuestión de cosechar el factor Oprah en pleno veranito local.

Ese disco, como tantos otros cantados en español de los que semanalmente inundan las bateas del primer mundo para demostrar la clarísima tendencia social y demográfica de Estados Unidos, a mediados de julio sin dudas llegará también a Amoeba, la meca de las disquerías norteamericanas que, a contramano del mundo, sigue existiendo y viendo caer cadenas competidoras alrededor.

Quizás el nuevo de IKV no te salude desde el área hip-hop, como les gustaría a ellos, pero seguramente tendrá su lugar de privilegio entre las novedades y la música pop latina. Va sin doble intención. Aquí, en un contexto masivo como el que propone un espacio monstruoso en tamaño –que por especificidad y oferta sólo podría compararse con el de las ferias callejeras de Parque Rivadavia o Parque Centenario, pero tiene mucho más inventario—Illya Kuryaki es un elemento más en un universo pop que rinde y vende como el que más. No tanto como la música regional mexicana de los sombreros blancos y los narcorridos, claro está, pero que es tan fuerte como el pop anglosajón.

La iglesia musical más visitada de Estados Unidos, fortalecida en plena era del download ilegal primero, comercial después; nació en Hollywood y es la hermana menor de las dos tiendas que han hecho historia en el noroeste del país. De las tres sucursales de Amoeba, la primera nació en 1990 entre la estudiantina cool de Berkeley; y la segunda en 1997, cuando sus dueños cruzaron el puente, llegaron a San Francisco y cimentaron su leyenda a metros de la famosa esquina hippie demarcada por las calles Haight & Ashbury.

Otra vez: no es ni paradójico ni sorprendente, sólo estadístico. Puestos a pensar en tendencias de este lado del mapa que quizás se pongan de moda en la otra punta del hemisferio; el concepto disquería, el lugar de encuentro, lugar de culto, lugar de canje, lugar de mini-shows exclusivos; el lugar donde dejar y recoger fanzines gratuitos, el lugar donde siempre hay gente dispuesta a enseñarte un nombre nuevo, una banda nueva; ese lugar donde comunicarse entre humanos –ya no por temor a poner la tarjeta de crédito en internet (sí, aquí se paga por la música online)—no ha dejado de ser tendencia ni un sólo día de todos estos días en que es más cómodo y más barato bajar los temas de algún lado. ¿Es eso novedad? Quizás lo sea. Pronto estaremos cantando “Ula Ula” y habrá alguien dispuesto a explicarle a quien quiera oírlo, que ese tema es de una banda argentina, que pegó en un comercial de TV, pero que en realidad tiene una larga historia.

×