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Entrevistas

El talentoso Sr. Bossi

Protagonista de uno de los espectáculos más vistos de la calle Corrientes, donde encarna a destacados personajes de nuestro país y el exterior, un eterno soñador que lucha por lo que quiere.

Por Paula Matheu
Fotos: Juan Carlos Casas/Fotos de espectáculo: Darío Batallán

Se apagan las luces, se levanta el telón e inmediatamente comienzan los aplausos. Fuertes, muy fuertes. De esos que hacen vibrar a todo un teatro entero. Al igual que Tom Ripley -el encantador serial killer de las novelas de Patricia Highsmith-, su mayor talento ha sido el de hacerse pasar por otras personas. En su show puede interpretar a Michael Jackson, a Elton John y a Freddie Mercury, pasando de uno a otro casi imperceptiblemente. Con ustedes, el talentoso Sr. Bossi.

-¿Te imaginabas todo este éxito?
-Lo soñaba, que es otra cosa. Soñé muchísimo con esto, pero sabés qué…? No va a sonar bien lo que te voy a decir, pero es un acto de justicia. Porque tengo una vida nada más, y la única vida que tengo se la entregué a este trabajo. Entonces, ¿qué vale una vida? Vale mucho. Y se la entrego las 24 horas del día, desde que nací hasta el día de hoy, a una profesión. Digo, lo menos que me puede pasar es esto, sino estoy en el horno. Mientras la gente duerme, yo sigo trabajando. Se entiende, ¿no? No es por soberbia. Toda mi vida se la dediqué a mi trabajo. Cuando me preguntás “¿Te sorprende?” Y, la verdad que no. Le di mi vida. Vivo haciendo esto.

-Pero hay muchos otros que también dedicaron su vida a esto, y no se les da. ¿Creés que, además de talento, tuviste suerte?
-No. A ver, sí en el sentido de que tuve una madre maravillosa que me educó, un cuerpo sano que me permite poder transitar… Creo en Dios y Él me ayuda… Pero después, ese cuentito de que me vio un productor… Si no me veía uno me iba a ver otro. Y si no iba a terminar trabajando en una esquina, y me iban a ver ahí haciendo malabares.

Martín Bossi-Y ahora que sos conocido, que para el público sos Martín Bossi, ¿qué cambió para vos?
-Desde que nací soy Martin Bossi. Y soy actor, no soy artista todavía. Artista es una palabra que no se usa bien. Escucho en la tele “Nosotros los artistas” (exagera el tono de voz). Bailan en un reality dos veces y ya son artistas. Artista no es hablar raro y vestirse raro. Artista es ser artista, y yo no lo soy. Artistas eran Van Gogh, Da Vinci, Fellini, Charly García, Spinetta…

-¿Qué te falta para serlo?
-No lo sé. Quizás en esta vida no lo logre. Yo soy un actor que trabaja. Prefiero ser objetivo y cuidar las palabras con respecto a mi autoevaluación. Para mí no cambió nada. Tengo mucha hambre. No económico, ni de fama. Sigo teniendo el mismo hambre que cuando actuaba en fiestas de 15. Yo quiero actuar. Necesito actuar todos los días porque, si no, me muero. Es mi función.

-¿Qué podés contar del espectáculo?
-Es un espectáculo que me está sorprendiendo mucho. Habla del estilo propio del amor, del romanticismo. La gente viaja y yo soy el capitán del barco que la va llevando. Nada más. Uso mi humilde arte para llevarlos hasta el abismo, hasta el éxtasis, hasta el orgasmo.

-¿La imitación de Olmedo en el show tiene que ver con la película que comenzaste a filmar y nunca se terminó?
-Claro. Si no lo pude homenajear en el cine, lo hago en el teatro. Me muero si no lo puedo hacer, lo tengo adentro. Tengo que exorcizar tanto amor a este hombre.

-¿Qué pasó exactamente con esa película?
-Se paró por falta de presupuesto. Es el gran sueño de mi vida, al que le dediqué mucho tiempo. Es una deuda que tengo con mi viejo porque él era amante de Alberto. Ojalá se pueda volver a hacer. Ya tenemos filmado el 40%.

En el camino 

Martín se crió en Lomas de Zamora. Su segunda casa fue el Club Atlético Los Andes, donde comenzó a tomar clases de tenis por indicación de su padre, quien también soñaba con que su pequeño algún día llevara un título universitario debajo del brazo. Pero mientras pasaban los años, y raqueta en mano, el futuro actor se dio cuenta de que su camino iba por otro lado. Para ese entonces, su papá falleció. Él tenía sólo 18 años. Y su vida recién comenzaba.

-¿Cómo te sentías cuando tu papá te obligaba a jugar al tenis? ¿Te gustaba hacerlo?
-Es que era tan chico, que era lo que tenía que hacer. Era lo que decía papá. Hubo un momento que renegué de eso, pero hoy a mis casi 40, agradezco a mi viejo por haberme enseñado a jugar al tenis. Porque el tenis me salvó la vida.

-¿En qué sentido?
-Y… me sacó de mi casa, de estar con mi vieja y mis abuelos viendo novelas. Me metí en un club, con todo lo que eso significa: tener amigos, competir sanamente, me hice un tipo sano, pertenecí a una institución, formé parte. El club es como la vida misma. Están el presidente, el bueno, el malo, el competitivo. Me preparó mucho y tengo más armas para poder llegar a la gente, que es lo que a mí me gusta. Es un servicio, ¿viste? Como el médico, el político o el psicólogo.

Martín Bossi-¿Y qué te pasa a vos del otro lado, cuando recibís una respuesta a tu “servicio”?
-Es muy raro porque en realidad yo transformé el país en mi barrio. A mí me conocían en el barrio porque era el hijo de Jorge, jugaba al tenis, era un chico simpático. Me saludaban todos. Y me gustaba sentirme protegido, querido, contenido. Hoy me siento así, a un nivel un poquito más grande.

-¡Todo un país!
-Sí, bueno, pero a mí ya no me queda claro si es porque me conocen del barrio o me conocen porque actúo. ¿Entendés lo que te quiero decir? Para mí es muy común que me saluden. No porque digo “¡ay soy famoso!” Aparte la gente no me trata como a una estrella, porque no lo soy. Y no lo voy a ser nunca. Odio ese tipo de cosas. Odio la palabra “celebrity”. Odio “la parodia del artista” como dice Fito Páez. Quiero ser una persona a la que la gente saluda. Listo. Como en el barrio, no cambió nada.

-¿Qué te molesta más, que te digan celebrity o imitador?
-¡Celebrity! Imitador no es que no me gusta, es que imitador es como llamarle curandero al médico.

-Sentís que te subestiman…
-No, no, subestimar no… Vení a verme al teatro y decime si soy un imitador. No lo soy. No estoy dando un juicio de valor. Soy un actor. Actúo. La imitación es un recurso más de la actuación, que yo he utilizado en algún momento en la tele para que me conozcan. ¿Viste como cuando uno se ata con unas cadenas y se tira a la 9 de julio a prowwwar para que lo conozcan y después decir lo que quiere decir? Yo hice eso. Imité para que digan “A ver este loco que hace todo igual, ¿quién es?” Me llamo Martín, mi sueño es éste. Bueno, acá estoy. Fue estratégico.

-¿Te arrepentís de haberlo hecho?
-No, para nada. Elegí este camino. Está todo planeado. Todo planeado por amor.

-¿Y qué más tenés planeado?
-Uno planea y después Dios… Pero bueno, tengo planeado seguir estudiando. Porque, me doy cuenta también, a medida que voy aprendiendo, los límites que tengo. Yo sé que estoy lejos todavía. Me falta estudiar mucho. Incluso me da vergüenza lo que, hace unos diez años, yo pensaba que sabía. La actuación es el arte de la incomodidad. Siempre estoy buscando. El actor que no tiene inquietudes, que no busca cosas, está en el horno. Yo pensaba que era un genio cuando me puse a estudiar teatro, porque era el simpático del barrio. Cuando me dijeron “esto es la carrera”, ahí me di cuenta lo que significaba. Y ahí empecé a aprender. Y en este tránsito me pasan cosas como hoy, que estoy en un teatro

-¿Te acordás cuál fue tu primera imitación?
-La primera imitación fue hacer de mí. De lo primero que actué en mi vida, fue de mí mismo. Yo en realidad estoy totalmente loco. Hago un esfuerzo grande para mantenerme en equilibrio. Soy un loco contenido.

-¿Qué sos capaz de hacer si dejás de contener tu locura?
-Por mi cabeza pasan un montón de cosas. No te voy a decir qué haría.

-¿Te da miedo una locura demasiado grande?
-No. Socialmente, durante toda la vida, mantuve las normalidades que mantiene la gente. Pero hago un esfuerzo, porque yo veo el mundo de otra manera. No importa cómo, es muy profundo. Algún día, si escribo un libro, y a alguien le interesa, contaré. Pero en realidad, actué de una persona normal toda la vida, y lo sigo haciendo. Decidí oficializar ese juego, para que sea más sano. Y lo hago en el escenario ahora. Le hago creer a la gente que viene Freddie Mercury o que está Olmedo. Después aparte les digo que es mi verdad. ¡Si no me iba a volver loco!

Martín BossiSeñor de las cuatro décadas

Y así fue, como conteniendo su locura, imitando, trabajando en tele (llegó a formar parte de Showmatch, interpretando entre otras figuras, a nuestra presidente), e incluso en cine (en la película “Viudas” con Graciela Borges y Valeria Bertuccelli), Martín Bossi fue creciendo, avanzando en su camino, rumbo a su gran sueño de ser actor. Hoy va por más. Quiere llegar a Hollywood. Mientras, eso sí, se hace a la idea de que comienza una nueva etapa de su vida…

 -¿Cómo sentís los 40?
-Y, me pegan raro. Me gustan, pero estoy en el entretiempo. Me preparo para la segunda mitad.

-¿Cómo lo hacés?
-Me estoy amigando con la idea de la muerte. Yo en un momento… me da vergüenza, pero pensé que no me iba a morir. Era una de esas locuras que yo pensaba. Yo creía que Dios se iba a olvidar de hacerme envejecer.

 -¿Te sentís más viejo?
-Me miro al espejo y me veo canas, arrugas, me duelen las rodillas. Y sí, es así, la muerte es posible, me puedo morir mañana. Por eso vivo cada escenario como si fuera el último.

-¿Hacés terapia?
-Mucha. Desde los 22. Voy cambiando de terapeuta, claro. Me ayudó mucho la terapia, y me ayudó también el camino espiritual que estoy haciendo hace un año. Estoy abocado un poco al tema de dar. Yo fui un tipo muy egoísta por este afán de ir para adelante. Ahora estoy dando mucho más al otro.

 -A qué se deben estos cambios?
-Me pegó. A mí el éxito me pegó por el lado de no estar en los lugares que estoy. Igual es entendible. Hago prueba de sonido, después un espectáculo, me voy a mi casa… o sea, realmente es muy difícil mantenerse en eje.

-¿Hay alguien que te mantenga en eje?
Dios. Mi gran amigo.

-Ahora que estás llegando a los 40, ¿cómo ves la paternidad?
-La veo como una linda posibilidad. Me gustaría más ser padre que tener una pareja.

 -¿Serías padre soltero?
-Absolutamente. Si no encuentro una mujer que me acompañe y que haga mi vida mucho más feliz de la que es, sí.

-¿Cómo te ves como papá?
-(Sonríe y levanta la mirada) Yo me veo un buen padre. Porque soy un chico. Voy a estar a su altura. Voy a ser un compañerito, que lo guíe y que lo eduque. Sin dejar de ser el padre, ¿no? No sé si puedo ser un buen marido o una buena pareja, ahí no lo sé, tendría que ver con quién, pero padre sí, seguro.

-Te reís de lo que pensabas hace 10 años, ¿cómo te ves en el 2024?
-Riéndome de las boludeces que digo ahora. Y a los 90, antes de morirme, voy a decir “Qué vida boluda tuve, pero qué divertida, jajajaja. El último que apague la luz”.

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